Independiente de Avellaneda no pudo salir airoso de una nueva experiencia de Fútbol Andino Extremo (Extreme Andean Football), modalidad que siempre constituye un durísimo desafío para equipos de llanura y que consiste básicamente en jugar en los inaccesibles estadios de montaña de Sudamérica. En este compromiso, perdió 2-0 contra Nacional Potosí por Copa Sudamericana en una cancha situada a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, experiencia asfixiante que los Diablos Rojos no olvidarán por mucho tiempo.
El estadio en cuestión es el Víctor Agustín Ugarte, con capacidad para 32 mil espectadores y cuya altitud varía según las fuentes entre los 3885 y los 4100 metros sobre el nivel del mar, llamativa ambigüedad métrica que se considera un hábil recurso estratégico que los equipos de la ciudad utilizan para recibir a sus rivales llaneros: impedir que sepan realmente a qué altura van a jugar cuando logren llegar finalmente hacer cumbre en el campo de juego.
Según versiones, la verdadera altura del Ugarte podría superar los 4800 metros, rumor que hasta el momento es imposible de verificar por las reiteradas negativas de Conmebol a realizar una efectiva medición manual con cinta métrica que un equipo especializado debería iniciar desde la costa del Pacífico (cero metro a nivel del mar) para, desde allí, ir avanzando y subiendo ya en territorio boliviano hasta terminar en el círculo central del césped potosino. Esta agotadora tarea no está exenta de dificultades, ya que los encargados de la medición deberían atravesar cordones montañosos, precipicios sin fondo, planicies desérticas, salares y selvas plagadas de peligros y tribus hostiles, además de posibles acciones de sabotaje de los clubes de Potosí que no quieren que se conozca su secreto mejor guardado. Se calcula que los sobrevivientes podrían terminar su tarea en 15 o 20 años.
Para hacerle las cosas más difíciles a Independiente, el aeropuerto de Nicolás Rojas de Potosí no se encuentra operable porque está en obras de remodelación desde hace 15 años, pero los bolivianos son optimistas y calculan que podrían finalizar en 2087, por lo que los equipos que deben llegar a la ciudad en caravanas de camionetas 4x4, tal como lo hizo la delegación roja, o a lomo de mula, o con la ayuda de llamas y sherpas nepaleses aclimatados en el Tíbet para cargar la utilería en el caso de que se decida subir a pie desde Sucre.
El estadio es conocido como “Nido de los Cóndores”, pero todo indica que no se trata de una designación poética sino que efectivamente en sus instalaciones anidan unos 250 cóndores, aves bastante más grandes que los teros que suelen revolotear en las canchas argentinas.
“Que el Ugarte sea un santuario de cóndores es muy positivo para la fauna, pero cuando un jugador cae por una falta y no se levanta rápido bajan, los sobrevuelan y hasta se les asientan al lado. Este estadio no es un buen lugar para simular”, asegura un hincha local. En definitiva, los jugadores de Independiente juegan de local a dos metros sobre el nivel del mar por lo que al llegar al estadio por poco no plantan una bandera y se sacan una foto en el punto central como un grupo de andinistas.
Barras versus policías
En un inusual hecho de violencia en el fútbol, policías de civil que jugaban un picado en una cancha de fútbol 5 fueron atacados con palos y objetos contundentes por barras del Fortín que pasaban por el lugar, debido a que uno de los jugadores lucía un pantalón de Peñarol de Montevideo, equipo que acababa de ser derrotado por Vélez por Copa Libertadores, indumentaria que fue considerada una provocación, una ofensa a la moral y acto de bullying visual sobre del jefe de grupo de hinchas pesados.
Según el reglamento del grupo, conocido como La Pandilla, la única forma de lavar la afrenta y la dignidad del ofendido jefe de barra era someter a golpes al jugador provocador y a quienes lo acompañaban en calidad de partícipes necesarios y robarles las pertenencias, pero no contaban con la resistencia de los policías que, primero, se defendieron a golpes y hasta que uno sacó el arma reglamentaria de su bolso y comenzó a disparar al aire como si se tratara de un boda afgana.
Semejante batifondo determinó la inmediata intervención policial convocados por riña entre bandas y se encontró con que un alto porcentaje de los contendientes tenían estado policial. El procedimiento terminó con 14 barrabravas y 10 policías detenidos y, mientras se investigan las responsabilidades de unos y otros, ya se les aplicó derecho de admisión a los barras que no podrán ingresar a ningún estadio por 48 meses.
“Vamos a apelar esta decisión de la Secretaría de Seguridad porque quien inició el incidente fue el jugador que se colocó un pantalón de Peñarol de Montevideo cuando tiene pantalones de decenas de equipos argentinos, de la Conmebol y de ligas europeas para colocarse. Si se calzaba un pantalón de Schalke 04 o de Sporting Yacuiba, no hubiera pasado nada”, explicó el letrado.
Respecto del incidente, el Ministerio de Seguridad indicó que la gresca sólo involucró a hinchas y policías y que no se observó la presencia de jubilados ultraviolentos y desestabilizadores en acción, ni siquiera la feroz jubilada de 87 años que se lanza sobre policías con su bastón de titanio.