A los 16 años, Sergio Paschini era puro futuro. Un estudiante secundario en el Colegio Manuel Belgrano lleno de energía y talento. Jinete diestro, disfrutaba el contacto con la naturaleza y hacer tareas rurales en el campo familiar. Habilidoso con las manos, encontraba deleite en reparar objetos y resolver arreglos, alimentando al pichón de ingeniero que llevaba dentro; ese mismo que tácitamente le anticipaba un rol en las empresas familiares de construcción y de fabricación y montaje de estructuras premoldeadas y pretensadas de hormigón. Como el rugby ya lo había enamorado, jugaba con pasión como capitán de su equipo en Bajo Palermo.
Todo lo que ese adolescente prometía para sí y para la extensa familia que lo rodeaba y amaba podría haberse esfumado aquel día de 1978, cuando, al entrar a un scrum, Sergio sufrió un desplazamiento de su cuarta vértebra cervical que lo dejo casi totalmente paralizado. Sin embargo, y seguramente merced a cuantiosas dosis de voluntad, sacrificio y leal compañía, Paschini desplegó con creces todo lo que su enorme potencial prometía.
Terminó su secundario en el Belgrano junto a sus compañeros, se recibió en tiempo y forma de ingeniero civil en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y fue docente seis años en su facultad para “devolver lo que la educación pública” le había dado.
Se enamoró y formó una familia que hasta ahora llega a siete nietos “y medio”, ya que hay uno en camino. Trabajó en todas las áreas de la doble empresa familiar y hace tiempo tomó la posta de su padre como presidente de Estructuras Pretensa y de Paschini Construcciones. Desde allí, lidera junto a hermanos, hijos y sobrinos un grupo que emplea a 240 personas, tiene plantas en Córdoba, Buenos Aires y Puerto Madryn y supera por lejos las 2.600 obras en todo el país, muchas de ellas emblemáticas como la mitad más reciente de la Circunvalación de Córdoba, los estadios de Estudiantes de la Plata y Colón de Santa Fe, el hotel y casino City Center en Rosario, el Villa Allende Shopping (VAS) y el nuevo estadio de Atenas, sólo por citar algunas.
“El invernadero que le construí a mi esposa en nuestra chacra en Villa Los Molinos es mi obra más emblemática”, dice Sergio con una sonrisa. Lo montó al detalle durante todo un verano, bajo el sol perpendicular y con las manos que le prestó un albañil inexperto al que guió milimétricamente desde su silla de ruedas. En el tiempo que comparte con seres queridos en esa propiedad tampoco se queda quieto: siempre está disponiendo reparaciones, construcciones y demás. “Yo era muy buen jinete y pasaba horas a caballo. Arriaba vacas, iba a desfiles. Cuando me accidenté no pude cabalgar más, entonces mi papá me hizo un sulky con ruedas de auto. Una vez, junto con mi esposa, se nos empacó la yegua y casi caemos por una barranca. Así que cambié el caballo por un cuadriciclo: el que hoy tengo lleva detrás un carrito para mis siete nietos, así que los saco a pasear por la chacra”, cuenta regalando una postal de intimidad.
A esta biografía inagotable, y aún en construcción, se puede agregar que Paschini tuvo un paso breve por la política como candidato a concejal de la Democracia Cristiana, se probó en el canto como integrante de un coro vocal clásico durante un buen tiempo; acompañó a matrimonios dictando talleres de formación para la vida en pareja y hasta hoy integra la Fundación de la Unión Argentina de Rugby (Fuar), la ONG que ayuda a los jugadores víctimas de lesiones graves en el campo de juego. Inagotable.
–Hace 14 años le hicimos esta misma entrevista a su papá, Benedicto (fallecido), que tenía el rol que usted ocupa ahora. Contaba que su esposa y los cuatro hijos estaban en la empresa y el primero de los 17 nietos ya calentaba motores próximo a recibirse de ingeniero. ¿Siguen amalgamando así empresa y familia?
–Hicimos hace un tiempo un protocolo, con reglamento y escuela de formación interna; una gran idea de mi hermana Cecilia. Todo integrante de la familia que termina el secundario puede hacer una pasantía de hasta un año y medio tiempo, en la empresa; siempre buscando que luego continúe su formación. Yo entré en 1986, recién recibido de ingeniero civil, al laboratorio de Pretensa. Luego fui jefe de planta, jefe de oficina técnica, luego director comercial y tuve ese rol en Buenos Aires varios años. Al final, regresé y me convertí en presidente.
–Haber hecho todo el camino en la empresa seguro ayuda al momento de liderarla..
–Soy bastante conciliador, entonces siempre ha habido unidad entre nosotros. Por más que sea el presidente no tomo decisiones unilaterales. Con mis dos hermanos que están en la empresa, Cecilia (directora y a cargo de Recursos Humanos) y Guillermo (en finanzas e inversiones y presidente de VAS) hacemos un triunvirato, resolvemos de todo. Es una dirección mancomunada. También tenemos asambleas de accionistas, el directorio ampliado con mi madre y todas las cabezas de cada rama de la familia y un consejo familiar donde están hasta los nietos con sus parejas. Allí se comparte de otra manera, una vez al año hacemos una especie de retiro.
–Tiene cuatro hijos, ¿ellos trabajan con usted?
–El mayor, Nicolás, es ingeniero civil y estuvo ocho años en Paschini Construcciones, pero ahora trabaja para Estados unidos. Lucas, ingeniero agrónomo, gestiona un emprendimiento agrícola que sumamos en Santiago del Estero. Florencia tiene una franquicia en VAS y Candelaria, también ingeniera civil, estuvo cinco años, hizo su primer puente, trabajó en Uruguay para Pretensa y ahora trabaja para el exterior. Es probable que más adelante se reincorpore.
–Antes de ir de lleno al hormigón, ¿sumaron un negocio agrícola, en qué consiste?
–Siempre fui un amante del campo y hasta pensé en ser ingeniero agrónomo. Lucas se recibió y apareció la posibilidad de que lo gestione profesionalmente. Empezamos en 2016. Es un campo en Santiago del Estero de 4.200 hectáreas que tiene un tercio destinado a la producción agrícola y un tercio para la cría y la recría de animales. Y algo muy interesante: una cabaña de la raza Braford, de alta genética, que estamos desarrollando para vender reproductores.
–Volvamos al negocio madre. Los mercados fuertes de Pretensa y la constructora son la industria, por el montaje de naves y demás estructuras; y la obra pública, como contratistas o subcontratistas de grandes empresas. Dos actividad que se frenaron fuerte en 2024, ¿lo sintieron?
–Yo diría más bien que trabajamos para la obra pública y la obra privada, no sólo la industria. Hemos hecho muchos estadios y complejos deportivos, por ejemplo. Hicimos un superdomo espectacular en La Rioja para 13 mil personas, el superdomo de Atenas aquí; casinos, siete supermercados Mami de Grupo Dinosaurio; shopping, mini-shopping en Zona Sur de la ciudad, y concesionarios de automóviles y de maquinaria agrícola en Río Cuarto y Villa María, por citar algunos ejemplos.
–Entiendo, hay mucho más que industria. Igual, la caída de la obra pública fue inédita en 2024...
–En 2024 se frenó muchísimo la obra pública y nuestra actividad bajó al 40%. Luego se fue recuperando y hoy estamos arriba del 60%, probablemente lleguemos a 65%. La obra pública fue fuerte en los últimos años, antes de 2024 y ahora sigue en muchas provincias. En Buenos Aires, por ejemplo, estamos haciendo cárceles. Es un plan de unas 15, el año pasado hicimos Ezeiza, González Catán y Moreno, y siguen más. También tenemos en Santa Fe. En Córdoba, estamos con la construcción de varias universidades provinciales entre otras obras.
–Con tanta experiencia en la materia, ¿qué piensa cuando escucha al Presidente insistir en que la Nación no hará más obra pública?
–No lo sé, quizá apunta a que cada provincia gestione su propio crédito internacional para pagar su obra pública. Igual el nivel de ejecución va a caer porque las concesiones viales de rutas y obras provinciales no van a ser tan rápidas hasta tanto no tengamos créditos internacionales para las empresas. Al ferrocarril hay que seguir haciéndolo, como a mucha otra infraestructura. Probablemente después de la elección de medio término, cuando tenga más legisladores y la cosa más estabilizada, el Gobierno nacional busca darse el lujo de volver a ganar elecciones con obra pública.

–Entre los cordobeses la obra pública tiene una percepción positiva porque de hecho colaboró con los triunfos provinciales. ¿Lo cree así?
–Creo que hay una muy buena percepción. De la Sota hizo la autovía a Río Cuarto, Schiaretti cerró la Circunvalación y Llaryora va a terminar la autovía de la 19.
–Las crisis suelen llevar a las empresas a generar nuevos negocios, ¿ustedes lo hicieron?
–Sí, estamos desarrollando un nuevo rubro que creemos con potencial: la construcción de viviendas multifamiliares para edificios de hasta cinco pisos destinadas a housing; todas realizadas con placas de hormigón premoldeadas. Allí volcamos toda la experiencia y los aprendizajes que fuimos haciendo, tanto desde Pretensa como en la constructora. Por ejemplo, el premoldeado siempre tuvo columnas que molestan muchísimo dentro de un departamento. Pero en la construcción de cárceles tuvimos que encontrar el modo de evitarlas, porque se consideran un peligro. Antes, el premoldeado era para naves industriales muy rígidas. Pero ahora hacemos unos que parecen construidos in situ con agregado expuesto, piedra lavada, impresiones en bajo relieves, texturas especiales y todo lo demás. Todo eso es lo que vamos integrando en el desarrollo de nuevos proyectos.
–¿Para este producto sus clientes serían las desarrollistas?
–Somos el subcontratista de la desarrollista. También podemos recibir parte de nuestro pago en unidades. Tenemos varios proyectos en marcha. Uno de 40 departamentos en Nordelta, otro de 100 unidades en Neuquén en torres de cinco pisos, en la zona de Vaca Muerta (Neuquén) y negociamos con una fuerte desarrollista local un housing para público ABC1 en Córdoba.
–Entrar en la cadena de valor de Vaca Muerta es clave, tiene los mejores pronósticos de crecimiento para los próximos años...
–Si, apostamos a eso. Hay una gran necesidad habitacional. Este sistema de construcción es muy rápido y limpio. Podemos hacer en los primeros cuatro meses 25 departamentos y estar entregando 10 por mes. Y quisiera mencionar que también estamos iniciando la construcción de viviendas unifamiliares, unidades de unos 65 m2 que van a tener un costo de $80 millones. Ya tenemos un proyecto en Catamarca.
–Entre sus múltiples actividades vi en YouTube algunas charlas que dio a jóvenes sobre liderazgo. Usted lo ejercita hace años y le toca hacerlo con una discapacidad motriz, ¿eso le imprime un tono especial?
–Al tener dificultades físicas para escribir yo aprendí a escuchar mucho, eso hace que me relacione con la gente y con mis colaboradores desde ese lugar. A la vez, trato de transmitir las ideas en la forma más precisa posible para que me puedan entender. Y otra cosa que sucede es que, como yo estoy siempre presente, e incluso he venido a trabajar enfermo; ese esfuerzo que hago a pesar de la discapacidad es importante. Y lleva a decir a los colaboradores ‘bueno, qué ejemplo’.

–Inspira sin proponérselo...
–Exactamente. También pasa que al tener limitaciones físicas y de movimiento uno desarrolla otras habilidades, percibe otras cosas. Y algo importante es que el hecho de no considerarme soberbio ni autosuficiente, hace que la unidad sea un valor principal acá. Hay directivos que creen tener todo el poder y la sabiduría y generan mal humor o resentimientos en otras personas.
–Pasa que la autoridad implica poder, y este es primo hermano del ego...
–Yo evité eso haciendo una presidencia colegiada.
–Yendo más al universo empresarial, ¿cómo cree que es perciba allí la discapacidad?
–Yo me accidenté hace 47 años. Por entonces, la sociedad no estaba preparada ni ediliciamente, ni médicamente para la discapacidad motora. Yo logré manejar, pude cursar en la universidad, enseñar. Fui venciendo muchos obstáculos. Creo que en mucho se ha evolucionado y la sociedad está más madura. No obstante, aún hay una concepción de que el discapacitado no tiene todas las habilidades necesarias para trabajar; y también, ciertamente, hay discapacitados que ponen esfuerzo y otros que no.
–¿Cómo siente que lo perciben a usted como empresario?
–En la primera impresión, la silla de ruedas suele funcionar como un captador de la atención. Después, cuando uno demuestra capacidad profesional, intelectual y perceptiva, dicen ‘¡ah, qué bien esta persona!’
–Claro, lo valoran doble..
–Exactamente. Y se logra un nexo de confianza importante. Sobre todo, con los porteños. Estuve ocho años en Buenos Aires y a los provincianos ya de por sí nos consideran menos. ¡Y yo era provinciano y discapacitado! Pero cuando me conocían terminábamos siendo grandes amigos y decían ‘¡qué buenos estos cordobeses!’ Al final, se generaba un grado de fidelidad mayor a lo habitual. Eso me sigue pasando con los clientes.
Dice que “seduce” con el ejemplo
Nombre. Sergio Elio Paschini (63)
Familia. Casado con Rosa Vieites
Hijos. Nicolás, Lucas, Florencia y Candelaria. Y tiene siete nietos, más uno en camino.
Le gusta. Jugar al truco con amigos, asistir a la cancha de rugby como simpatizante (sigue a La Tablada, club de su hijo y donde su esposa está dedicada al hockey); compartir el campo con Rosa y los nietos siempre haciendo mejoras, viajar como turista por el interior de Argentina, ver películas sobre historias reales y hacer gimnasia de rehabilitación.
Profesión. Ingeniero Civil egresado de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), MBA en el Instituto Universitario Aeronáutico. Fue 6 años docente en la Facultad de Ingeniería de la UNC.
Premios. 10 Jóvenes Sobresalientes de Argentina y Joven sobresaliente de Córdoba.
Empresa. Estructuras Pretensa y Paschini Construcciones, empresas familiares. Se dedica a la fabricación, transporte y montaje de estructuras premoldeadas y pretensadas de hormigón, utilizadas en construcciones con diversos destinos (plantas industriales, complejos deportivos, silos, edificios administrativos, viviendas, etc.). La constructora es una empresa complementaria que ejecuta obras de ingeniería y de arquitectura dentro de todo el territorio nacional. La familia también construyó o opera el Villa Allende Shopping (Guillermo es el presidente); y tiene un emprendimiento agrícola en Santiago del Estero.
Cargo. Presidente. Trabaja allí hace 39 años, y lleva 10 en el máximo cargo. La conduce junto a dos de sus hermanos, Cecilia y Guillermo, y con la participación de otros integrantes de la familia.
Estructura. La planta industrial principal está en Córdoba, tienen otra en Buenos Aires y sumaron una en Puerto Madryn para la construcción de torres de hormigón premoldeado. Desde allí fabricaron 36 de 120 metros para generación de energía eólica en Chubut.
Empleados. 240.
Producción. La capacidad alcanza 20 mil metros cuadrados por mes de estructura.
Teléfono. (0351) 475-0800 / 475-0900.
E-mail. pretensa@pretensa.com.ar
Web. www.pretensa.com.ar