“Toda tu vida se volverá buscable”. Esta frase no fue pronunciada por el jefe de asuntos internos de la CIA, ni en una película de ciencia ficción. La dijo Larry Page en 2001. En aquel año intranquilo, el ingeniero ocupaba un puesto importante en una empresa que estaba mutando: Google. La historia de aquella mutación y de otras transformaciones significativas pueden leerse en el último libro de Shoshana Zuboff.
En el año 2000, solo el 25% de la información mundial estaba acopiada de forma digital. Por aquel entonces, Google −un limitado emprendimiento de Silicon Valley− se encontraba en una encrucijada: convertirse en un motor de búsqueda destinado a la bancarrota o cambiar, ser algo más que una especie de diccionario multiuso.
Los solícitos científicos de la compañía aportaron lo suyo. Descubrieron que los usuarios dejaban restos de información cuando buscaban algo en internet. Esos restos, ya sea una “tasa de clickleo” u otros comportamientos registrables, cambiaron el panorama.
Las inversiones provenientes de la publicidad llovieron y los ingenieros se secaron con los cheques que comenzaron a recibir.
“La gente pensó que estaba buscando en Google, pero de hecho Google estaba buscando e incautando a la gente”, afirma la docente norteamericana.
Poco o nada de esto hubiera ocurrido sin la coyuntura que la política y la economía habían creado antes. No fue algo inevitable, insiste Zuboff.
Las ideas de Friedrich Hayek y de Milton Friedman aportaron algunos elementos necesarios para construir una sociedad donde cualquier límite, legal o moral, es visto como una amenaza a la libertad.
Las megaempresas de nuestra época hicieron su fortuna gracias a esta paradoja: pueden extraer información privada de la mina de nuestros comportamientos, pero nos aseguran que es por nuestro bien.
No admiten controles, como si existieran en un mundo nuevo y valiente. En 1975 Friedman asesoró al gabinete del dictador Augusto Pinochet en Chile. En 1976 recibió el premio Nobel de economía.
La investigación de la psicóloga social no solo revisa la emergencia de lo que en 2019 llamó La era del capitalismo de la vigilancia, también analiza en su libro las peligrosas decisiones de administradores como Mark Zuckerberg, pionero de las redes sociales, que agudizaron la situación.
En la última parte del volumen −publicado originalmente en 2022−, examina lo que faltaba: la vigilancia de la salud durante la pandemia. El aislamiento sanitario fue usufructuado por los discursos conservadores, repartidores de noticias falsas y promotores de reacciones extremas. Con ironía orwelliana, la autora le llamó “covid-1984”.
Editado por una universidad pública, el volumen contiene un enriquecedor prólogo elaborado por Flavia Costa y Julián Mónaco.
En su presentación, los académicos argentinos asocian los argumentos de Zuboff con las hipótesis que Foucault desplegó en sus clases, sobre todo las dedicadas al Nacimiento de la biopolítica (1978-1979).
El mercado, que está en todas partes, también desea gobernar a todos, pero sin elecciones, sin controles, ni comunidad. “Podemos tener capitalismo de la vigilancia y podemos tener democracia. No podemos sostener ambos”, escribe Zuboff.

Para leer ¿Capitalismo de la vigilancia o democracia?
Shoshana Zuboff
UNSAM edita
153 páginas
























