La sexta jornada del Torneo Clausura de la Liga Profesional dejó sensaciones encontradas al ponerse en tela de juicio la validez del gol top de la fecha: el de tiro libre de Di María en el clásico rosarino, cuestionado por una cuestión antirreglamentaria cuando la pelota volaba hacia el arco que se advierte bastante visible en las imágenes pero que paradójicamente no habría resultado tan visible para los árbitros (de campo y del VAR), lo que pone una vez más en discusión los supuestos problemas de visión que afectarían a buena parte del ecosistema arbitral de la Argentina.
Concretamente se trataría de patologías conocidas como “visión selectiva y síndrome del elefante invisible que no permiten una percepción completa de la realidad” según asegura el oftalmólogo limeño Freddy Pestaña, eminencia en la materia y director de la prestigiosa clínica El Ojo de Horus.
Fue el ex árbitro Saúl Laverni quien irrumpió como un convidado de piedra en el programa de homenajes a Di María por su gol al afirmar que lo deberían haber anulado porque nadie vio que Quintana estaba ubicado de manera antirreglamentaria sobre la barrera leprosa, situación que a su criterio determinaba la invalidez del “Fideogol” reduciendo en consecuencia su cotización al de la promocionada criptomoneda presidencial $Libra.
Tocado por las sospechas sobre su gol y un par de penales que hasta el momento apuntalan la felicidad del canalla, Di María cargó sobre el gol de Merentiel que sin embargo sí mereció la intervención del VAR porque el delantero uruguayo taloneo a su marcador y lo desparramó en el área durante la jugada del gol. Sin embargo para los árbitros no fue foul porque sostienen que si bien hubo toque de atrás “no se advierte intención, ni premeditación, ni alevosía” por parte de La Bestia de Paysandú, un argumento que sin embargo contradice la Ley de Tránsito que sostiene que en un toque desde atrás la responsabilidad es del conductor que embiste por no guardar la distancia correspondiente.
Más allá de las discusiones y el evidente conflicto de bibliotecas entre el Reglamento Fifa y el Código de Tránsito por toques como el de Merentiel, la escalada de dudas sobre goles sancionados y anulados por offsides imperceptibles, penales ignorados y otros cobrados por tirones de camiseta, las luces de alerta se encendieron en los pasillos afistas porque algunos dirigentes consideran que los cuestionamientos están abriendo un portal hacia lo desconocido o quizá hacia el caos.
“Lo peor que puede ocurrir es que se pasen de rosca y organicen simposios para analizar determinados fallos. Solo puedo decir que las razones de muchas decisiones arbitrales están lejos de la comprensión de técnicos y jugadores porque obedecen a un orden cósmico que está muy por arriba de la fría letra del reglamento” explicó un dirigente afista sahumerio en mano y con estética de guía espiritual. “Puede sonar difícil de entender pero anular el gol de tiro libre de Di María con Newell’s, casi sobre la hora y en cancha de Central porque Quintana andaba haciendo giladas puede romper el principio de armonía y equilibrio del Universo, incluidas las leyes naturales y la alineación espiritual de los elementos, y coso” agregó la misteriosa fuente antes de desaparecer atravesando una pared de la sede de calle Viamonte.
GOLEADORES FALLIDOS
Quienes también empiezan a considerar ciertas variables esotéricas combinadas o no a la influencia de ciertas fuerzas naturales como el plenilunio, son los hinchas de River y Boca en cuanto a la desconcertante dificultad para convertir de dos delanteros extranjeros con diplomas de goleadores letales: el colombiano Colibrí Borja en el equipo millonario y el uruguayo Matador Cavani en el xeneize.
Pelotas que sistemáticamente patean por arriba del travesaño rumbo a predios aledaños, pelotas que pasan por debajo de las suelas, pelotas que frente a los arcos se enriedan en sus piernas como koalas, pérdidas súbitas del equilibrio y principios de lipotimias en los duelos con los arqueros forman parte del repertorio no goleador de uno y otro, generando exasperación en los simpatizantes de ambos clubes y satisfacción de las hinchadas rivales.
En medio de esta preocupante contradicción los analistas especializados tienen la cada vez más difícil misión de explicar las razones cada gol fallado por alguno de estos goleadores debido a que se van quedando sin argumentos: “Ya apelamos al estado de los campos de juego, al viento, la lluvia, las trayectorias de las pelotas, mala suerte, el destino, cosas que pasan, le quitó la vista a la pelota, etc.”, confiesa un comentarista que considera que ya lo dio todo para tratar de explicar tanto gol errado. “Son demasiados y superan nuestras capacidades” afirma la fuente.
Finalmente todo conduce a la palabra “inexplicable”, que constituye una salida elegante y con cierto aura sobrenatural que generalmente cae bien en un público futbolero siempre exigente pero con una innegable tendencia al fatalismo.