En una charla íntima y cargada de emoción en Infobae al Mediodía, la periodista Débora D’Amato compartió el recorrido que la llevó a formar su familia monoparental.
D’Amato se sinceró sobre un proceso que no fue una elección desde el primer día, sino una realidad que se fue construyendo. “No lo elegí, se terminó dando”, expresó, aunque aclaró que su deseo de ser madre siempre fue una certeza.
Durante la entrevista con Maru Duffard y equipo, Débora recordó cómo los miedos laborales casi empañan su sueño. “En este mundo maravilloso en el que vivimos, hubo un momento en el que el trabajo me hacía dudar si iba a poder sostener mi carrera y a la vez ser mamá, lo cual es espantoso. Se puede, quiero que sepan que todo se puede”, alentó con firmeza.
D’Amato relató que pasó once años en pareja intentando concebir sin éxito. La respuesta llegó casi por casualidad, acompañando a una amiga a una consulta de fertilidad con el doctor Fer Neupiller. Tras descubrir varios miomas, su panorama de salud se volvió complejo, pero recibió una promesa que la mantuvo en pie: “Tranquila, que está todo bien... Hay que esperar un tiempo y si algún día querés, vas a poder ser mamá”, le dijo su ginecólogo, Martín Anchorena.
El reloj biológico también fue un tema de debate interno. “Sentí que les iba a dar una mamá muy grande. Pero después me acordé de mi mamá, que me tuvo a los 40, y dije: mi vieja me dio una vida hermosa”, reflexionó la periodista.
Uno de los puntos más fuertes de su testimonio fue la lucha contra los prejuicios, tanto ajenos como propios. Al elegir un donante, Débora buscó la honestidad total con sus hijas y consigo misma. “Digo que soy mamá soltera, no sola, porque tengo un montón de gente a mi alrededor. Ahora, en el día a día, en mi casa somos tres”, explicó.
Sobre el diálogo con sus pequeñas acerca de su identidad, D’Amato fue tajante: “Yo a Lola nunca le mentí. Siempre le conté el cuentito de una señora que era yo... Jamás le planteé una situación de ausencia. Siempre le dije que formábamos parte de una nueva familia”.
Débora no ocultó que la llegada de su segunda hija, Charo, fue un punto de quiebre. “La llegada de Charo sí me desbordó. Me largué a llorar en un nivel… Me volví a mirar al espejo y dije: ‘Hacemos lo que podemos, no lo que queremos. Relajate’”.
Finalmente, destacó el apoyo incondicional de su propia madre, cuya validación diaria sigue siendo su motor, y la tranquilidad de haberse sentido siempre respaldada en su lugar de trabajo, disipando su mayor temor inicial de quedarse sin empleo por su decisión de vida.






















