La tranquilidad de una escuela pública en el corazón de Ingeniero Maschwitz, en la provincia de Buenos Aires, se quebró esta semana cuando un grupo de WhatsApp, creado por estudiantes de entre 13 y 15 años, reveló un plan macabro: un tiroteo masivo contra compañeros y docentes.
Los mensajes, cargados de violencia explícita, detonaron una crisis que llevó a allanamientos, protestas callejeras y un debate urgente sobre la seguridad en las aulas.
El grupo de WhatsApp que aterró a una comunidad
Todo comenzó cuando padres y alumnos accedieron a conversaciones en las que los adolescentes discutían cómo llevar adelante el ataque.
Los mensajes compartidos incluían frases como: “Después de que matemos a los demás, hacemos un recorrido por la escuela para ver si quedó alguien con vida”. En otro tramo, uno de los jóvenes detallaba: “La Uzi calibre 22 es corta y entra en la mochila. Hay que disparar en forma de ráfaga”.
Uno de los implicados, identificado como el líder del grupo, aseguró tener acceso a armas de fuego: “Ya tengo las armas porque mi padrastro las tiene. Tenemos que ir al colegio, en este caso, al mío”, escribió.
Ante la gravedad de las amenazas, la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil de Zárate-Campana, a cargo de Fernando Martín Reinas, ordenó allanamientos en cuatro domicilios del barrio. Aunque no se encontraron armas, se secuestraron teléfonos celulares y computadoras para profundizar la investigación.
“Queremos estudiar tranquilos”: la protesta que resonó en la plaza
Este viernes, decenas de estudiantes abandonaron las aulas y se congregaron frente al colegio, en la plaza ubicada a una cuadra del edificio. Con carteles hechos a mano que decían “Queremos estudiar tranqui” y “No más violencia”, los jóvenes expresaron su miedo e indignación. La manifestación rápidamente sumó a padres, docentes y vecinos, que coreaban consignas y filmaban con sus celulares.
“Estamos pidiendo la seguridad y la posibilidad de seguir estudiando en el futuro sin tener en duda si vamos a estar bien o si nos va a pasar algo dentro del colegio. Entonces, acá con nuestras compañeras, estamos tratando de manifestarnos, cuando hay más gente, padres, para pedir eso: que se haga algo en el colegio”, dijo una alumna de cuarto año, que tomo la palabra con la voz entrecortada.
Las autoridades escolares informaron que los cuatro implicados fueron separados del establecimiento: tendrán clases virtuales durante cuatro meses y una orden de restricción que les impide acercarse a menos de 100 metros de la escuela. Además, se dispuso un operativo policial reforzado en los turnos mañana y tarde.
Lo más alarmante, según relataron padres y alumnos, es que esta no era la primera señal de violencia extrema en la institución. Janette, una de las madres afectadas, contó que su hija le mostró los chats “llorando y temblando”. “Cuando empezamos a leer, nos dimos cuenta de que esto era mucho más grave que una pelea entre adolescentes”, dijo.
Criticó duramente la respuesta inicial de la dirección del colegio: “En la reunión, la directora minimizó todo. Dijo que los chicos ven mucho Netflix, como si fuera cosa de la imaginación. Pero hay un patrón: hace unas semanas, una alumna apuñaló a un compañero con un cuchillo dentro de la escuela, y solo la cambiaron de turno”.
Lucila, otra madre, intentó hacer una denuncia formal en la Comisaría 2ª de Escobar, pero aseguró que no fue tomada en serio. Por su parte Gabriela, indicó que su hija recibió nuevas amenazas incluso después de la denuncia.
La Justicia frente a un vacío legal
Los cuatro menores implicados, al ser inimputables por la ley penal argentina debido a su edad, quedaron bajo seguimiento de la Justicia juvenil. El fiscal Reinas adelantó que se evaluarán medidas socioeducativas, aunque el caso reavivó el debate sobre la necesidad de reformar la legislación para delitos graves cometidos por adolescentes.
Mientras tanto, la escuela anunció talleres sobre convivencia y violencia, pero los alumnos insistieron en que las soluciones deben ser más profundas. “Nos hablaron de charlas, pero necesitamos acciones reales. No queremos volver a clases con miedo”, dijo una de las manifestantes.
“Hoy no pasó, pero mañana podría”, fue la frase de Lucila, una de las madres más activas en el reclamo.