El primero de enero de 2001 se emitió el primer programa de Intrusos, con la conducción de Jorge Rial. Entre los integrantes del equipo estaba Pablo Layus, quien por aquellos días comenzaba a trabajar como empleado del canal América. Con un pie en Buenos Aires y otro en Córdoba y en Villa Carlos Paz, el periodista logró establecerse como cronista y fue el encargado de las coberturas de verano desde el primer programa.
Actualmente, también cuenta con su propia radio por streaming y una página web que actualiza diariamente con noticias del espectáculo. Un todoterreno made in Córdoba.
No se puede pensar una temporada teatral carlospacense sin la presencia del reconocido cronista. Sin dudas, uno de los principales testigos del inconmensurable crecimiento de la villa como destino turístico y laboral para los famosos.
En diálogo telefónico con La Voz, desde Buenos Aires, Layus repasa lo que fue su historia personal y, por supuesto, la de Intrusos. Recién llegado a su casa, luego de haber visitado el Gigante de Alberdi para el clásico contra Talleres, Layus afirma que había viajado con la ilusión de ganar. Consultado por la polémica del partido, dijo: “No hubo ni robo ni nada a favor del rival. Lo que pasa es que los árbitros son todos malos”.
Si bien el pasado domingo era una ocasión especial, la pasión de Pablo hace que viaje a los encuentros que su club juega como local. “Soy socio y tengo mi butaca para ir a todos los partidos. Me puede pasar que a alguno no pueda ir por trabajo, pero trato de ir siempre”, comenta el hincha pirata.

–¿Cómo llegás a “Intrusos”?
–Llego por ser corresponsal de América en Córdoba. En ese primer programa, me pidieron cubrir el festejo de Año Nuevo de Matías Alé y Graciela Alfano, porque ella hizo esa temporada en Carlos Paz. De ahí, para aprovechar la cámara y la producción había que inventar algo, así que fuimos y le hicimos nota a La Mona Jiménez en un baile. Mirá, hoy no te hace falta ir a los festejos de Año Nuevo porque lo que se buscaba era ver cómo lo vivían los famosos. Hoy con las redes lo podemos ver todo, ya está.
–¿Qué significa para vos ser parte de estos 25 años?
–Uno no repara tanto en pensar lo que significa trabajar 25 años para un programa de televisión. Más en uno como Intrusos; con todos los cambios que tuvo, ¿no? Y es importante haber logrado seguir adelante. Además, fue uno de mis objetivos. Yo me planteé instalarme en Buenos Aires y poder aprender todo de la profesión que elegí. Y un programa así te permite eso. La dinámica y la forma de trabajar que tiene es demandante, agotadora, pero también muy enriquecedora.
–¿Cómo fuiste viviendo todos los cambios del ciclo?
–Los cambios demostraron que Intrusos es una marca. Y que muchas veces la conducción es importante, pero también el nombre, porque el rating se mantiene siempre igual. Entonces, eso conlleva todo un desafío constante. Adaptarse a la salida de Jorge (Rial), Luis (Ventura) y acoplarte vos a los nuevos conductores también lo es. Cada uno tiene su impronta totalmente distinta. Destaco a los que estuvimos siempre. Por ejemplo, Marela (Tauro), o el propio Ventura, se regían por la forma clásica y típica de conducir Intrusos. En el último tiempo, vino Flor de la V, que le dio otra dinámica; y ahora Pallares y Lussich son muy divertidos. Cada uno a su forma, pero la marca rinde.
–¿Es difícil hacer periodismo de espectáculos actualmente? Marcaste un cambio importante que es la presencia de las redes sociales.
–Hoy competís con otros factores. Uno va contra el propio protagonista, que le encanta mostrar y contar su propia historia en redes. Es como que se publicita a sí mismo, es su propio vocero. Y después tenés un papel muy importante que es el de su entorno. De un hecho salen todos a contar su campana con respecto al protagonista. Mirá, los abogados mediáticos han crecido mucho en los últimos tiempos. Y están al acecho de tener su momento de pantalla y volverse prácticamente protagonistas junto con su representado. Es el caso de los Burlando, Pierri, Rosenfeld y demás.
–¿Puede ser que haya menos escándalos y peleas? Hace unos años, uno ponía “Intrusos” y había peleas fuertes. ¿Estaban armadas como para atraer?
–Lo que pasa es que estamos todos con “la novela turca”. ¿Cómo hacés para salir de una historia que supera hasta cualquier ficción? La gente la compró desde hace mucho tiempo y sus protagonistas tienen todos los condimentos: el futbolista millonario, la chica linda y malvada, los abogados... todo lo que se haga queda empañado por eso. No se la puede imaginar ni el mejor guionista. Y todos los días tenés un capítulo nuevo. Es insuperable. Antes, el 90% sucedía naturalmente. Tal vez estaban un poquito agrandadas, digamos, con algunos detalles. Los protagonistas le ponían ese picante que había que ponerle como para que la historia realmente sea comprada. Pero la gran mayoría de esas cosas sucedían.
–¿Cómo se atrae al público del teatro?
–Hoy la tele y el teatro perdieron una usina que era muy buena: Bailando por un sueño y ShowMatch. El teatro tiene que hacer autocrítica y empezar a buscar la forma de volver a atraer al público, que se fue perdiendo con el tiempo. Son muy poquitas las obras que subsisten. También es cierto que estamos en crisis económica. Y uno de los primeros gastos que se recorta tiene que ver con ese tipo de salidas.
–Ambrosino en Mar del Plata y vos en Carlos Paz. ¿No pensaron en intercambiar cambiar alguna vez?
–Ni loco. Tengo mi familia allá en Córdoba, tengo mis amigos y mi vida. Imaginate que yo conozco a los chicos que manejan los teatros, los boliches... En su momento, cuando empecé, eran los hijos de los dueños de esos lugares. Entonces, ese es un capital que tengo que me permite manejarme como pez en el agua.
–La viste crecer...
–Intrusos tuvo que ver con eso. En los primeros años, cuando me pedían: “Andá y cubrí tal cosa”, no había una cobertura total de Carlos Paz. Esta era una plaza que los actores elegían como último lugar para ir. Cuando uno dejaba de hacer teatro en Buenos Aires o Mar del Plata, recién miraba a Carlos Paz. Era como que desaparecían del plano nacional televisivo. Lo que pasó con el programa fue que se empezó a notar el resultado que tenían esas coberturas. De repente, tenías a Graciela Alfano, Silvia Süller que armaba quilombos... y eso fue creciendo gracias a las figuras que aparecían. En 2004 ya teníamos un móvil satelital y salíamos todos los días a cubrir. Los otros medios fueron copiando. Entonces ya no éramos solamente nosotros, sino que estaban Canal 13, Canal 9, los programas de Viviana Canosa mandando su gente. Carlos Paz fue creciendo. Paralelamente creció la oferta teatral y no importaba que estuvieras a 700 kilómetros de Buenos Aires. Con los años, fue llegando la inversión en los teatros, y fuimos viendo cómo se hacía el Luxor y los demás. Otro punto fuerte fue cuando vino Jorge Ginzburg con Wanda Nara y Evangelina Anderson. Llegaban Nito Artaza, el Negro Álvarez, Cacho Buenaventura... Se fue armando una plaza linda que atrajo la atención del país y también mucho turismo.
–¿Cómo es tu dinámica laboral en los veranos? ¿Sos un pionero del trabajo de las redes?
–Tengo a mis hijos viviendo en Carlos Paz y estoy divorciado hace cuatro años. Eso me obliga a estar constantemente con un pie en cada lado. En este momento compré radio WO, que está ubicada allá, y eso también me tiene viajando todo el tiempo. Tengo mi sitio web desde hace largo tiempo, y no te digo que sea un pionero, pero sí fui uno de los primeros en ver esto de las redes como una herramienta para comunicar. Mi sitio, al principio, era un blog, que era lo que se usaba, y después fue transformándose. De ahí me nutro para las redes, con la información que uno va teniendo. Y ahora, con lo de Carlos Paz, surgió en un momento la posibilidad de comprar una frecuencia. Siempre fue mi idea. Mi idea del día de mañana es volverme a Carlos Paz y terminar ahí mis días. Pero nada mejor que con un medio propio y ya viendo otras cosas. Que obviamente van teniendo un montón de cambios, porque ahora está lo del streaming, que obliga a muchas cosas también. La profesión es un desafío permanente.