Al pensar en crear zonas aptas para estudiar, las atmósferas arquitectónicas pueden influir en el bienestar emocional y en las actividades de aprendizaje. En el interiorismo actual, entender este sector como un ecosistema de productividad resulta fundamental.
“En un espacio de estudio, el objetivo principal es estimular los sentidos para que el cerebro entre en un estado apto a efectos de desempeñar tareas de enfoque, memoria y creatividad. El ambiente debe ayudar a reducir los niveles de cortisol, aumentar la dopamina y la oxitocina, como así también brindar sensación de seguridad y satisfacción”, indicó la arquitecta Luciana Vega, especialista en neuroarquitectura.
Para conseguirlo, hay puntos clave de diseño que, interconectados, ayudan al bienestar intelectual, físico y emocional.
Prospectiva y refugio
Proyectar con base en la neurociencia requiere comprender conceptos como la prospectiva y el refugio. Estos principios sugieren que el ser humano logra mayor creatividad y seguridad al sentir la espalda protegida (refugio) y poseer una visión amplia del espacio (prospectiva).
En ese sentido, la profesional destacó algunas variables.
–Biofilia y Teoría de Restauración: la naturaleza favorece el aprendizaje, reduce la ansiedad, la fatiga mental y mejora la productividad. Ventanas con visuales a exteriores naturales y revestimientos del mismo origen favorecen el ritmo biológico de la persona.
–Orden visual: mantener un ambiente organizado favorece el estado de enfoque y concentración. Emplear muebles de guardado con puertas o cajas para reducir el caos y poner en relevancia algún objeto de valor sentimental aporta a lo mismo.
–Altura de los techos: la proporción de los ambientes y la altura de sus techos influyen en el desempeño. Los techos altos facilitan el pensamiento creativo, mientras que los más bajos ayudan en las tareas de precisión y detalle.
–Electromagnetismo: se sugiere mantener distancias óptimas y reducir el tiempo de exposición a campos electromagnéticos. Es clave mantener una separación a 1,50 metros de redes wifi. Además, durante la carga de dispositivos, los cables alineados y ordenados evitan bucles en esos ámbitos.

La ergonomía como aliada del pensamiento
Entonces, el mobiliario se convierte en un aliado, pero debe cumplir ciertos parámetros.
El escritorio: “Lo aconsejable es un modelo versátil, con mucha funcionalidad y sin dejar de lado la estética. con superficie de trabajo cómoda, al menos 120/130 centímetros de largo y no menos de 60 de ancho. La estructura debe ser fuerte y de líneas simples, para no aumentar volumen. La altura óptima debe ser de 78-80 centímetros, de manera que al sentarse se puedan apoyar los codos sobre la mesa sin agachar los hombros”, explicó Gastón Delgado, de Valenziana Muebles (sucursal Güemes).
En caso de optar por maderas naturales, que sean claras con acabados mate (como paraíso o petiribí), favoritos de la temporada por su calidez y baja reflectancia.
La silla ergonómica: “Considerar esta pieza como la inversión más importante. Debe poseer sistemas de regulación, soporte lumbar dinámico y permitir que los codos formen un ángulo de 90 grados al apoyarlos en el escritorio. Es fundamental asegurar que los pies se apoyen firmemente en el suelo, para no afectar el flujo sanguíneo ni la capacidad de atención”, aseguró el arquitecto Antonio Vaggione, de Hause Möbel.

Ritual y orden
Al consultar a los especialistas en aprendizaje, subrayaron un concepto básico: el orden externo construye el orden interno. De allí que para fomentar el estudio en niños o adolescente, resulte vital zonificar.
Por eso, hay que promover la pertenencia: que el usuario participe en la elección de los elementos genera un compromiso emocional con el lugar. La participación en las decisiones es fundamental para el niño o el adolescente.
“Otra recomendación es aplicar la teoría de los estantes: mantener el material de consulta a mano y dejar a los aparatos que distraen (celulares, consolas o TV) fuera del campo visual inmediato”, apuntó la especialista Milagros Magnone Druetta. “El cerebro tiende a la economía de esfuerzo: si el estímulo distractor está a la vista, gastará energía innecesaria para ignorarlo”, remarcó.
Luz y color
La iluminación representa el alma del proyecto. Más allá de buscar buena iluminación natural, para no alterar el ritmo biológico se sugiere temperatura de color adecuada según los horarios de uso y actividades a realizar. Se aconseja iluminación led inteligente con luz fría para tareas de mayor concentración y cálida a partir de la tarde. “Emplear variedad en fuentes de luz ayuda a crear diferentes atmósferas para distintas funciones”, apuntó Vega.
Paleta cromática: el uso de colores puede tener un impacto significativo en tareas vinculadas al rendimiento cognitivo. La gama de verdes y azules facilita la lectura y procesamiento de la información. A su vez, el azul ayuda a la relajación, mientras que colores como el amarillo y naranja estimulan la motivación, la socialización y aumentan la energía. Finalmente, los morados motivan la creatividad y la imaginación.

Aprovechar los espacios difíciles
¿Cómo actuar si no se cuenta con una habitación extra? Los expertos sugieren:
–incorporar escritorios que permitan cerrarse y ocultar el área de trabajo al finalizar la jornada, ideal para departamentos reducidos.
–el espacio bajo la escalera, un rincón subestimado que, con una buena placa de melamina y tres dicroicas bien ubicadas, puede convertirse en una ideal de concentración.
–instalar muebles flotantes, que alivianan visualmente el ambiente y facilitan la limpieza (un factor vital en espacios pequeños, para evitar la sensación de saturación).
Lugar especial
Plantear una zona de estudio implica mucho más que adquirir muebles: es una declaración de intenciones sobre cómo se valora el tiempo y la salud mental. La mejor arquitectura siempre será aquella que logre hacer la vida más simple.
En definitiva, se trata de conseguir que el mejor lugar de estudio sea aquel que, con sólo mirarlo, invite a sentarse, abrir un libro y permanecer.






















