El brusco giro proteccionista que impulsó Donald Trump esta semana alteró las relaciones comerciales globales con un despliegue de medidas que involucran no sólo a China, sino también a otros actores clave de la economía mundial.
La imposición de aranceles recíprocos desencadenó un aluvión de reacciones, desde represalias directas hasta ajustes estratégicos que podrían reconfigurar el mapa económico global. La guerra de tarifas, que parecía inicialmente un movimiento aislado del presidente estadounidense, reveló ser una jugada mucho más compleja y riesgosa, con efectos potencialmente devastadores en los mercados, la política y las relaciones internacionales.
Sin demoras, China anunció este viernes la aplicación de un arancel de 34% sobre todos los productos estadounidenses a partir del 10 de abril. Si bien la medida no causó sorpresa, demuestra una contundencia que no deja lugar a dudas acerca de cómo se parará el gigante asiático ante la segura escalada de la disputa comercial.
Trump interpretó que las represalias de China a sus aranceles demuestran que “entró en pánico” y volvió a restar importancia al desplome bursátil, que ve más bien como una oportunidad para “hacerse rico”.
“China se equivocó, entró en pánico. La única cosa que no pueden permitirse hacer”, escribió el inquilino de la Casa Blanca en su red Truth Social antes de ir a su club de golf en Florida.
Beijing dejó claro que no se quedará de brazos cruzados frente a los embates de Washington. Además de los aranceles, China comenzó a tomar medidas de carácter estratégico, como la restricción de exportaciones de tierras raras, materiales esenciales para la tecnología avanzada, desde los chips de computadora hasta las baterías de vehículos eléctricos.
Esta movida no sólo afecta a Estados Unidos, sino que también envía una señal de que China está dispuesta a utilizar sus activos más preciados en la confrontación económica.
En este contexto, el impacto no se limita a las relaciones comerciales; China está tomando el control de sectores clave en la economía global, particularmente aquellos ligados a la defensa y la tecnología. Esto podría generar nuevas tensiones con otras naciones, mientras Beijing se posiciona como un líder económico y tecnológico, dispuesto a desafiar el orden internacional impuesto por Washington.
Con la mira en Asia
Por su parte, la Unión Europea optó por una respuesta estratégica y diplomática. Mientras Estados Unidos intensifica su proteccionismo, Bruselas comenzó a explorar nuevas rutas de comercio e inversión, especialmente en Asia Central, en un intento por contrarrestar la influencia de la Casa Blanca. Con la primera cumbre de la UE en Samarcanda, se lanzó una propuesta para establecer un corredor de transporte moderno y sostenible, el Transcaspio, que desafía la nueva ruta de la seda promovida por China y evita el dominio de Rusia.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, mostró a través de la “Iniciativa Gateway” una oferta alternativa de cooperación económica que podría reconfigurar las relaciones comerciales globales. En este contexto, la UE se posiciona como un actor fiable y predecible, dispuesto a defender un comercio basado en la sostenibilidad y la cooperación multilateral. Este es un mensaje claro de que Europa está tomando las riendas de su futuro económico frente al proteccionismo estadounidense.
El fantasma de la recesión
El impacto económico de los nuevos aranceles ya está siendo evaluado por los grandes actores financieros. Por caso, JP Morgan, el mayor banco de Estados Unidos, elevó a un 60% la probabilidad de que se produzca una recesión en el país este año. Según su análisis, la escalada arancelaria provocará un aumento impositivo sin precedentes desde 1968, lo que afectará de manera grave el crecimiento económico estadounidense.
La incertidumbre creada por la guerra comercial no sólo impacta a la confianza empresarial, sino que podría desestabilizar aún más las ya frágiles cadenas de suministro globales, advierte el gigante financiero.
El economista jefe de JP Morgan, Bruce Kasman, subraya que el impacto de esta subida impositiva podría agravarse con represalias de otros países, lo que incrementaría las perturbaciones económicas. Esta advertencia es un claro indicativo de que, a largo plazo, las políticas proteccionistas de Trump podrían tener un costo elevado para la economía global.