Una comitiva de Gendamería,acompañada por expertos de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) allanaron este lunes la sede de la empresa de capital mayoritario estatal Dioxitek, en el barrio de Alta Córdoba, en la ciudad de Córdoba.
Lo hicieron por orden del Juzgado federal 2, que está a cargo de Alejandro Sánchez Freytes, quien tomó la medida a partir de una investigación iniciada tras las denuncias que publicó La Voz sobre deficiencias de seguridad y al menos dos eventos que generaron diseminación de materiales que contienen uranio y no fueron reportados a la población.
La medida fue tomada por Sánchez Freytes y no por su par Miguel Hugo Vaca Narvaja, quien entiende desde 2016 en una causa iniciada por la propia Dioxitek para lograr que se le permita seguir operando en Córdoba a pesar de estar fuera de ordenanza desde 1985.
En el Juzgado de Vaca Narvaja se suspendió una audiencia el pasado jueves en la que, en principio, se iba a negociar un pedido de prórroga por otros ocho años de la empresa.
Las noticias que informaron que Dioxitek no pasó la última inspección de Bomberos por falencias en distintas medidas de prevención contra incendios y que no cuenta con un plan aprobado en la Secretaría de Ambiente de la Provincia para el manejo de los residuos peligrosos, postergó, al menos hasta marzo, la continuidad de esas conversaciones con la Municipalidad de Córdoba.
La empresa publicó un rápido comunicado en el que asegura que en el allanamiento se confirmó que opera con total seguridad y no hubo eventos ni incidentes, como los denunciados por empleados y exempleados a La Voz.
Dice Dioxitek: “Se verificaron los registros sobre los eventos y desvíos a la normal operación de la planta, y no se identificó accidente alguno. Es decir, no se identificó ni la contaminación ni la radiación ni los supuestos accidentes que las noticias falsamente mencionan”.
Llama la atención esta afirmación cuando la semana pasada el propio secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, en otro comunicado vía X, negó accidentes radiológicos pero confirmó la veracidad de las fotos que aportaron los empleados junto con su denuncia, interpretando que “la foto que se muestra es de un evento en la etapa inicial del proceso de conversión, el cual se encuentra dentro de los desvíos anticipados y esperables durante la operación de la planta. Ese proceso ocurre dentro de áreas controladas y aisladas, bajo protocolos técnicos específicos y supervisión de seguridad radiológica e industrial tanto para la operación normal como para los eventos anormales anticipados. En el caso de la foto, se observa polvo de tricarbonato de uranilo y amonio (AUC), el cual rutinariamente es aspirado para luego descontaminar la zona”.
En verdad, el polvo de carbonato de uranilo y amonio (AUC) sí es un material definido como radionucleido de período largo (emisor alfa) y que figura en los protocolos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) como parte de los elementos del ciclo del combustible que exigen la necesidad de medidas para evitar la “exposición a las radiaciones” y proveer “protección radiológica” en instalaciones y recipientes, según se consigna en la Guía de Seguridad de la entidad internacional.

En el comunicado se afirma, además: “Durante el transcurso del procedimiento se llevaron a cabo distintas mediciones en diversos sitios de la planta de producción de Dióxido de Uranio sin arrojar resultados mayores a los esperados y regulados por la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN)“.
“Celebramos que la Justicia haya podido constatar a través de estudios in situ que la planta opera de manera segura y que se encuentra en pleno desarrollo un plan de inversiones a 5 años, cuya ejecución es auditada por Nucleoeléctrica Argentina”, dice Dioxitek.
Esta información no pudo ser contrastada con fuentes judiciales ni de la UNC, por lo que sólo se consigna -de momento- lo que dice la propia Dioxitek.
Sólo vale consignar que no es de práctica usual que los resultados de evidencias colectadas en un allanamiento produzcan un resultado comunicable en tiempo real como el que festeja Dioxitek, más cuando hay prueba científica y análisis de grandes volúmenes de información.
























