El título de Supercopa Internacional está ahí. Talleres lo ganó y escribió una historia que le faltaba. Pero apenas concluyó esa, empezó otra. Fue distinta, de mayor dificultad y alejada de lo que se muestra en un partido.
“Es muy difícil motivar a un plantel cuando se logró uno de los objetivos al inicio de la temporada. Ni hablar si era histórico Siempre que se gana algo soñado es difícil mantenerse en eje”, le dijo a La Voz un glorioso exjugador de Talleres. ¿Fue este el caso? Solamente el núcleo básico de plantel, DT y directivos lo saben.
Lo cierto es que, antes y después de ese hito para Talleres, el primer equipo no estuvo a la altura de las competencias paralelas. Dio lo mejor ante el River de Marcelo Gallardo con un total de refuerzos por 30 millones de dólares y lo llevó a la definición por penales, tras 120 minutos. Sin embargo, fue eliminado en Copa Argentina de manera inverosímil por Deportivo Armenio (perdió en los tiros desde de los 11 metros pero, en el 3-3, la “T” ganaba 2 a 0 y se lo dieron vuelta en cinco minutos con muchas facilidades) y sumó 11 partidos más de la Liga de los que solamente ganó uno.
Una campaña comparable a la del peor arranque en 1987/1988.
Lo hecho, hecho está. Pero Talleres tiene opción: dejar que se cumpla aquello que referenció ese exjugador o volver a hacer historia.
Para el primer escenario, no hace falta mucho. Está claro que la forma del camino actual no ofrece premio. Ni a Talleres ni a nadie.
En el segundo, hay más gloria. Pero tiene su costo. La exigencia obliga a escribir una historia de superación. Ambición debe matar al conformismo. No es para todos ni es propia de uno solo. En Talleres, hay varios de sus protagonistas que pueden desarrollar esa potencialidad y lo han demostrado
Herrera, Benavídez, Portillo, el desgarrado Rodríguez, Portilla, Botta, Girotti son algunos de esos referentes que pueden activar y activarse, como lo hicieron en la Supercopa Internacional o en la Libertadores pasada siendo segundo en el Grupo solo por diferencia de goles. Más atrás, Herrera, Benavídez y Girotti, al llegar cuartos de final de Libertadores en 2022 y todos, más acá, cuando la “T” llegó a ser subcampeón de Liga Profesional 2024, tras haber igualado al lìder Vélez en la última fecha cuando habitualmente ya estaba fuera de todo.
Medina fue el conductor de ese equipo, igual que ahora. Sabe dónde está parado, pero también conoce que no hay nada fácil en el fútbol y menos en el Mundo Talleres. Ya en su primera gestión tuvo un arranque difícil pero, tarde o temprano, logró darle la identidad de juego.
Pasados 13 partidos sigue en esa búsqueda. Dispone de un plantel importante (”el más caro de la historia), más allá de alguna carencia para lograrlo. El frente es doble. El internacional es el que puede ofrecerle el plus de cada jugador, el local es construir la internacionalidad para 2026. Después del debut con São Paulo, el sábado irá contra Gimnasia LP y deberá ganarle para ingresar a la zona de ocho clasificados del Apertura de Liga y, luego, a Paraguay para visitar a Libertad por el torneo continental.
Surgió Rick en el clásico. Es una esperanza. Pero restan más voluntades, goles y seguridades. Este es el momento.