Muy buena decisión la que tomó la producción del concierto de Airbag de este sábado. Al ver el pronóstico de una noche de tormenta, decidieron adelantar el show a las 20.30.
Los hermanos Sardelli hicieron lo suyo para evitar que su público afrontara el clima complejo y el granizo que cayó en diferentes zonas de la ciudad: acortaron la lista y dejaron de tocar aproximadamente 10 temas menos de los que hicieron en Rosario la noche anterior.
Sin embargo, el tiempo ganado se perdió a la salida, cuando el tránsito cortado por agentes municipales desató un caos en medio del diluvio. Los asistentes tuvieron que sortear varias dificultades al retirarse, desde quedar atrapados en un embotellamiento interminable hasta no conseguir taxis, debido a la imposibilidad de estos de llegar a la zona.
Más allá de los inconvenientes climáticos, en el Playón Norte del Mario Alberto Kempes hubo una verdadera fiesta de rock and roll. Allí, donde la gente cantaba y pogueaba sin parar, la lluvia fue una invitada más a una noche histórica para Pato, Gastón y Guido en Córdoba. La banda ya está en nivel de estadios: los cinco River de 2025 dan fe de ello.
“La Docta” debería esperarlos puertas adentro la próxima vez. 30 mil personas hicieron sold out en su último show antes de un doblete en River.
Have you ever seen the rain?
El show de Airbag no fue muy distinto de lo que hicieron meses atrás en la Plaza de la Música. El setlist apuntó a presentar casi todo El club de la pelea, su álbum más reciente.
De la misma manera que en los River y en la mayoría de los shows de la gira, tras tocar los temas del disco van enlazando un repaso por su carrera y por sus mayores éxitos, logrando un buen balance entre las baladas y la energía eléctrica de sus temas más rockeros.
Si bien esta noche no fue la excepción, tuvieron que eliminar el segmento acústico que hacen en el living que arman en medio del escenario y en el que se distienden tomando tragos y haciendo algún que otro cover, como Sultans of Swing o algún hit beatle. Gracias al recorte, la banda se encontró en un estado de gracia a la hora de tocar rock and roll. La lluvia terminó siendo una aliada: aparecía en los momentos más calientes para refrescar al público y frenaba cuando era necesario para permitir apreciar los pasajes de calma.
Antes de la mencionada tormenta, el Kempes era una caldera: la temperatura llegaba a los 33° y la gente agitaba desde la previa. El ingreso fue simple y cómodo, con las virtudes propias del estadio y su buena predisposición del espacio. En el sector derecho del campo, la gente se agolpó rápido y allí se concentró la mayor densidad del público: los que saltaban y cantaban con las banderas flameando. Del lado izquierdo, el clima era más familiar, con niños subidos a los hombros y grupos grandes de personas sentadas que esperaban con paciencia el inicio.
La primera parte del show fue electrizante, huracanada y en llamas.
Cuando Airbag salió a escena, se sintió como un aluvión de estímulos: el calor sofocante, la humedad plena, la gente exaltada y los Sardelli con la energía a tope. Las pantallas mostraban fuego y jinetes cromados incendiados; delante del escenario salían llamas y, en el campo, el salto y la caída del agua comenzaban a formar pequeños bancos de niebla que se disipaban con las brisas que envolvían el estadio.
Como un bombazo, lanzaron una seguidilla irresistible de diez temas sin parar. En ella sonaron Fugitivo, Vivamos el momento, Noches de insomnio y Corazón lunático, entre otras, varias de ellas respaldadas una vez más por fuegos artificiales.
Los Sardelli hablaron muy poco. A Perdido (tema acompañado por imágenes de Maradona en pantalla) Pato lo cerró saludando al cielo con un grito: “¡Para vos, Diego!”.
Después, admirando lo que pasaba abajo con la gente que no frenaba a pesar del agua, expresó: “¡Mirá la noche que nos regaló Dios, loco!”.
Motor enfermo
Baladas como Nunca lo olvides, Pensamientos y Cae el sol servían para tomar aire. Cuando no se pogueaba, se armaba la pared infinita de celulares filmando. El clima festivo puso eufóricos a Pato y a Guido, mientras que Gastón se replegó como si cuidara a ambos desde atrás. Cabe destacar también a los dos integrantes restantes: detrás de una pared de Marshalls estaba Joselo Berrone en los teclados y, en la batería, Sebastián Roascio.
En esta ocasión, Pato tomó el protagonismo y llevó las riendas del show a un ritmo frenético. El recorte de la lista también hizo que Guido cantara menos de sus temas, por lo que estuvo mayormente en su costado izquierdo del escenario.
La tormenta castigó y las pantallas comenzaron a fallar hacia el final del show. Justo cuando Pato agarró el piano y tocó Cicatrices y Gran encuentro, bromeó con “el rompecabezas” que formaban los pocos cuadrados que todavía dibujaban píxeles. El resto había quedado negro.
Con la tormenta amenazante, el final del show fue apurado. Por mil noches fue festejada por todos y tuvo un cierre épico con los tres Sardelli en pantalla. De ahí, el escenario y el campo se tiñeron de rojo para el ritual de Colombiana. La lluvia no frenó a nadie y muchas mujeres se desnudaron frente a las guitarras de Guido y Pato.
Del rojo se pasó al verde y Kalashnikov sonó estridente como un tiroteo. La despedida llegó con Solo aquí, con todo el Kempes saltando bajo la lluvia. Un cierre épico para un 2025 histórico. Esa palabra usó Pato para despedirse de Córdoba.
Si hay otro Kempes, que sea adentro.
Las fotos del show de Airbag en el Kempes





































