El hincha de Instituto ya está curtido. Sabe de golpes, de noches que dejan más bronca que respuestas, de partidos que se escapan cuando parecía que al menos el empate estaba asegurado. Pero aun así, cada tanto aparece una de esas veladas que obligan a seguir forjando el carácter. La del debut en el Apertura fue una de ellas. Porque la Gloria hizo los deberes, sin brillar pero con dignidad, y terminó pagando un precio demasiado alto.
En tiempo de descuento, Vélez sacó de la galera un gol que no estaba en los planes de nadie y se llevó toda la gloria del Monumental. Un desenlace cruel para Instituto, que se quedó con las manos vacías en una noche que había empezado como fiesta y terminó como castigo.

La previa tuvo clima de estreno grande. Show de luces, ilusión renovada y más de 20 mil hinchas empujando desde las tribunas. Pero el partido tardó en arrancar. El primer tiempo fue chato, friccionado, con más roces que ideas. Se notó el peso de la pretemporada en las piernas y la falta de precisión en los metros finales. Vélez avisó primero, aunque más por errores ajenos que por virtudes propias: un par de desatenciones defensivas encendieron luces de alerta en el fondo albirrojo.
El planteo inicial de Daniel Oldrá, con un 5-2-3 bien marcado, le dio orden atrás pero le quitó presencia en campo rival. Instituto quedó largo, sin volantes que pisen el área, y dependió demasiado de alguna sociedad aislada. La mejor conexión se dio cuando se juntaron Córdoba, Jara y Luna. De ahí nació la primera chance clara del primer tramo, con un remate del “10” que encontró bien parado a Montero. Jara, de lo mejor de la noche, fue el que intentó darle sentido al juego cuando la pelota quemaba.
Sobre el cierre del primer tiempo, la Gloria empujó un poco más y se fue al descanso con el grito atragantado. Montero le tapó dos claras y después llegó la jugada que hizo explotar al estadio: remate de Córdoba, penal sancionado por Merlos y estallido contenido. El VAR, implacable, enfrió todo con un offside previo.
Nada por aquí, nada por allá
El complemento mostró a un Instituto algo más decidido. Sin cambiar demasiado el libreto, fue el que más buscó. Córdoba empezó a aparecer con mayor frecuencia y desde sus pies llegó una habilitación deliciosa para Sosa, cuyo remate se estrelló en el travesaño. La suerte ya empezaba a jugar su partido.
Luego lo tuvo Luna, más tarde Galván, que casi grita en su debut con un cabezazo que tapó a mano cambiada el arquero. Para entonces, Oldrá ya había corregido sobre la marcha: desarmó la línea de cinco y adelantó a Galván como volante central, entendiendo que el esquema inicial no estaba dando frutos. Instituto era más. Vélez, en cambio, parecía conforme con bajar la persiana.
Pero la noche tenía guardado el golpe final. Primero, la mala noticia: el ingreso del paraguayo Manuel Romero duró poco. Una lesión en la rodilla lo sacó del partido y encendió preocupación. Y como si hiciera falta más, llegó el mazazo definitivo.
Se jugaba el primer minuto de descuento cuando Matías Arias bajó una pelota perfecta y Tobías Andrada sacó un remate letal para el 1-0. Golazo. De otro partido. Premio enorme para Vélez. Castigo excesivo para Instituto.
El final encontró aplausos tibios desde las tribunas, más por la entrega que por el resultado. Pero lo que dominó fue la bronca. Mucha bronca. Porque la Gloria no brilló, es cierto. Pero tampoco merecía irse con las manos vacías en la noche de su debut. De esas que duelen. De esas que, otra vez, obligan a seguir curtiéndose.
























