Las últimas estimaciones sostienen que la producción de maíz en Córdoba caerá un 12% con respecto a la campaña 2023-24. Buena parte de esta merma se debe a la incertidumbre que tenían los productores tras una campaña en la que la chicharrita hizo estragos en los cultivos.
Pese a que los expertos admitieron que este año había “miedo” a la plaga, los resultados de los ensayos que se realizaron días atrás en las inmediaciones de Cañada de Luque indicaron que la presencia de Dalbulus maidis, el vector del achaparramiento, fue bastante escasa.

Los rendimientos en general fueron óptimos, cerca de 100 quintales, pese al estrés térmico que sufrieron por las altas temperaturas durante enero y febrero.
Los datos se conocieron tras los ensayos de la Red de Evaluación de Híbridos de Maíz del Inta Manfredi, en la estación ubicada más al norte de Córdoba, donde se presentaron híbridos de maíz adaptados a la zona, sembrados el 6 de diciembre pasado en 36 parcelas (18 híbridos en dos repeticiones).

Según las primeras conclusiones, el desempeño de los cultivos fue satisfactorio. “Se los observa sanitariamente muy bien, han podido completar su ciclo, han escapado relativamente bien de los períodos de sequía que hemos tenido durante enero y febrero, y actualmente están terminando su período de llenado de grano con buenas precipitaciones”, indicó jefe de la Agencia de Extensión de Inta Jesús María, el ingeniero agrónomo Raúl Candela.
“El 6 de diciembre realizamos la siembra de todos los materiales con un miedo importante a la chicharrita, por lo que pasó el año anterior. Los maíces evidencian una performance muy buena. Los materiales un poco más largos son los que vieron un poco resentida la polinización por el estrés térmico de baja humedad ambiente y de alta temperatura y ausencia de lluvias que se vivió en la segunda quincena de febrero, justo en el período crítico. Y los materiales más cortos obviamente zafaron a esa embestida climática. Pero, en general, están muy buenos los materiales. Calculo que tienen que rendir alrededor de 100 quintales”, consignó el jefe de sucursales de Cooperativa de Máximo Paz, Daniel Chincuini.

La ola de calor de enero y también la que se dio en febrero fueron determinantes en algunos lotes por el momento en que se dio.
“Hemos tenido un otoño o fines de verano y principios de otoño llovedor, pero el período vegetativo de los cultivos transcurrió en condiciones de alternancia de sequía y alta temperatura con algunas lluvias”, indicó Candela.
“El clima nos jugó una mala pasada en la segunda quincena de enero, en lo que fue el desarrollo del cultivo; y después, en la segunda quincena de febrero, con muchos días de altas temperaturas y con muy baja humedad ambiente, llegando al 20% prácticamente”, agregó Chincuini, quien destacó la buena performance genética de los maíces.

“Después de esto también se sumó que, en el período crítico, con alta demanda de humedad, justamente no teníamos precipitaciones. Yo creo que este año en particular se comportó con muy buena pluviometría al final, durante marzo, por lo cual el llenado es espectacular, y obviamente que está dejando un remanente de humedad que se va a aprovechar con algún cultivo de invierno”, acotó.
Con respecto a los rendimientos, los expertos sostuvieron que los maíces sembrados en octubre pueden rondar los 5 mil a 6 mil kilos, mientras que los de siembra tardía podrían llegar a 7 mil y hasta 8 mil kilos.

“Comparando los maíces sembrados temprano con los tardíos en el departamento Colón y Totoral, se puede observar que los de primera tuvieron alguna incidencia mayor de las sequías de enero y febrero, que duraron entre 15 y 20 días cada una, con escasas precipitaciones y altas temperaturas. En tanto, los maíces tardíos pudieron sobrellevar estas contingencias climáticas mejor y están en buenas condiciones”, señaló Candela, quien destacó que estos últimos atravesaron sus períodos críticos al margen de condiciones extremas de temperatura y humedad.
A diferencia del año anterior, esta campaña la chicharrita no fue algo para preocuparse en la zona centro norte de Córdoba. “Se detectó muy poca cantidad, muy poca presencia, aunque su población fue aumentando hacia fines de febrero y principios de marzo, pero en escasos muestreos”, indicó el experto del Inta Jesús María.

“No solamente estuvimos colaborando con la Red Nacional de Monitoreo, sino que también siguiendo de cerca cada uno de los lotes donde aparecía algún signo. Inclusive hicimos distintos talleres de monitoreo de la mano de Diego Cordés de Inta Jesús María, con cuatro talleres a campo que se hicieron con distintos profesionales. Y en algunos de esos talleres, justamente en Jesús María se encontró, y también en la zona de Caña de Luque. Pero lo que a uno le preocupa es la población, y después si esas chicharritas estaban o no contaminadas o transmitiendo el virus, que es el otro gran problema para el desarrollo de la enfermedad”, sumó Chincuini.
Con relación a los híbridos que se probaron, el técnico sostuvo que se vieron nuevas tecnologías. “Se les agregan tecnologías Clearfield o algún tipo de tecnología o evento para poder aplicar algunos herbicidas y mantener desde antes de la siembra y durante la emergencia del cultivo el lote limpio sin malezas. En cuanto a los eventos para el control de lepidópteros, si bien no hemos tenido un gran ataque de cogolleros en la zona, sí ha habido algo de isoca de la espiga, pero en general estos eventos han perdido un poco su capacidad para contener estas plagas, lo que llamamos ‘quiebre de la resistencia’”, agregó el experto.
Representantes de distintas empresas que desarrollan semillas se hicieron presente en Cañada de Luque. Chincuini destacó no solo la ganancia genética, sino también la resistencia a herbicidas. “Lo que uno más aprecia es el desarrollo de los distintos eventos, los eventos con doble apilamiento de insectos o también con algunos materiales que suman tolerancia a distintos tipos de herbicidas, como Clearfield, que es una buena alternativa para un posmaní, que empezó a desarrollarse en la zona. También vimos respuestas genéticas e invenciones que se vienen trayendo en el campo, que hoy por hoy uno ya lo ve como habitual, sinceramente tenemos muchas herramientas hoy, están en vidriera y funcionan”, añadió.
Por último, Chincuini destacó la importancia de este tipo de jornadas a campo por la oportunidad que les brindan a los productores para contar con información y anticiparse en la toma de decisiones.
“Los ensayos nos permiten ir tomando in situ informes que a los productores les sirven para tomar decisiones cuando dudan en controlar los cultivos. Con los informes periódicos que viene desarrollando el Inta Jesús María, se puede visibilizar lo que va pasando en la región antes de que se convierta en un problema y, obviamente, nos sirve a todos los técnicos como apoyo didáctico para tomar decisiones. Esto no solamente tiene el impacto de ver qué material se comporta mejor, sino que sirve como información en la toma de decisiones diaria”, cerró.