Con el cierre de febrero concluye una nueva temporada estival en Córdoba. Aunque a lo largo de toda la provincia se desarrollan centenares de festivales con variadas propuestas artísticas y gastronómicas, este repaso pone el foco en los encuentros tradicionales y de mayor peso en la agenda cultural.
En esta edición, la mayoría de las programaciones priorizó artistas locales y nacionales. Quedaron atrás los veranos en los que figuras de América Latina y del resto del mundo hacían escala en suelo cordobés. Cosquín Rock fue la figura fuerte de las programaciones y tuvo artistas de renombre internacional como Franz Ferdinand y The Chemical Brothers.
La persistente crisis económica obligó a revisar estrategias y ajustar presupuestos. Aun así, los festivales lograron cerrar con números favorables y funcionaron como plataforma de consolidación para músicos de distintos géneros.
Otro rasgo que terminó de afianzarse fue la incorporación del cuarteto como pieza clave dentro de los festivales folklóricos. No solo como herramienta para potenciar la venta de entradas, sino también como un gesto de reivindicación de la música cordobesa que recientemente fue reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
A continuación, el equipo de Espectáculos de La Voz ofrece un balance de los principales festivales de la provincia, en orden cronológico, a partir de la mirada de los periodistas que cubrieron cada evento.
Jesús María: más de 220 mil entradas vendidas y una apuesta a la renovación
En sus últimas ediciones, el Festival Nacional de Doma y Folklore apostó por la renovación de su grilla y el cuarteto se forjó como el género que cierra casi todas las noches. En su cumpleaños número 60, la grilla enlazó artistas históricos con la sangre joven del género.
Este año, el clima de verano hizo lo suyo y obligó a suspender dos jornadas y agregar una. Sin embargo, la convocatoria tuvo picos con varias noches agotadas y un caudal de público que la estableció como récord.
Juan López, junto a la vicepresidenta Heddy Carrizo, anunciaron al finalizar que la cifra total superó los 220 mil tickets, un registro inédito para el tradicional encuentro.
De cara al futuro, López planteó la intención de regresar al formato de diez noches, con el objetivo de concentrar la programación artística y optimizar costos, bajo la premisa de que el público se mantiene estable más allá de la extensión del calendario.

El balance también reflejó un cambio sostenido en la identidad artística, con la incorporación de figuras fuertes del folklore, el cuarteto y otros géneros urbanos como el trap. Según las encuestas realizadas por la organización, el 70% de los asistentes tiene entre 15 y 40 años, un dato que orienta la programación y confirma el recambio generacional.
A esto se suma el fortalecimiento de la estrategia digital, con una presencia profesional en redes sociales y transmisiones vía streaming que, en algunas noches, alcanzaron picos de hasta 50 mil usuarios conectados en simultáneo.
La edición también quedó marcada por la visita del presidente Javier Milei, quien participó de una de las jornadas más convocantes.
Con récord de público, renovación de audiencias y una estructura organizativa consolidada, la 60ª edición ratificó al festival como uno de los grandes fenómenos culturales y populares del país, con impacto artístico, económico y solidario a través de las 24 cooperadoras escolares que sostiene.
Bisagra política en Cosquín
La 66ª edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín dejó un balance histórico: cinco noches agotadas, mayor concurrencia que en 2025 y una programación que combinó tradición y nuevas estéticas en la Plaza Próspero Molina.
El festival reunió regresos esperados como los de Luciano Pereyra y Soledad Pastorutti –quien celebró 30 años de carrera bajo la lluvia–, el impacto generacional de Milo J y el debut de Cazzu, que fusionó trap y folklore. También hubo momentos consagratorios y homenajes a figuras históricas.
Cosquín estuvo atravesado por tensiones políticas tras las declaraciones de Luciana Jury, lo que abrió un debate sobre el rol del escenario y el vínculo entre arte y militancia.
En ese sentido se marcó un contraste con su festival hermano, Jesús María. Mientras uno recibió la visita del mandatario, el otro fue escenario de críticas hacia su gobierno.

Con el correr de las lunas, el clima se reencauzó hacia lo artístico, con mensajes más sutiles y llamados a evitar la “grieta”.
En paralelo, la organización sumó mejoras como la terraza gastronómica “La Próspero”, que elevó la experiencia del público.
Entre los desafíos hacia 2027, se planteó ampliar la participación de nuevos talentos en la grilla central, sin perder el sentido tradicional que le aportan los artistas consagrados.
Villa María: el intento de remontar lo que se tuvo
No hace muchos años, este diario marcaba la cercanía que supo tener el Festival Internacional de Peñas de Villa María con el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Más allá de aquella comparación, sostenida en programaciones con figuras internacionales, la crisis económica volvió a obligar a reformular planes y a delinear grillas más terrenales, sin resignar identidad.
Este año, la 58ª edición cerró con una convocatoria alta, aunque algo por debajo de la vara que dejaron años anteriores, acostumbrados al sold out anticipado. Según informó el municipio, unas 50 mil personas asistieron al Anfiteatro Municipal a lo largo de las cinco noches principales. Las dos primeras jornadas mostraron todas las localidades vendidas y en las tres restantes hubo un “casi lleno”. El balance oficial fue positivo por el impacto económico, aunque desde el propio gobierno local surgieron observaciones sobre aspectos a mejorar.
La apertura fue una noche folklórica épica: una peña gigante con figuras como Soledad Pastorutti y Luciano Pereyra, dos artistas con fuerte vínculo con Córdoba y Villa María que ofrecieron shows memorables.
La jerarquía artística se sostuvo el tercer día con una presentación demoledora de Fito Páez y el magnetismo habitual de Abel Pintos. También fue bien valorada la presencia de talentos locales como Fabricio Rodríguez y Emma Roach. En total, el escenario recibió a 22 artistas nacionales e internacionales, además de 12 artistas villamarienses –incluidos ganadores de certámenes– y tres academias de danza de la ciudad, reforzando el perfil federal y comunitario del evento.
En las noches urbanas y de cuarteto hubo matices. La jornada puramente cuartetera no logró agotar entradas, algo poco habitual en otros años, aunque destacaron el debut solista de La Pepa Brizuela y el magnetismo de Euge Quevedo.

Esta jornada coincidió con el Cosquín Cuarteto que se realizó en la plaza Próspero Molina. Muchos de los artistas programados estuvieron en ambos eventos. En un contexto en el que el género fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que el cuarteto haya tenido su propio Cosquín y su fuerte presencia en el resto de los festivales no hace más que agigantar su figura. En la Próspero Molina se vivieron dos días a puro cuarteto y baile, con la gente predispuesta a bailar felices y sin inconvenientes visibles. Pulgar para arriba para la organización.
Volviendo a Villa María, el cierre internacional con Morat mostró un público fiel y entusiasta. No alcanzó para llenar el estadio, pero estuvo cerca, en un show intenso de principio a fin.
En el plano institucional, el municipio amplió las cifras de impacto. Desde el 1 de febrero, la recaudación total generada por los distintos eventos vinculados al festival alcanzó los $ 28.700 millones. La organización también informó la ocupación plena de las 405 habitaciones hoteleras afectadas al festival en Villa María y la región, junto con la participación de más de 400 emprendedores y 12 peñas en el Recorrido Peñero.
Cosquín Rock: el padre del verano cordobés
Cosquín Rock es el festival más importante del verano en Córdoba y lo ratifica con una infraestructura imponente y el despliegue necesario para producir una grilla con más de 100 artistas, varios de ellos de factura internacional.
Las 14 hectáreas del Aeródromo Santa María de Punilla recibieron a más de 90 mil personas entre las dos jornadas. Si bien la convocatoria fue menor que en años anteriores, las reformas logísticas y la reorganización del predio —con la distribución de sus seis escenarios— mostraron una experiencia más pulida y cómoda para la mayoría del público.
Como puntos a mejorar, podría ampliarse la presencia de baños y elevar la calidad de la oferta de comidas rápidas.
En lo artístico, la grilla evidenció una retracción del género urbano, con Dillom y Ysy A como principales exponentes. Los históricos dijeron presente: Las Pelotas (presentes desde la primera edición), Ciro y los Persas con canciones de Los Piojos, Bersuit Vergarabat —con el regreso de Gustavo Cordera a una cita masiva—, Kapanga y Divididos.
También se destacaron artistas que coronaron un 2025 a puro estadio, como Airbag y Lali. No faltaron figuras consagradas como Fito Páez, Marilina Bertoldi, Abel Pintos, Turf y Las Pastillas del Abuelo.
La cuota internacional estuvo a cargo de Franz Ferdinand, The Chemical Brothers y Hermanos Gutiérrez, además de la presencia de músicos emblemáticos como Marky Ramone (ex-Ramones) y David Ellefson (ex-Megadeth).
La programación volvió a abarcar rock, pop, blues —con la ya instalada “Casita del Blues”—, trap, rap y DJs de electrónica, combinando variedad con nombres que acumulan años consecutivos en el festival.
Más allá de la expectativa por posibles discursos políticos, no hubo grandes manifestaciones, ni siquiera en shows como los de Dillom, Lali, Marilina Bertoldi o Bersuit.

La multitud que viaja desde todo el país a la máxima cita rockera fue menor que en ediciones anteriores –quizás en coincidencia con eventos de gran magnitud como el show de Bad Bunny–; sin embargo, el impacto económico fue contundente: más de $ 50 mil millones, según la medición del Instituto de Cultura Contemporánea.
De acuerdo con datos preliminares del Estudio de Triple Impacto del ICC, los turistas gastaron más de $ 9 mil millones en comercios y servicios locales, a lo que se suman otros $ 9 mil millones en alojamiento y más de $ 5 mil millones en transporte.
Uno de los datos más relevantes es el carácter federal del evento. Según el informe de la propia productora: el 52,10% de los asistentes provino de otras provincias –principalmente Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, Tucumán, Salta y Entre Ríos–, mientras que un 2,10% correspondió a público internacional, con visitantes de Uruguay, Chile, Perú y Bolivia.
Sea cual sea su procedencia, los asistentes prefieren vivir la experiencia acompañados, una tendencia que se mantiene según los estudios de ediciones anteriores.
Felicitaciones a la organización por la producción del Escenario Sorpresa, donde se vivió el estallido de Ji ji ji con Abel Pintos; donde León Gieco cantó con Agarrate Catalina tras pasar por el escenario de Trueno. El mejor encuentro fue el de Litto Nebbia con El Kuelgue.
Una reivindicación para uno de los fundadores del rock nacional que nunca tuvo lugar en el festival. ¿Será un gesto de augurio para su debut el año que viene?


























