Imaginate poder percibir matices y tonalidades de color que son completamente invisibles para la mayoría de las personas. No es ciencia ficción, es la realidad de un reducido grupo de mujeres en el mundo que poseen una condición genética conocida como tetracromatismo.
A menudo comparada con la “vista de águila”, esta habilidad representa una ventana fascinante a las variaciones de la percepción humana y los límites de nuestros sentidos.
Qué es exactamente el tetracromatismo
La visión humana estándar se denomina tricromática. Esto significa que nuestros ojos, específicamente la retina, contienen tres tipos de células fotorreceptoras sensibles al color, llamadas conos. Cada tipo de cono está especializado en detectar diferentes longitudes de onda de luz, que nuestro cerebro interpreta como los colores rojo, verde y azul. La combinación de la información de estos tres conos nos permite percibir el espectro visible, estimado en alrededor de un millón de colores distintos.
Sin embargo, las mujeres tetracrómatas rompen este esquema. Poseen un cuarto tipo de cono funcional en sus retinas. Este cono adicional, heredado genéticamente (ligado al cromosoma X, por eso es casi exclusivo de mujeres), es sensible a longitudes de onda que se encuentran entre las que detectan los conos rojo y verde estándar.
La ciencia detrás de la vista de águila
La presencia de este cuarto cono no garantiza automáticamente una “supervisión”, pero tiene el potencial de ampliar drásticamente la gama de colores que una persona puede diferenciar. Mientras un tricrómata ve un millón de colores, se teoriza que una tetracrómata funcional podría distinguir hasta 100 millones de tonalidades.
Este “superpoder” no significa ver colores completamente nuevos fuera del espectro visible (como el ultravioleta), sino percibir diferencias increíblemente sutiles entre colores que para la mayoría lucen idénticos. Por caso, en una gama de naranjas, una tetracrómata podría distinguir 10 variantes distintas mientras que un tricrómata solo vería una o dos.
La comparación con las aves, y en particular con las águilas, no es casual. Las aves son los vertebrados con la percepción del color más avanzada. Muchas especies no sólo tienen cuatro, sino a veces hasta cinco tipos de conos.
Además, sus conos contienen gotitas de aceite coloreado que actúan como filtros, afinando aún más su sensibilidad a distintas longitudes de onda. Esto les permite ver un espectro de colores mucho más rico que el nuestro, incluyendo en algunos casos la luz ultravioleta, invisible para el ojo humano. Si bien el tetracromatismo humano no llega a ese extremo, recuerda que su percepción del mundo es sólo una de las muchas posibles.
Identificar y estudiar a las mujeres tetracrómatas es un desafío. La experiencia del color es subjetiva, y probar esta habilidad requiere tests de discriminación de color muy específicos y sensibles. La investigación en este campo, aunque activa, sigue desentrañando cómo exactamente este cuarto cono se traduce en una experiencia visual diferente.