El consumo masivo cerró un 2025 casi para el olvido: aun con la inflación relativamente controlada, la caída del poder adquisitivo impactó de manera directa en la demanda del mercado interno, sobre todo en el segundo semestre, con una sucesión de bajas en las ventas en casi todos los sectores.
Para 2026, el panorama apenas si mejorará, según las expectativas que tienen distintos sectores comerciales consultados por La Voz.
De acuerdo con un informe presentado días atrás por la Cámara de Comercio de Córdoba (CCC), la actividad del sector mercantil se enfrenta a un escenario de gran incertidumbre para este nuevo año, marcado por una coyuntura especialmente crítica, que la entidad denomina la “triple amenaza”.
Dicho estudio identifica tres factores fundamentales que ponen en riesgo la supervivencia de muchos negocios minoristas: la caída del consumo, el aumento de los costos y la incertidumbre macroeconómica.
Los comerciantes cordobeses identifican a la alta carga impositiva y a la persistente baja en las ventas como los principales desafíos de cara a 2026, aunque también mencionan como factores negativos la creciente competencia de las plataformas digitales y el incremento del comercio informal.
De esa forma, el pronóstico de actividad sugiere un escenario de estancamiento, al menos para la primera mitad del año. Si bien 38% de los comerciantes confían en que las ventas mejoren, un 37% considera que se mantendrán iguales y un 14% espera que caigan aún más.
Sebastián Parra, presidente de la Cámara, advierte una recuperación lenta para el comercio, lo que obligará a las empresas a mantenerse “en alerta”. “El gran desafío es el enfoque en propuestas para atraer al cliente mediante promociones y ofertas”, asegura.
Parra también señala que la salida del actual estado de estancamiento llegará de la mano de la financiación, pero plantea que las tasas de interés deben bajar más, con mejores planes con tarjetas, créditos personales y líneas a largo plazo, que actualmente no están disponibles.
Necesidad de crédito
Desde el rubro de electrodomésticos, Julio Isuani, presidente de la Cámara de Electrodomésticos de Córdoba, confiesa que las expectativas para 2026 “no son buenas” y proyecta un año “muy tranquilo”.
“El crecimiento de este sector es altamente dependiente del crédito. La morosidad ha crecido y esto llevó a las tarjetas a achicar los límites de disponibilidad de crédito, lo que constituye una barrera para el sector”, indica.

Destaca que un aspecto positivo es la baja de precios, que facilita que la gente acceda a los productos. “No obstante ello, los costos estructurales y operativos complican a los comercios, y obligan a vender dos lavarropas y medio para alcanzar la misma rentabilidad que antes se lograba vendiendo uno”, ejemplifica.
Isuani también subraya la alta carga impositiva que deja fuera de competencia a muchos negocios frente al ingreso de mercadería desde el exterior y al crecimiento de las plataformas internacionales.
Fausto Brandolín, presidente de la Federación Comercial de Córdoba (Fedecom), también anticipa que 2026 será un año “complicado”, en el que se acentuarán los grandes cambios en la forma de consumir, lo que obligará a muchas empresas que no participan del comercio electrónico a sumarse a ese canal.
“El avance tecnológico ha creado un consumidor tremendamente informado, que está a un clic de distancia de conocer precios, calidad y marcas. Este cliente concurre al negocio físico solo si no compra directamente en el canal digital.
Esto obliga a los comerciantes a replantear sus negocios, compitiendo incluso con fabricantes y distribuidores”, expresa.
En ese sentido, Brandolín advierte una sobreoferta en casi todos los productos y cree que habrá una “depuración” del sector comercial, ya que al existir mucha oferta y una demanda reprimida, “posiblemente no haya lugar para todos”.
“El contexto inflacionario a la baja también modificó el comportamiento del consumidor, que ya no sale corriendo a comprar apenas cobra, sino que es más medido y busca la oferta más conveniente”, dice.
Parra, quien también es referente del sector de concesionarias, indica que los planes de financiación vienen traccionando el mercado de venta de autos cero kilómetro, que cerró 2025 en torno de las 600 mil unidades.
“La expectativa para 2026 es de mantener o crecer moderadamente con base en esos números”, sostiene.
Ingresos y alimentos
Desde los comercios minoristas dedicados a la venta de alimentos y bebidas, las miradas para este nuevo año son dispares.
Germán Romero, director ejecutivo del Centro de Almaceneros de Córdoba, considera que el primer semestre de 2026 será muy similar a como terminó 2025, y proyecta una inflación cercana al 2% mensual durante el primer trimestre, debido a la suba de servicios, tarifas y la canasta escolar.
Romero es enfático al señalar que “no habrá una recuperación del consumo mientras no se produzca una recuperación del ingreso real de las familias”, lo que implicaría un crecimiento en salarios, jubilaciones y programas sociales.
“Si el crecimiento de los ingresos de los hogares se mantiene por debajo de la inflación, continuará la pérdida del poder adquisitivo; y ello, en consecuencia, supondrá una caída mayor en el consumo. Para que el consumo despegue, el crecimiento de los salarios debería igualar o superar la inflación mensual”, entiende.
El referente de los almaceneros confió en que un eventual repunte podría darse recién hacia el segundo semestre, si la macroeconomía genera un “derrame” hacia la micro, aunque por ahora se muestra escéptico y proyecta un inicio de año con un consumo estancado y restringido.
Distinta es la mirada desde el supermercadismo, con una visión más optimista de cara al nuevo año.
Víctor Palpacelli, directivo de la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Córdoba (Casac), tiene expectativas positivas apoyadas en el control de la inflación en el último tramo de 2025. “Es fundamental evitar nuevas trepadas inflacionarias que afecten el poder adquisitivo del consumidor”, afirma.
Palpacelli cree que habrá una recuperación del consumo, aunque lenta, impulsada por herramientas financieras y créditos más flexibles de los que están disponibles hoy. “Esto no solo ayudará al consumidor, sino que también permitirá a los comercios planear mayores inversiones de capital y en sucursales, lo que mejoraría las propuestas comerciales”, confía.
Desde su perspectiva, es fundamental seguir trabajando en bajar la presión fiscal: “Si se logra reducir impuestos nacionales, provinciales y municipales que impactan en el comercio, esto se reflejará en una baja de precios y, por ende, ayudará al poder adquisitivo del consumidor”.


























