No es la primera vez que el exsecretario de Agregado de Valor y productor agropecuario Néstor Roulet expone la realidad de los números de los productores en un contexto adverso para la actividad.
Pero esta vez, Roulet hizo un poco de historia para poder concluir que con un aumento del precio FOB de exportación de la soja de un 86% desde 2002 hasta hoy, en la campaña 2024/25 la rentabilidad de un productor que alquila pasó de un margen positivo del 37% a uno negativo.
El ejemplo de Roulet se basa en un tomó como ejemplo un campo alquilado ubicado a 300 kilómetros de los puertos de Rosario, con un rinde de 35 quintales por hectárea.

Para 2002, cuando el precio FOB por tonelada de la soja era U$S 198 tn, el ingreso bruto era de U$S 693 por hectárea y el margen positivo por hectárea llegaba a U$S 143,46.
Esta ecuación daba una rentabilidad del 37%.
En la campaña 2024/25, por su parte, con un precio internacional de la soja de U$S 368, el ingreso bruto subió a U$S 1.288 por hectárea.
No obstante ello, el margen bruto quedó en –U$S 6,35 por hectárea.
En su informe, Roulet concluye. “La pregunta a hacernos es: ¿cómo con un 86% de aumento del valor FOB de la soja desde que se implementaron las retenciones, el productor puede perder dinero en la campaña 2024/25?. Las repuesta es simple: pérdida de competitividad por el aumento de la presión impositiva y de los costos productivos”.
Luego agrega que mientras el ingreso bruto del productor aumentó en dólares un 86 %:
- Las retenciones por hectárea aumentaron un 106 %
- Los costos directos (Insumos, labores y seguros) aumentaron un 176 %
- Los costos Indirectos (Cosecha, flete y comercialización), aumentaron un 139 %
- Los alquileres aumentaron un 180 %
“Lo increíble es que la última baja de las retenciones por parte del Gobierno Nacional, fue de manera temporal, hasta el 30 de junio de 2025, observando estos números ¿Se animará a subir nuevamente las retenciones a la soja?“, cierra.
Contexto
Oara contextualizar su análisis, Roulet recordó que la devaluación de 2002, pese a los bajos precios de los granos a nivel internacional, convirtió al sector en uno de los más competitivos.
“Esta competitividad se vio parcialmente dañada al imponerse nuevamente las retenciones a los granos, por parte del entonces presidente Eduardo Duhalde, previa promesa de eliminarlas en pocos meses, cosa que no sucedió hasta la actualidad”.
Mediante el decreto 310/02 de febrero del 2002 se fijó en un principio un derecho de exportación para la soja del 13,5 %, que a partir de abril se lo subió al 23,5 %.
“Desde ese momento la presión impositiva al sector se fue incrementado en forma constante, llegando al 33 % en marzo del 2020, bajando al 26 % en forma temporal en la actualidad”.
La competitividad de la soja fue decayendo desde el 2002 hasta la actualidad por el aumento de la presión impositiva y de los costos productivos (el famoso “costo argentino”).
En un país cada vez más cerrado, con intervenciones en los mercados, con proveedores de insumos concentrados, industrias de maquinarias protegidas, con infraestructuras productivas destruidas (rutas, caminos rurales, acceso a puertos, etc), hicieron que tanto los costos directos, como los indirectos aumentaran en forma desproporcional.