La semilla del fruto sagrado, nominada al Oscar como mejor película internacional, llegó a los cines de Córdoba con una historia repleta de giros que hacen que las dos horas y media que dura el filme se pasen volando.
La trama recorre un hecho verídico que sacudió a Irán tras el asesinato de Mahsa Amini, una chica detenida en Teherán por no cumplir las normas del régimen teocrático sobre el uso del velo.
A partir de esas imágenes reales, que circularon por el mundo gracias a las redes sociales, el director Mohammad Rasoulof elabora una ficción que muestra la vida de una familia religiosa en la que el padre es investigador de la Corte de la Guardia Revolucionaria.
Imán, el hombre en cuestión, se debate a diario entre tener que firmar acusaciones flojas de papeles que el régimen lleva adelante, y servir a Dios y a su familia con la verdad y el ejemplo.
Rasoulof conoce muy bien la Justicia iraní, ya que el ganador del Oso de Oro en Berlín con There Is No Evil sufrió en carne propia la dureza del sistema tras ser condenado a azotes y ocho años de cárcel por filmar sin permiso del régimen.
Exiliado, el director plantea ahora la historia de la familia de Imán, su mujer y sus dos hijas en medio de las protestas de mujeres por igualdad de derechos.
Lo que comienza siendo un drama familiar y político se transforma en un policial repleto de indagatorias que, por estar excelentemente bien filmadas, quitan la respiración del espectador.
Sensible a los detalles de la fotografía y del sonido, Rasoulof muestra la intimidad de una familia iraní con escrupuloso detalle. Vemos a las mujeres hacer sus quehaceres domésticos con esfuerzo servil, pero también vemos cómo de a poco se cuestionan las bases sobre las que se cimentan los mandatos. De pronto quieren un lavavajillas, un detalle chiquito, pero profundo.
Así, Najmeh (la madre ama de casa) atiende denodadamente a su marido son solo en cuestiones domésticas (a veces lo baña, le corta el pelo, lo acicala), sino sobre todo en cuestiones anímicas vinculadas a su trabajo.
En paralelo, sus dos hijas jóvenes, como era de esperar, cuestionan al régimen del que forma parte su padre y se meten en problemas que hacen implosionar los vínculos familiares.
Intrigante hasta el final, La semilla del fruto sagrado puede resultar algo aleccionadora sobre el final (quizás allí radique su punto débil), pero a su vez deja muchas preguntas que abren un debate que no está del todo cerrado para buena parte del mundo.
Para ver “La semilla del fruto sagrado”
Irán/Alemania/Francia. 2024. Dirección: Mohammad Rasoulof. Drama, intriga. Mizagh Zare, Sohelia Golestani, Mahsa Rostami, Setareh Maleki, Niousha Akhshi, Reza Akhlaghi, Shiva Ordooie. 168 minutos. En cines.