Terminado el verano, el balance climático para la producción de leche es altamente positivo. Contra todos los pronósticos que auguraban un año difícil por la sequía, las lluvias desterraron esa presunción agorera y conformaron un escenario de muy bueno a excelente para las reservas forrajeras, al menos en las cuencas lecheras de los departamentos San Justo, General San Martín y Río Segundo.
Allí, los productores califican los maíces y los sorgos destinados a silaje para el invierno como “bárbaros”, con niveles de producción de alfalfas y pasturas nunca vistos en muchos años.
Bajo esas condiciones, se espera contar con muy buena oferta de energía (con el maíz), excelentes fuentes de proteínas (con el aporte de la soja) y abundante fibra (por las alfalfas) para conformar las dietas de los rodeos lecheros durante el otoño y el invierno.
Incluso en aquellos establecimientos que manejan un modelo más intensivo, la disponibilidad de semilla de algodón para incluir en las raciones será de muy buena calidad.
A diferencia de lo que ocurría en años anteriores, cuando la disponibilidad de reservas generaba incertidumbre entre los establecimientos lecheros, en 2025 no será un problema. La alimentación estaría asegurada.
Que a los cultivos destinados a la producción de leche les fuera bien durante el verano no fue gratis para los tambos.
La alta humedad que gobernó la mayoría de los días durante marzo generó estrés entre las vacas, lo que impacto en la producción de leche y también en su fertilidad, con dificultades para la manifestación del celo y con microabortos en preñeces tempranas.
Con el arribo de temperaturas menos agobiantes, la recuperación de la condición corporal y la llegada de los partos, la producción de leche comenzará a crecer en los próximos meses.
En un contexto de mayor cantidad de materia prima disponible, en los tambos comienzan a hacer números. Con un valor por litro de leche que el Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (Siglea) fijó para el último mes de liquidación (febrero) en $ 447, la ecuación económica está en el límite de flotación.
Para colmo, en algunas cuencas, como la de Villa María, productores no están percibiendo movimiento de precios significativos en los últimos meses.
A pesar de que el Siglea muestra una actualización de unos cuatro pesos mensuales por litro, muchos establecimientos no reciben reajuste desde noviembre. Las dudas sobre una presunta manipulación del indicador sobrevuelan entre algunos productores.
Si bien medido en dólares oficiales el precio recibido por el productor, de 40 centavos, históricamente no es malo, hoy es considerado muy justo para la estructura de costos que tienen los establecimientos lecheros.
En el mercado se perciben una baja en la demanda y un estancamiento en la venta de productos lácteos, en especial los quesos, que son los que se llevan la mitad de la leche producida, lo que sugiere un consumo deprimido.
Por el lado de la exportación, las ventas de leche en polvo no resultarían suficientes para cubrir el precio actual pagado a los productores, por lo que la conformación del valor sigue dependiendo principalmente del mercado interno.
Para colmo, la situación financiera de algunas industrias lácteas también genera incertidumbre en el mercado y hace ruido entre los tamberos. El temor es que la falta de liquidez de las empresas termine impactando en el precio pagado por la materia prima.
Con costos crecientes (el gasto en combustible es uno de ellos), se percibe un ajuste en la rentabilidad de la lechería, que se vuelve más acotada en comparación con el negocio de la carne, el cual presenta un buen margen de rentabilidad.
En definitiva, y a pesar de la buena disponibilidad de forraje durante el año, la eficiencia en la gestión y la inversión tecnológica serán cruciales en un contexto de rentabilidades económicas ajustadas.
A corto plazo, la negociación entre los tamberos y la industria podría tensarse, con precios estancados que apenas cubren los altos costos de producción, una demanda interna débil, exportaciones que no terminan de consolidarse, las dudas que genera la situación financiera de algunas industrias y la probable sobreoferta de leche en los próximos meses.