Cavani vs. Hielera
El fútbol, además de ser un deporte atrapante y generar pasiones a nivel planetario, es también —y posiblemente a causa de esos niveles de fervor— una fuente inagotable de polémicas, algunas decididamente impensadas, como la que involucró días atrás los movimientos de precalentamiento de Edinson Cavani en la previa del partido entre Boca y Platense. El reclamo y la crítica de hinchas y exjugadores boquenses, algunos de condición histórica, fue que al delantero uruguayo le faltó actitud a la hora de entrar en calor.
La imagen de Cavani haciendo rebotar displicentemente un balón contra una conservadora repleta de bebidas isotónicas exasperó a los hinchas, que aparentemente esperaban verlo fusilando a un arquero contra uno de los arcos para llenar de sangre los músculos de sus piernas y ponerlos en la temperatura adecuada para un partido en la Bombonera: el rango óptimo está entre 37 y 40 grados, aunque el hincha no se conforma con menos de 54 grados en los cuádriceps.
Sin embargo, los suaves disparos de Cavani contra la hielera sumergieron a los simpatizantes en la exasperación, ya que las imágenes que generaban el jugador y el pequeño contenedor —sobre el cual finalmente se sentó a meditar— contrastaban sensiblemente con las que ofrecían el resto de los jugadores, mucho más dinámicas (un «loco», disparos al arco, equilibrio en monociclos, lanzamientos de puñales, malabarismos con antorchas, etcétera).
Para colmo, la conservadora no colaboraba con el precalentamiento del delantero, ya que, por su condición de objeto inanimado, se mantenía completamente inmóvil. “El hincha advertía con preocupación que si la hielera no exigía a Cavani devolviéndole pelotas complicadas, el delantero no lograría el aumento de la energía metabólica necesario para afrontar el partido”, señaló un veterano analista de entradas en calor.
La dirigencia de la Liga Profesional tomó nota de esta polémica y, con el objetivo de evitarlas, tendría ya en marcha la instalación de Pistas Tácticas de Obstáculos para Precalentamientos (PTOP), que estarían dotadas de muros de diferentes alturas, vallas, redes de escalada, bancos de arena minados y sectores para arrastrarse bajo alambres de púas electrificados, entre otros componentes.
De concretarse este proyecto, los jugadores estarán obligados a utilizarlas para el trabajo precompetitivo bajo la supervisión y mando de boinas verdes o rangers del ejército norteamericano, que pasarán así a formar parte de los cuerpos técnicos de los equipos de la liga. De esta forma, los futbolistas argentinos no solo entrarán en calor sin temor a ninguna crítica, sino que adquirirán capacidades en contrainsurgencia, incursiones, infiltraciones y toma de aeródromos, que eventualmente podrían servirles una vez finalizada su carrera profesional.
Amistosos lejanos
El alcalde de Auckland, Wayne Brown, confirmó que está en tratativas para que Boca, River y San Lorenzo jueguen amistosos en su ciudad, en el mítico estadio Eden Park —considerado la casa madre de los All Blacks—, pero en Buenos Aires quieren tener la certeza de que enfrentarán al equipo de fútbol local, Auckland FC, y no precisamente a los All Blacks, dado que consideran que los jugadores argentinos no podrían resistir su arrolladora fuerza física.
“Los preparadores físicos alertaron que ningún jugador de fútbol, que al menor roce queda en el pasto solicitando atención médica, está física y psicológicamente preparado para resistir un tackle de un maorí de 1,97 metro y 165 kilos”, señaló un dirigente de la AFA preocupado por las consecuencias de un partido contra la poderosa selección de rugby neozelandesa. Sin embargo, un allegado a San Lorenzo consideró que tal posibilidad podría evaluarse en función de los problemas financieros de la institución azulgrana: “Si la suma ofrecida es atractiva, no habría problemas en jugar contra los All Blacks, con maoríes y todo. Pero antes habría que hablar con los jugadores y preguntarles si están dispuestos al sacrificio extremo por la institución”.
De todos modos, el alcalde Brown parece haber dejado en claro que el objetivo de estos amistosos es darle rodaje al equipo de la ciudad, Auckland FC, que en su momento empató con Boca 1-1 por el Mundial de Clubes, resultado celebrado en Oceanía como una hazaña para un equipo amateur conformado por jugadores que además desempeñan diversos oficios para ganarse la vida. Precisamente, entre las actividades de confraternización previstas durante la estadía en Auckland se destacan visitas de los planteles argentinos a ferreterías, talleres de chapa y pintura, heladerías, garitos, casas de tatuajes y parripollos donde trabajan jugadores del equipo.
Las tratativas están en marcha y, mientras se dispute el Mundial de América del Norte, los dirigentes tendrán que encontrar la forma de mantener activos a los planteles y evitar que caigan en el aburrimiento. Un viaje a Nueva Zelanda es un poco largo, pero no estaría mal para matar el tiempo durante la larga pausa de mitad de año de la Liga Profesional.





















