Desde el 20 de enero último, cuando Donald Trump asumió su segundo mandato, el presidente de Estados Unidos no pasó ni un día sin generar controversia con sus decisiones de gobierno. Pero ninguna discusión había alcanzado hasta ahora la magnitud de la suscitada por su riesgoso y polémico plan de aranceles recíprocos que anunció a mediados de esta semana desde los jardines de la Casa Blanca; lo hizo en un tono triunfalista y rayano en lo mesiánico, desatando la euforia entre sus seguidores incondicionales y la irritación entre sus detractores de adentro y de afuera.
Con su característico enfoque disruptivo y de confrontación permanente, anunció la tremenda carga impositiva a productos que ingresen al país desde el resto del mundo, marcando un antes y un después en las relaciones comerciales internacionales, según expertos en el intercambio de bienes, servicios y capitales entre los países.
La guerra comercial que el inquilino de la Casa Blanca declaró al mundo a través de los gravámenes indiscriminados, generó consecuencias desde el momento mismo de su anuncio que no sólo sacuden la economía estadounidense sino que, al mismo tiempo, provocaron reacciones adversas en distintas partes del mundo.
El sábado, el mandatario norteamericano reconoció que su “revolución económica” para recuperar la industria nacional y crear empleos de calidad, “no será fácil, pero el resultado final será histórico”. Lo hizo a través de un posteo en su red Truth Social en el que les pide a sus compatriotas: “Manténganse firmes”, condición que considera crucial para “resistir” las represalias que le llueven desde diversos rincones del planeta.
Uno de los primeros choques comerciales frontales fue con China. El gigante asiático respondió a los aranceles impuestos por Trump con un golpe económico de 34% de carga impositiva a los productos estadounidenses.
La respuesta de la potencia asiática es sólo la punta del iceberg de una confrontación que ha ido escalando en varios frentes.
Daños y recompensa
En ese contexto, el magnate neoyorquino sostiene que el daño que su país sufre en estos días será recompensado con creces a largo plazo. Según el presidente norteamericano, su plan permitirá a Estados Unidos recuperar empleos y negocios de una manera “nunca antes vista”. El mandatario apuesta por un modelo de economía interna fortalecido, pero la realidad es que las consecuencias inmediatas de sus decisiones ya son palpables. Al derrumbe estrepitoso de los mercados financieros, que algunos expertos califican como la mayor crisis bursátil global desde la pandemia de Covid-19, se suman las manifestaciones de descontento en varias ciudades del mundo.
Europa es uno de los principales escenarios de protesta. El sábado, se registraron manifestaciones masivas en contra de los aranceles de Trump en Fráncfort, Berlín y París. También, en Londres y Lisboa, miles de personas salieron a las calles a levantar la voz contra el líder republicano y su política de aranceles.
En Berlín, manifestantes frente a una exposición de Tesla descargaron su descontento contra uno de los principales asesores del presidente, Elon Musk, también blanco de críticas por sus políticas de ajuste despiadado del gobierno estadounidense.
Al mismo tiempo, en Lisboa, un millar de ciudadanos estadounidenses residentes en la capital de Portugal y enrolados en el movimiento “Hands off” (Manos afuera) se manifestaron en la Plaza de Comercio contra la administración Trump y la gestión de Musk en el Departamento de Eficiencia Gubernamental. Los señalan como los principales responsables de “la destrucción de la democracia” y la implementación de una “dictadura” en Estados Unidos.
Resistencia global
El lema “¡Manos fuera!” se ha convertido con rapidez en una consigna global en rechazo a la interferencia de la administración Trump en asuntos internos que van desde la economía hasta los derechos humanos.
Las pancartas que se desplegaron este sábado en ciudades europeas no sólo cuestionaban las decisiones comerciales de Trump, sino también su manejo de los derechos civiles, su desdén por las políticas sociales y su ataque constante a las instituciones democráticas.
En Londres, ciudadanos manifestaron en las calles su “vergüenza” por la postura de Estados Unidos frente al mundo.
En París, en tanto, manifestantes cantaron al unísono Masters of War (Maestros de la guerra) de Bob Dylan, un himno generacional contra la militarización y las políticas autoritarias. Y es que, más allá de los aranceles, los opositores a las políticas de Trump consideran que lo que realmente está en juego en esta guerra comercial es el liderazgo moral de Estados Unidos en el escenario global.
La percepción de que Trump está conduciendo a su nación hacia un aislamiento económico y político ha calado hondo en muchos sectores, tanto dentro como fuera de su país.
Para el mandatario, sin embargo, estas manifestaciones son un pequeño costo a pagar por lo que él asegura es una disputa a largo plazo. El jefe de Estado norteamericano defendió, incluso con cierta arrogancia, que su postura será beneficiosa para la economía de su país.
No obstante, desde el anuncio del esquema arancelario que el sábado entró en vigor en gran proporción, los mercados caen sin solución de continuidad y las tensiones aumentan, impactando de manera negativa en la imagen de Estados Unidos frente al concierto de naciones, tendencia que parece encaminarse hacia la consolidación.
Una difícil batalla por el futuro económico
Analistas políticos estadounidenses e internacionales coinciden en calificar de complejo el panorama para la administración republicana. Consideran que la “resistencia” que Trump pide a sus compatriotas frente a las represalias económicas globales está lejos de ser una posición unánime. Y advierten que si bien el presidente puede estar convencido de que su estrategia llevará a Estados Unidos hacia una recuperación de sus intereses, el costo social y político de este proceso podría ser mucho más alto de lo que imagina. En consecuencia, la batalla por el futuro económico de Estados Unidos no será fácil, y la contraofensiva global está demostrando que, por más fuerte que Trump autoperciba a su gobierno, la fuerza mayoritaria de la opinión pública mundial no se puede subestimar.