Hubo un tiempo en el que la Copa Davis detenía al país. En el que un punto duraba una vida, una serie se jugaba con el corazón en la boca y la camiseta albiceleste parecía pesar el doble. Hoy, esa mística aparece cada vez más lejana. Y derrotas como la de este fin de semana, lejos de ayudar, profundizan una sensación incómoda: la Davis ya no ocupa el lugar emocional que supo tener en el tenis argentino.
Argentina perdió 3-2 ante Corea del Sur en Busan y quedó eliminada de los Qualifiers 2026. Un golpe duro desde lo deportivo, pero también un síntoma de época. El equipo conducido por Javier Frana mostró esfuerzo, recambio y compromiso, pero no le alcanzó. Y en un torneo que hoy ya no paraliza conversaciones, perder temprano termina de diluir su impacto.
El sábado había arrancado con una ilusión. El dobles, único punto alto de la serie, mostró frescura y personalidad. Guido Andreozzi y Federico Gómez, ambos debutantes, vencieron con autoridad a Ji Sung Nam y Uising Park por 6-3 y 7-5. Fue una victoria sólida, convincente, que puso a Argentina 2-1 arriba y que convirtió a los protagonistas en los jugadores 94 y 95 en vestir la camiseta nacional en la Davis. Por un rato, volvió a sentirse algo parecido a la vieja adrenalina.
Pero duró poco. Thiago Tirante no pudo sostener su nivel ante Soon-Woo Kwon y cayó en tres sets ( 6-4, 4-6 y 6-3), pese a haber empezado mejor. Y con la serie igualada, Marco Trungelliti se encontró con la experiencia de Hyeon Chung ( 6-4 y 6-3), que fue más firme en los momentos decisivos y selló el 3-2 definitivo para los locales.
Así, Argentina quedó obligada a jugar el repechaje del Grupo Mundial I en septiembre para no descender. El camino se empina y el calendario marca una realidad incómoda: hoy la Davis se juega más para sobrevivir que para soñar. Muy lejos quedaron aquellas jornadas épicas, cuando la ensaladera parecía posible y el país se alineaba detrás de una raqueta.
La Copa Davis, que supo ser un refugio emocional para los amantes del tenis y del deporte argentino, hoy atraviesa una crisis de relevancia. El formato cambió, el interés bajó y los resultados tampoco acompañan. Y en ese combo, la derrota en Corea del Sur no hace más que confirmar que, al menos por ahora, la llama ya no arde como antes.
























