El gobierno estadounidense de Donald Trump ejecutó en la madrugada de este sábado 3 de enero una operación militar planificada en Venezuela a través de la cual capturó y sacó del país a dictador Nicolás Maduro, lo que marca un giro radical en la historia latinoamericana.
Alrededor de las 2 de la mañana (hora de Caracas), una serie de fuertes explosiones, columnas de humo y el sobrevuelo ensordecedor de aeronaves a baja altura sacudieron la capital venezolana y varias regiones del país. Lo que inicialmente parecía un bombardeo estratégico se confirmó horas después como una operación de extracción coordinada: el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados por la Fuerza Delta del Ejército de los Estados Unidos.

Los ataques comenzaron de forma simultánea en puntos neurálgicos. Reportes indican que las detonaciones impactaron objetivos militares y civiles en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira. Entre los lugares señalados se encuentran Fuerte Tiuna –la principal instalación militar del país–, la Base Aérea La Carlota, el aeropuerto de Higuerote y sedes de cuerpos de élite de la policía.
Testigos presenciales informaron que la zona sur de Caracas sufrió un apagón total tras los estallidos.
Más tarde, el presidente Trump, desde su residencia en Mar-a-Lago, confirmó la noticia a través de su red social Truth Social: “Los Estados Unidos de América han llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien ha sido capturado junto con su esposa y trasladado fuera del país”.

En una breve entrevista posterior con The New York Times, el mandatario calificó la misión como una “operación brillante” ejecutada por “grandes soldados”.
La unidad encargada de la captura, la Fuerza Delta, es la misma unidad antiterrorista responsable de la misión de 2019 donde murió el líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi. Según fuentes oficiales citadas por CBS News, la operación incluyó ataques aéreos para proteger y defender al personal que ejecutaba la orden de detención.
Justificación de Washington: “Narcoterrorismo”
La intervención no ocurrió en un vacío. Desde finales de 2025, la administración Trump había intensificado una campaña de “máxima presión” bajo la Operación Southern Spear (Lanza Sur). Esta operación utilizó una flota híbrida de buques con robótica y armas autónomas para combatir el tráfico de drogas en el Caribe, culminando con la designación del Cártel de los Soles como una Organización Terrorista Extranjera el 24 de noviembre de 2025.
El senador republicano Mike Lee, tras conversar con el secretario de Estado Marco Rubio, afirmó que la captura busca juzgar a Maduro por delitos penales en Estados Unidos, amparándose en la autoridad del presidente para proteger al personal estadounidense de ataques inminentes. Desde agosto de 2025, el gobierno de Trump había duplicado la recompensa por Maduro a 50 millones de dólares, la más alta en la historia de EE. UU..
Respuesta del régimen: Estado de conmoción y silencio
En Venezuela, la reacción fue de caos y denuncia. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, calificó el acto como la “más criminal agresión militar” y reportó que se están contabilizando muertos y heridos en zonas civiles. Por su parte, la vicepresidenta Delcy Rodríguez exigió de inmediato una “prueba de vida” y la ubicación exacta del mandatario y su esposa, cuyo paradero sigue siendo desconocido.
Antes de su captura, Maduro había firmado un decreto declarando el estado de conmoción externa en todo el territorio nacional, instando a las fuerzas sociales a una movilización popular contra lo que llamó el “ataque imperialista”. El gobierno venezolano ha solicitado formalmente una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, denunciando una violación flagrante del Derecho Internacional y de la soberanía nacional.
Un despliegue militar sin precedentes
Para ejecutar esta ofensiva, Estados Unidos movilizó un contingente masivo en el Caribe Sur. El dispositivo incluyó al portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de su flota, junto a destructores armados con misiles Tomahawk y más de 15.000 efectivos. La presencia naval estadounidense en la región alcanzó niveles no vistos desde mediados del siglo XX.
Como medida de seguridad, la Administración Federal de Aviación (FAA) prohibió a todas las aerolíneas comerciales estadounidenses operar en el espacio aéreo venezolano, citando riesgos por la “actividad militar en curso”.
Impacto internacional y regional
La comunidad internacional ha reaccionado con rapidez y posturas encontradas.
Rusia calificó el ataque como un “acto de agresión armada” y exigió que se garantice a Venezuela el derecho a determinar su destino sin intervención externa.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro manifestó su “profunda preocupación” y rechazó las acciones militares unilaterales, ordenando medidas preventivas en la frontera para atender una posible crisis humanitaria.
En contraste, el presidente Javier Milei celebró la noticia en redes sociales con un efusivo “Viva la libertad carajo”.
El dictador cubano Miguel Díaz-Canel denunció el “ataque criminal” y pidió una reacción urgente de la comunidad internacional.
Expertos señalan que esta es la sexta intervención militar de Washington en Latinoamérica en los últimos 75 años, siguiendo los pasos de operaciones en Cuba (Bahía de Cochinos), República Dominicana, Granada, Panamá y Haití. Sin embargo, a diferencia de la invasión tradicional de Panamá en 1989, esta operación se centró en ataques quirúrgicos y el uso de tecnología avanzada para evitar una guerra terrestre prolongada.
El futuro de Venezuela es incierto. Aunque líderes opositores como María Corina Machado han afirmado que el despliegue animó a movimientos clandestinos para una transición, analistas advierten sobre el riesgo de un vacío de poder que podría derivar en una guerra civil si no se establece pronto un gabinete de transición.
Por ahora, la comunidad internacional aguarda la conferencia de prensa de Trump programada para las 11.00 en Mar-a-Lago, donde se espera que se revelen más detalles sobre el destino de Maduro y los próximos pasos de la administración estadounidense en el hemisferio.






















