Durante el verano abrió en La Cumbre la muestra anual del pintor Miguel Ocampo. “Entre el sueño y la realidad” es el título de la nueva propuesta que está curada por María José Herrera quien fuera directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes.
El pintor y arquitecto, primo de Silvina y Victoria Ocampo, fue agregado cultural del país durante un par de décadas gracias a la recomendación de Manuel Mujica Lainez (otro ilustre que vivió en la ciudad de La Cumbre).
Primero fue destinado a Roma (entre 1956-59), luego a París (1961-66) y finalmente a Nueva York (1969-79). Justamente es este período el que se explora en Entre el sueño y la realidad.
Ocampo siempre combinó su actividad diplomática (burocrática diría él) con su actividad artística. Tras su llegada a la vibrante y moderna Nueva York, el arquitecto fue a vivir a Tribeca, barrio con una importante carga artística.
Entre esos dos estados (el sueño y la realidad), Ocampo trabajó y vivió allí una década, desempeñándose en el cargo diplomático de agregado cultural en la embajada argentina.
Según los encargados de desarrollar la muestra, “la pintura de su etapa neoyorquina recupera la representación de figuras humanas muy estilizadas y volúmenes de luz que se interceptan”.

Las pinturas
A simple vista las obras parecen haber sido pintadas con un aerógrafo, pero en realidad Ocampo usaba una técnica casera de golpeteo de un palo que le permitía expandir las gotas de pintura de forma tal que generaban una ilusión óptica. Su trabajo era horizontal.
Lo primero que llama la atención (y es un plus de este recorrido) es que antes de realizar las obras, Ocampo bocetaba sus proyectos a través de pequeños collages que son obras de arte en sí mismos y que se pueden ver como parte de la muestra.
Pequeños trozos de papel de revista (y de otros orígenes) conforman estos cuadros en miniatura. La experiencia se completa al ver las obras terminadas sobre la tela en un formato mayor.
Algunas figuras son meras abstracciones ambiguas y otras son siluetas de cuerpos sensuales o paisajes sombríos.
Según la ficha curatorial, sus obras presentan atmósferas vaporosas, y planos de luz y oscuridad contrapuestos. Una de ellas, El percance de morir, lleva un título borgiano, una reflexión existencialista que cabía tanto al momento histórico de Nueva York como al de la lejana Buenos Aires. Sumido en el sueño, o anclado en crudas realidades, Ocampo nos ofrece una inquietante, pero aún bella, visión del mundo”.

El valor del museo
El arquitecto a cargo de la obra fue Sebastián Martínez Villada, hijo de Susana Withrington (viuda de Miguel) en colaboración con los arquitectos Mariana Larcamón y Adrián Costa.
Martínez Villada, guió a La Voz en un recorrido reciente por el museo con la intensión de seguir difundiendo la obra del artista que no se agota solo en las pinturas propiamente dichas, sino en toda la propuesta del museo que incluye un video, algunas fotos y afiches ilustrativos.
La arquitectura del museo también es parte del mensaje que se quiere dejar sobre Ocampo. Se trata de una sala inspirada en la escala de los pabellones de la Bienal de Venecia, lugar en el que el artista representó a Argentina.
Por fuera, el calicanto rememora a los jesuitas en su paso por estas tierras. Adentro sorprende la iluminación cruzada entre artificial y natural. La artificial fue especialmente diseñada con tecnología para no dañar la obra.
“Como resultado de este juego, se complementan lo opaco, que preserva tenazmente la obra contenida, y lo luminoso, que la exhibe en todo su esplendor”, dicen las memorias del autor de la obra arquitectónica.
El museo cuenta con la dirección artística de Laura Ocampo, hija mayor de Miguel.
Para ir al Museo Ocampo
Viernes de 18-20.30, sábados de 11-13.30 y de 18-20.30, domingos de 11-13.30. Ubicado en La Cumbre, calle Miguel Ocampo 630.