Movimiento, luces, salvajismo, desenfreno… El Japón moderno despierta junto a una de sus plumas más célebres en La pandilla de Asakusa, primera novela del Nobel Yasunari Kawabata (1899-1972). Fragmentaria y desfachatada como el mundo que retrata, la obra mixtura crónica, testimonios, estadísticas y diálogos veloces en un pastiche vanguardista que deja registro de una Tokio vivaz que resurgía de las cenizas en 1930.
El brutal terremoto de 1923 obligó a una reconstrucción radical de la capital nipona, que se desprendió de la tradición para abrazar los teatros de revista, los espectáculos de feria y una vida nocturna ávida e interminable.
El narrador constata que los diarios de la época solo repetían dos palabras, “recesión” y “erotismo”, en relación al fuerte coletazo de la crisis bursátil estadounidense que hundió económicamente al país asiático en coincidencia con la liberación de sus costumbres. Kawabata se enfoca en ese sentido en el bohemio y marginal barrio de Asakusa, un “loquero gigante” en el que bullen las multitudes que anticiparon Poe y Baudelaire y donde convergen las existencias de trabajadores, vagabundos, delincuentes y geishas.
Recurriendo a una voz oscilante que a veces le habla directamente al lector y a una trama errática de personajes dispersos, el escritor refleja una postal colectiva de criminalidad y prostitución juvenil con un descaro exento de moralina. Por el contrario, esa convulsión desprejuiciada e ilegal funciona como una legítima iniciación literaria para Kawabata, ícono lúcido de un siglo sin descanso.

Para leer La pandilla de Asakusa
Yasunari Kawabata.
Seix Barral.
302 páginas.
$ 24.900.