En Alta Córdoba el mercado de pases no sólo se juega en escritorios y llamadas que van y vienen. También se juega en los corazones. Uno de ellos es el de Juan Manuel Cavagliatto, presidente de Instituto, que dejó en claro su postura respecto al futuro de Fernando Alarcón, uno de los grandes símbolos de la era reciente albirroja.
El Palomo es el último sobreviviente de aquel plantel que ascendió en 2022 con un cabezazo eterno ante Estudiantes de Caseros. El último eslabón de una foto que todavía decora casas, bares y sentimientos. En tiempos en los que el fútbol se volvió fugaz, eso vale oro.
Mientras en La Agustina el plantel se mueve bajo el mando de Daniel Oldrá, la continuidad del defensor es un tema que sobrevuela los pasillos del club. Tiene contrato por un año más, pero no faltan las preguntas. Y él mismo alimentó la incertidumbre hace un par de meses: “Puede ser que sean mis últimos partidos. Instituto es mi casa”, dijo, frontal como siempre. Desde su entorno trascendió que hay una oferta desde Perú.
Pero Cavagliatto salió a marcar territorio, como tantas veces lo hizo Alarcón dentro del área: con firmeza. En charla con Matías Barzola, el presidente fue claro y sin dobles mensajes: “Yo quiero que Alarcón se quede”, sentenció, con esa mezcla de deseo dirigencial y sentimiento hincha que lo atraviesa.
Y lo reforzó desde un costado más emocional que político: “A mí no me gusta que Instituto pierda, sufro acá en el básquet, sufro con el fútbol, el otro día sufrí porque perdieron las chicas del femenino… Yo sufro cuando pierde Instituto”, dijo, dejando en evidencia que para él no hay disciplinas ni escudos paralelos: todo es la Gloria.
Cavagliatto también habló del delantero Franco Jara, y lo hizo con el mismo rasgo pasional: “Lo trajimos para que haga goles, él me prometió que se ponía la remera nuestra y dejaba la vida”.
Y agregó una línea que retrata el plan dirigencial: “Quiero que sigamos creciendo, que se forme un grupo que represente al hincha, en Instituto siempre necesitamos de todos para estar bien”.
Alarcón escucha y entrena. Y como él mismo dijo: “Si me tengo que ir se van a enterar por mí y por Juan. Que no salgan a decir mentiras”. Palabra de capitán.
El presidente ya levantó el pulgar. La pelota la tiene el Palomo. Y en Alta Córdoba, todos saben que algunos jugadores no sólo marcan rivales: también marcan capítulos enteros de una institución.

























