Al anunciar el miércoles desde los jardines de la Casa Blanca la imposición de aranceles generalizados a productos que ingresen a Estados Unidos desde el exterior, el presidente Donald Trump dio un paso tan audaz como riesgoso que provocó contrariedades entre los principales jugadores del comercio internacional.
Al mismo tiempo, motivó amenazas de represalias inmediatas y llamados multilaterales al mandatario norteamericano para iniciar negociaciones directas tendientes a dar marcha atrás con el polémico esquema impositivo.
Con expresiones exultantes que rozan lo mesiánico, el magnate neoyorquino expresó este jueves: “¡La operación terminó! El paciente sobrevivió y se está recuperando. El pronóstico es que será mucho más fuerte, más grande, mejor y más resiliente que nunca. ¡¡¡Hagamos que Estados Unidos sea grande de nuevo!!!, arengó desde su cuenta personal en la red TruthSocial.
Pero más allá de su invocación a un patriotismo de corte populista, las bolsas de valores no compartieron el optimismo. Este jueves, en Wall Street, los principales índices que abrieron en alza se desplomaron en las primeras horas del día, reflejando una creciente incertidumbre ante el impacto económico de los aranceles. Lo mismo ocurrió en otras bolsas influyentes del planeta.
Expertos en inversiones y analistas de mercado se muestran con más certezas que dudas acerca de que la quizá más ambiciosa y polémica decisión de la actual administración republicana impactará de manera negativa no solo en la economía interna de Estados Unidos, sino también -y en distintos grados- en los países y bloques con los que mantiene relaciones comerciales. Por esa razón, la Unión Europea, China, México, Japón, Canadá y Brasil, entre otros, ya manifestaron su descontento y, en algunos casos, anunciaron represalias inmediatas.
Nadie queda a salvo
Desde el otro lado del Atlántico, las respuestas no se hicieron esperar. La UE se mostró decidida a no quedarse de brazos cruzados. Por caso, el presidente de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, Bernd Lange, denunció que los aranceles de Trump sólo contribuirán a un “ciclo de represalias” perjudicial para ambas partes. En sus palabras, la medida no solo afectará a los consumidores estadounidenses, sino que también dañará la competitividad europea, ya que se espera un aumento de los precios en ambas puntas.
Por su parte, China, condenó de manera enérgica la imposición de aranceles, llamando a un “diálogo equitativo” para evitar una escalada. El Ministerio de Comercio chino consideró que no hay ganadores en una guerra comercial y aseguró que tomaría “contramedidas resueltas” para defender sus intereses, según publicó la agencia de noticias Xinhua.
En la misma línea, el economista Niven Winchester, profesor de la Universidad Tecnológica de Auckland, advirtió que los efectos de los aranceles serán inmediatos, dañando las cadenas de suministro y afectando a mercados sensibles como el de Vietnam, donde los productos estadounidenses podrían ver un incremento de hasta el 46% en su precio.
Repercusiones palpables
La escalada de aranceles ya está teniendo repercusiones palpables. Mientras que el Gobierno de Canadá señaló que los aranceles estadounidenses podrían quebrar la economía mundial, el primer ministro Mark Carney destacó que estos impuestos perjudicarán más a los consumidores estadounidenses que a los países a los que se les imponen.
En un tono similar, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, calificó la decisión de “brutal e infundada”, sugiriendo incluso una paralización de las inversiones estadounidenses en Europa como respuesta. Este panorama de incertidumbre económica se ve ampliado por las amenazas de represalias en el seno de la UE y el posible uso de herramientas como el “instrumento anti coerción”, que podría ser activado para equilibrar las relaciones comerciales.
Fronteras dentro de Estados Unidos, la decisión de Trump de aplicar aranceles a diestra y siniestra ha generado tanto entusiasmo como preocupación. A través de su secretario de Comercio, Howard Lutnick, el gobierno federal argumentó que los aranceles buscarán corregir las políticas comerciales de otros países y reactivar las fábricas y el empleo en Estados Unidos.
El funcionario insistió en que otros países han “atacado” a Estados Unidos durante años, y que es hora de que la principal potencia occidental recupere su posición en el comercio global.
Sin embargo, no todos los sectores dentro de Estados Unidos están tan entusiasmados. La Cámara de Comercio estadounidense en la Unión Europea advirtió en voz alta sobre el daño que estos aranceles provocarán en todas las industrias.
Su director ejecutivo, Malte Lohan, sostuvo que los gravámenes aumentarán los costos para los consumidores y las empresas, una preocupación que se ha convertido en el eje central de la oposición a la política de Trump, especialmente entre las grandes empresas estadounidenses que dependen de los mercados globales.
Por otro lado, el académico David Smith, profesor de la Universidad de Sidney, subrayó que los cálculos detrás de las tarifas arancelarias son cuestionables. En su análisis, la imposición de aranceles podría provocar una disminución significativa en el PIB mundial, afectando no solo a las economías extranjeras, sino también a la propia economía estadounidense.
Analistas internacionales coinciden en que el principal beneficio que parece obtener el líder republicano de esta decisión es la consolidación de su autoridad interna. Infieren que en un contexto político donde el Congreso y la Justicia suelen ser deferentes con el presidente en cuestiones de seguridad nacional, la imposición de aranceles le permitirá movilizar a una base nacionalista que aplaude su “lucha contra las injusticias” del comercio internacional.
Sin embargo, las consecuencias de esta postura podrían ser más complejas de lo que anticipan. Al margen de las reacciones internas y externas, está claro que el efecto dominó de los aranceles está lejos de resolverse.