A menudo experimentamos esa desconcertante sensación de sentirnos enfermos a pesar de que los exámenes médicos indiquen que estamos sanos. Esta aparente contradicción puede surgir debido a la compleja conexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud abarca un estado de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedades. Por lo tanto, aunque nuestro cuerpo físico funcione correctamente, factores como el estrés, la ansiedad o fuertes emociones pueden desencadenar síntomas físicos.
Incluso, nuestro propio sistema inmunológico, al liberar sustancias como las citoquinas en respuesta a una amenaza percibida, puede generar malestar que no se debe a una enfermedad en sí misma. En definitiva, sentirse enfermo no siempre implica estar enfermo desde una perspectiva puramente biológica, sino que puede ser una manifestación de un desequilibrio en otros aspectos de nuestra salud integral.
El dolor puede ser una construcción del cerebro y no una enfermedad
El reconocido neurólogo Arturo Goicoechea, experto en síntomas inexplicables, sostiene que muchas dolencias no tienen una base física real, sino que son el resultado de un aprendizaje erróneo del cerebro. Por eso propone una visión innovadora sobre el dolor y la forma en que la mente interpreta los síntomas.
Según Goicoechea, cerca del 20% de la población padece síntomas crónicos sin una causa orgánica clara. “Los médicos les asignan diagnósticos como migraña, fibromialgia, acúfenos o vértigo, pero muchas veces no hay una lesión física que justifique el dolor”, explica el neurólogo.
En estos casos, el especialista receta fármacos como ansiolíticos o analgésicos, pero sin abordar la raíz del problema. “Los tratamientos tienen un efecto placebo basado en las expectativas del paciente. Yo también recetaba hasta que comprendí que el dolor es una construcción del cerebro”, afirma.
La mente crea “una película” de dolor, aunque el cuerpo esté sano
Goicoechea sostiene que el cerebro genera una “película de dolor” influenciada por la información que recibe de los expertos. “El paciente cree en el diagnóstico porque lo dice la medicina tradicional, pero a veces ese dolor no refleja una situación real”, comenta.
Para ilustrarlo, pone el ejemplo de la migraña: “En una crisis, en la cabeza no pasa nada grave, pero el cerebro genera una experiencia de dolor y vómitos. Es una construcción basada en experiencias previas y aprendizajes”.
“Nos han enseñado que la migraña es hereditaria o que el estrés la desencadena, pero no se toma en cuenta el peso del relato, la cultura y el adoctrinamiento en estos diagnósticos”, indica.
Para el neurólogo, las explicaciones tradicionales de la medicina han sido influenciadas por la industria farmacéutica, lo que refuerza la idea de que el paciente debe medicarse en lugar de modificar su percepción del dolor.
Cómo dejar de sufrir dolores sin explicación médica
Goicoechea defiende que la solución pasa por cambiar la interpretación del dolor: “No se trata de magia, sino de enseñar al paciente a ver el problema desde otra perspectiva”.
En su experiencia, muchas personas han reducido su dependencia de fármacos y han aprendido a vivir sin miedo al dolor con un proceso de reeducación. “Se necesita tiempo en consulta para corregir hábitos atencionales, emocionales y conductuales. No es fácil, pero es posible”, concluye.
Su enfoque desafía los paradigmas de la neurología tradicional, abriendo un nuevo debate sobre la relación entre mente, cuerpo y enfermedad.