Esta fruta dejó de ser solamente un alimento apreciado por su sabor dulce y su pulpa cremosa. En los últimos años, distintos estudios científicos y trabajos académicos reforzaron su perfil como alimento funcional, con beneficios que van desde la salud cardiovascular hasta el estado de ánimo y abrieron la puerta a nuevos desarrollos en la industria alimentaria.
Originaria de las regiones andinas de Sudamérica y conocida científicamente como Annona cherimola Mill., la chirimoya es una fruta típica del invierno. Según la Fundación Española de la Nutrición (FEN), se caracteriza por su alto contenido en hidratos de carbono, potasio y vitamina C, además de aportar vitaminas del grupo B, fibra, magnesio, calcio, fósforo y compuestos antioxidantes.
Beneficios nutricionales y para la salud

Especialistas en nutrición señalan que la chirimoya aporta energía de forma natural, lo que la convierte en una opción útil para situaciones de cansancio físico o mental. Además, su contenido en potasio contribuye a regular la presión arterial y a cuidar la salud cardiovascular.
“La chirimoya es una fruta muy nutritiva, rica en carbohidratos saludables, vitaminas y minerales esenciales que favorecen el bienestar general”, explicó la dietista nutricionista Lara Garcelán, de HM Hospitales.
Entre sus compuestos bioactivos se destacan flavonoides, carotenoides, vitamina C y ácido kaurenoico, asociados a efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Estos nutrientes ayudan a combatir el estrés oxidativo, uno de los factores vinculados a procesos inflamatorios crónicos.
Otro aspecto relevante es su aporte de vitamina B6, clave en la síntesis de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. De acuerdo con estudios citados por especialistas, niveles adecuados de esta vitamina están relacionados con un mejor estado de ánimo y un menor riesgo de trastornos depresivos.
Calorías y consumo recomendado
Aunque no es una fruta baja en calorías, la chirimoya presenta un aporte moderado. Según datos de la FEN, contiene alrededor de 90 calorías cada 100 gramos. Una pieza suele pesar entre 200 y 450 gramos, lo que permite integrarla en una dieta equilibrada con moderación.
Su alto contenido en fibra también favorece la digestión y contribuye al equilibrio de la microbiota intestinal.
Nuevos avances científicos: bebidas fermentadas
Más allá del consumo fresco, la chirimoya despertó interés en el ámbito científico por su potencial tecnológico. Investigadoras de la Universidad Nacional de Tucumán evaluaron el uso de jugo de chirimoya como matriz para la fermentación con bacterias lácticas autóctonas, con el objetivo de desarrollar nuevas bebidas fermentadas funcionales.
Los resultados mostraron que el jugo de chirimoya permite el crecimiento y la viabilidad de distintas cepas de bacterias lácticas, mantiene una alta actividad antioxidante y presenta estabilidad durante el almacenamiento en frío. Estos desarrollos apuntan a ampliar su consumo a través de productos aptos para dietas veganas, vegetarianas o sin lactosa.
Potencial bioactivo en plantas jóvenes
Otro estudio reciente analizó la inducción de metabolitos secundarios en plántulas de chirimoya mediante elicitores naturales como el quitosano y el ácido salicílico. Los investigadores observaron un aumento significativo en compuestos fenólicos, flavonoides y capacidad antioxidante, lo que refuerza el interés por esta especie desde el punto de vista agrícola y nutricional.
Su valor nutricional, sumado a nuevas aplicaciones en alimentos funcionales, la posiciona como un producto con proyección tanto en la salud como en la innovación alimentaria.
Una fruta exótica de extremo dulzor
De cáscara verde y escamosa, con pulpa blanca cremosa y dulce como el azúcar, este producto tiene un sabor que podría asociarse a una mezcla de banana, ananá y pera.
De origen andino, específicamente de Ecuador y Perú, es fruto de un árbol perteneciente a la familia de las anonáceas cuyo fruto comestible es la chirimoya, nombre del idioma quechua que etimológicamente viene de “chiri” (frío) y “muya” (semillas), ya que en su interior contiene pepitas negras.
La chirimoya llega de la zona norte de Argentina, precisamente de las provincias Salta (73,04%) y Jujuy (4,10%), y de países como Chile (19,46%) y Brasil (3,40%).
Este producto tiene dos momentos de mayor volumen de oferta a la hora de su comercialización; el primero es durante algunos días de junio y luego vuelve en el periodo de agosto a principios de octubre.


























