La cadena de las carnes en la Argentina atraviesa una etapa de contrastes. Por un lado, la carne vacuna vive uno de los ciclos de precios más firmes de las últimas décadas, impulsada por la escasez de hacienda y una demanda externa sostenida.
Por otro, la producción porcina muestra eficiencia productiva récord, pero con márgenes cada vez más ajustados, en un escenario donde los costos crecieron mucho más rápido que los precios.
Ambos sectores comparten desafíos comunes —costos, consumo interno, competitividad externa—, pero los enfrentan desde realidades productivas y comerciales diferentes. En ese equilibrio delicado se juega buena parte del futuro de la proteína animal en el país.
Precios altos, una oferta que no alcanza
En el caso de la carne vacuna, el 2025 cerró con valores históricamente elevados en todas las categorías. La combinación de un stock bovino reducido, menor oferta de animales terminados y un frente exportador firme presionó los precios tanto en la hacienda como en el mostrador.
La recomposición del stock aparece como una tarea de largo aliento. La retención de vientres y la menor faena de hembras sostienen la expectativa de precios firmes hacia 2026, aunque con un límite claro: el consumo interno. El interrogante central es hasta qué punto el consumidor argentino podrá seguir convalidando subas en un contexto de ingresos ajustados.
Frigoríficos, con un escenario complejo
Según los especialistas en la cadena de ganados y carne vacuna Federico Santángelo y Fernando Gil, socios de la consultora Agroideas, el sector se encuentra en un escenario de “mercado ardiente”, donde la suba de precios de la hacienda ha llegado a triplicar a la inflación, impulsada por una escasez que preocupó en buena parte del año a la industria frigorífica.
El 2025 se consolidó como un año de recomposición sostenida en los precios ganaderos. En octubre, por ejemplo, los precios de la hacienda mostraron una suba promedio del 8,0% respecto a septiembre, situándose un 30% por encima del promedio de los últimos 15 años en términos de pesos constantes.
La actualización de la hacienda en los corrales no tardó en llegar al mostrador. Según un informe de Agroideas, el alza en los precios minoristas marcó un quiebre respecto a la estabilidad que se venía observando desde mayo de 2025. En octubre, por ejemplo, los cortes vacunos registraron una suba del 3,3% intermensual.
Desde la industria frigorífica se anticipa un escenario de restricciones para 2026.
“Comenzará una retención de vientres y la oferta ganadera será escasa, con precios muy sostenidos. Esto aumentará la competencia entre las plantas frigoríficas existentes, pero también incrementará la informalidad, y en eso necesitamos el acompañamiento y el control de parte de los diferentes ámbitos del Estado en tiempo real para evitar perjuicios que podrían ser irreparables”, advirtió Daniel Urcia, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra), la entidad empresarial que agrupa a los establecimientos de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
El cerdo, eficiente pero con rentabilidad en tensión
En paralelo, la producción porcina atraviesa una etapa de redefinición de márgenes. José Arrieta, presidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba (Cappcor), trazó un balance claro: la eficiencia productiva alcanzó niveles históricos, pero la rentabilidad se comprimió de manera significativa.
“El cierre de 2025 mostró una rentabilidad casi nula para el productor”, advierte Arrieta. Durante el último año, los costos de producción aumentaron entre un 35% y un 40%, mientras que el precio del cerdo en pie apenas subió un 18%.

El principal factor detrás de ese descalce fue el fuerte encarecimiento de los insumos. El maíz subió cerca del 50% y la soja, alrededor del 70%. “Arrancamos el año con un costo de $ 1.300 y terminamos con costos cercanos a los $ 1.900 o $ 2 mil por kilo producido, mientras que el precio de venta solo se movió unos $ 200”, detalla el dirigente.
Uno de los datos que más llaman la atención dentro de la cadena porcina es el desacople con la carne vacuna. Históricamente, el precio del cerdo acompañaba las subas del novillo, funcionando como una proteína alternativa. Sin embargo, en el último semestre esa relación se quebró.
A pesar de los fuertes aumentos en el mostrador vacuno, el cerdo no logró copiar esa curva. Hoy, la relación entre el novillo y el capón se ubica entre las más bajas de los últimos años, un factor que explica parte de la presión sobre los márgenes porcinos.
Las inversiones que no se detienen
Aun con un escenario desafiante, el sector porcino no frenó su expansión. Las granjas más eficientes del país, muchas de ellas concentradas en Córdoba, ya alcanzan indicadores de hasta 4 mil kilos de carne por cerda madre al año, con conversiones alimenticias cercanas a 2,6 kilos de alimento por kilo producido.

La mejora genética, nutricional y sanitaria sigue avanzando, y el foco de corto plazo está puesto en la “sintonía fina” de los costos. “Pequeños ajustes pueden marcar la diferencia”, explica Arrieta. Desde cambios en tasas municipales hasta decisiones rápidas en nutrición —como reemplazar trigo por maíz o mejorar la molienda de granos—, el objetivo es reducir al menos cinco puntos porcentuales del costo total.
Para 2026, se espera un crecimiento de la oferta de animales de entre 5% y 10%, impulsado principalmente por la ampliación de granjas existentes y sistemas asociativos más que por la aparición de nuevos jugadores.
Exportar para no saturar el mercado interno
Ese aumento de producción plantea un desafío clave: evitar que la mayor oferta deprima los precios internos. Por eso, desde Cappcor y la Federación Porcina Argentina, coinciden en que 2026 debe ser el año del despegue exportador.
Una de las grandes expectativas está puesta en la firma de protocolos con China para exportar subproductos porcinos —patitas, orejas, cabezas—, que tienen escaso valor en el mercado interno, pero una alta demanda en Asia. “Integrar mejor el animal permitiría aliviar la presión sobre los cortes de consumo local”, señalan desde el sector.
Consumo interno: el cerdo busca ganar terreno
Mientras mira al mundo, el cerdo no descuida el mercado doméstico. El consumo per capita ronda hoy los 20 kilos por habitante al año, un salto significativo respecto de décadas anteriores.
Con campañas como “Hoy Cerdo”, la cadena busca promover el consumo de cortes frescos como jamón y paleta, con un objetivo ambicioso: alcanzar entre 26 y 27 kilos por habitante en 2032. Parte de ese crecimiento podría venir de un reemplazo parcial de la carne vacuna, cuyos precios altos y perfil exportador limitan su acceso en algunos segmentos.
Importaciones y un reclamo clave
Otro punto de tensión es el ingreso de carne porcina desde Brasil, que en algunos meses alcanzó las 6 mil toneladas. Más allá del volumen, el problema es la composición del producto importado.
En Brasil se utiliza ractopamina, un promotor de crecimiento que en Argentina está legalmente autorizado, pero que la industria local decidió no usar por su impacto negativo en las exportaciones. Por ese motivo, toda la cadena porcina solicitó al Gobierno la derogación de la resolución 1458/2011, que habilita su uso.
El reclamo apunta a evitar competencia desleal y a consolidar a la Argentina como un proveedor confiable en los mercados internacionales más exigentes.






























