Los feriados de carnaval implican para muchas personas dos días de descanso a mediados de febrero. Para algunos es una buena oportunidad para una escapada a las sierras, para otros hacer un plan donde residen.
Sin embargo en más de 25 barrios de la ciudad de Córdoba, y algunas localidades del interior, el carnaval es sinónimo de alegría popular, al ritmo de corsos y comparsas.
De esta manera la significancia de la festividad en nuestra provincia depende de la vivencia personal de cada persona. ¿Existe un modo propio de vivir el carnaval? ¿Qué se necesita para ampliar su manifestación?.
A nivel mundial la festividad adquiere distintas expresiones de acuerdo a su origen. Las primeras celebraciones en la antigüedad estaban vinculadas al dios Saturno en un Imperio Romano pagano y a fiestas que “honraban el comienzo del nuevo año y el renacimiento de la naturaleza”.
Luego el Cristianismo adoptó la celebración y le otorgó su propio sentido: el inicio de la cuaresma, un período de austeridad de 40 días previo a la Pascua en el que los católicos se abstienen de comer carne, entre otras prácticas ascéticas.
El doctor en antropología social, Gustavo Blázquez, explica que en América Latina el carnaval “traído por los conquistadores” se agrega a una celebración de comunidades andinas que “celebraban el fin de las lluvias que habían comenzado en noviembre”.
“El carnaval es una gran fiesta de inversión del mundo, lo pone ‘patas para arriba’. El orden solo puede nacer del caos y de este modo el mundo vuelve a funcionar una vez más”, explicó el especialista.
Además, en palabras de Blázquez, el carnaval es “un tiempo de libertades” en contraposición a un período más vinculado a las restricciones.

Con el siglo XX, entiende el antropólogo, mayormente el carnaval se convirtió en un recurso natural, es parte del turismo de las distintas ciudades, algunas de las cuales lo convierten en una experiencia icónica como Venecia (Italia), Colonia (Alemania) o Río de Janeiro (Brasil).
De algún modo coexisten dos tradiciones completamente diferentes. En las comunidades andinas el significado está vinculado con el fin de la época de lluvias y el agradecimiento a la “Madre Tierra” (Pachamama) por los frutos recibidos. Así lo celebran en la provincia de Jujuy, por ejemplo. Pero en Corrientes o Gualeguaychú la festividad se vincula más con la inversión de roles, el uso de máscaras, la burla, las transgresiones y el desnudo.
En la actualidad, Córdoba vive el carnaval a través de los barrios. “Históricamente, específicamente a fines del siglo XIX, fue una festividad que se contraponía a la fiestas de la aristocracia del Centro donde el populacho no tenía lugar”, cuenta el productor cultural Fernando Belzagui.
Así evocaba esos comienzos Efraín U. Bischoff en su obra “Historia de los barrios de Córdoba”: “No solamente iban los coches adornados con gran profusión de muchachas lindas, sino que también aparecían los espejuelos de las comparsas de los ‘Negros candomberos’, ‘Estrellas del Sud’ y la ‘Sociedad Coral Argentina’ con sus guitarras y violines, poniendo en aquel marco desarticulado de la farándula carnavalesca una sana alegría”. Se festejaba en toda la ciudad, pero el lugar más emblemático fue por años San Vicente, donde el corso se realizaba en la calle San Jerónimo, entre Plaza Lavalle y Plaza Urquiza. Las clases altas, por su parte, se reunían en los salones del refinado Club Social.
Identidad cultural
“Las llamadas ‘Comparsas de Indios’, de las orillas y tez morena y comechingona son sin duda la identidad cultural cordobesa más vida del carnaval”, agrega Belzagui.
“Es una expresión muy interesante de los sectores populares alejada de ‘la Docta’ que se auto percibía de tez blanca y buen gusto”, entiende Blázquez.
Hoy en la ciudad de Córdoba el carnaval se enfoca en la participación comunitaria, donde las organizaciones barriales mantienen viva la tradición año tras año, y enseñan a las nuevas generaciones el arte de la murga y la batucada. Cuentan con el apoyo del Ejecutivo local quienes abren una convocatoria meses antes pero otras actividades son a pulmón.

Los festejos no se limitan a un solo lugar, sino que se descentralizan. Son conocidos los corsos en barrios como San Vicente y Alberdi pero las expresiones se reproducen en otros puntos de la ciudad y la provincia como Unquillo y Despeñaderos.
“A principios de los 70 al carnaval se le suma el Cuarteto lo que provoca una comunión explosiva: Carnaval y Cuarteto un solo Corazón”, recuerda Belzagui.

Por más apoyo y estudio
En respuesta al futuro del carnaval, Blázquez y Belzagui coinciden en la necesidad de políticas públicas continuas que le den la debida importancia.
“El tema pasa por qué y cuales políticas públicas culturales adoptan los gobiernos. Debe haber ordenanzas, asignación de presupuesto y un equipo de trabajo idóneo para hablar de un carnaval como evento popular, gratuito y apto para todo público”, suma Belzagui.
“Existe una deuda en la antropología local de mayor exploración de esta tradición para también compartirla con la ciudadanía. En paralelo se hace necesario una buena gestión pública que gestione y cuide el baile”, concluye Blázquez.



























