“Vivimos en un mundo de gran incertidumbre, en el mundo y en Argentina. La de Argentina no me preocupa. La del mundo, sí”. Con esta frase, Ricardo Arriazu, bajó los decibeles a las turbulencias de los mercados locales de las últimas semanas.
En una presentación en Córdoba, organizada por S&C Inversiones SA, el economista titular de Arriazu Macroanalistas y uno de los pocos que sostiene que no hay atraso cambiario, explicó por qué cree que la actual volatilidad financiera va a pasar, hacia donde cree que debería ir a política sobre el dólar y dejó una advertencia sobre el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Señaló que el aumento de la brecha cambiaria de estas semanas se debe a un desarme del carry trade ante la menor confianza y el menor atractivo de una tasa en pesos frente a incertidumbre sobre una devaluación.
“Mi cálculo es que esto se va a tranquilizar si no hay un ‘cisne negro’ internacional. Pero va a tomar tiempo hasta que la gente se convenza”, estimó.
El riesgo del “cisne negro”
La incertidumbre internacional que preocupa a Arriazu es la que se generó a partir de la asunción de Donald Trump en Estados Unidos y sus declaraciones (“quizás como una postura para negociar, pero no lo sabemos”) sobre un aumento de los aranceles y una reducción de la inmigración.
“Los mercados no saben si todo esto es negociación (de Trump) o no, pero reaccionan. Subieron las perspectivas de inflación y ese es uno de los impactos que puede causar una guerra comercial”, dijo.
Y advirtió que el principal problema de esto es que pueden coincidir “una burbuja de activos con una guerra comercial. Es lo que pasó en la gran depresión (de 1929), aunque hay condiciones distintas y la Reserva Federal aprendió esa lección. “No nos asustemos tanto, pero a esto lo miremos con mucho cuidado”, señaló.
Los cuatro escenarios del dólar
Arriazu hizo foco en las proyecciones de inflación para 2025 y estimó un 18% “entre puntas” (interanual a diciembre) con el supuesto de mantener “un crawling peg (deslizamiento mensual del dólar oficial) en el 1%, una suba de tarifas del 10% en dólares y que se mantengan los precios internacionales”. “La clave está en la política monetaria”, subrayó.
Y, a contramano de muchas opiniones que hablan de un dólar atrasado y piden recomponer el tipo de cambio planteó cuatro escenarios posibles: “Uno, que se mantenga el 1%. Otro, bajar a la mitad del año a 0,5%, que es lo que yo favorezco”.
El tercero, “devaluar, que le doy probabilidad cero”. Y el último “que se flote con una banda para que quede contento el Fondo Monetario y que, para mí, sería una estupidez”.
“Parte de los líos que hubo en los últimos días es porque, ante esta posibilidad, la gente que hizo carry trade decidió cerrarlo. Eso demuestra que, mientras el dólar sea unidad de cuenta, Argentina no puede flotar porque cualquier movimiento del tipo de cambio causa un problema”, advirtió.
“Sería un error pasar a un sistema de bandas, pero no lo descarto”, acotó.
¿Hay o no atraso cambiario?
“La gente habla de atraso cambiario y no se da cuenta de que si las tarifas suben en dólares y representan el 23% del total de la canasta, es matemáticamente imposible que no se aprecie el tipo de cambio a menos que los salarios se desplomen, lo cual sería políticamente imposible”, opinó.
Y agregó: “Si un precio sube, otro tiene que caer porque son precios relativos. La mitad del supuesto atraso cambiario es por el aumento de las tarifas. Y, si uno dice que el tipo de cambio está atrasado entonces dice que el salario está caro”.
Es una explicación que ya señaló en otras oportunidades cuando habló de la “calesita de los precios relativos” y desaconsejó una devaluación para solucionar los problemas de competitividad y de una Argentina cara en dólares.
El economista fue más allá cuestionando el análisis de los números negativos de la cuenta corriente del segundo semestre de 2024: “El Banco Central de Argentina ha estado pagando la deuda con los importadores” lo que explica la cuenta corriente negativa.
Además, “el Tesoro pagó más de U$S 11.500 millones de deuda externa el año pasado y 5.500 millones más este año. Eso explica por qué compraron más de 23 mil millones de dólares y las reservas crecieron 8 mil millones. En mi opinión hizo lo correcto y parte de ese pago es a organismos internacionales”, señaló.
Este año, “se juega la política: si la gente tiene miedo y quiere comprar dólares”, baja la demanda de dinero y “si le obligan a emitir” aumenta la oferta, en ambos casos el Banco Central “compra menos dólares y tengo problemas”.
“Se puede derrotar al Banco Central aún sin acuerdo con el Fondo? La respuesta es no porque hay control de cambios”, ponderó. “No hay pesos con control de cambios para que esto vaya a explotar, todo lo que hay son presiones por cuestiones políticas”.
El impacto del acuerdo con el FMI
Aclarando que no tiene ninguna información sino que analiza lo que está dando vueltas, estimó que “en el escenario más negativo” podría haber 8.000 millones de dólares de desembolso inicial. “Un 40% de los 20 mil millones del acuerdo”.
“El impacto es que voy a bajar un activo que son las Letras Intransferibles (deuda del Tesoro) y voy a subir otro activo que son las reservas. Y ahí, lo que importa es cuánto es y si son de libre disponibilidad”, remarcó.
Para Arriazu lo importante del acuerdo con el fondo “es la libre disponibilidad de las reservas. ¿Para qué las quiero si no?”, se preguntó, recordando lo pasó en 2018, cuando no se permitieron usar.
“Los fondos son para defender al peso, no son para otra cosa, si no, ¿para qué quiero las reservas?”, insistió.
Cuándo se abriría el cepo cambiario
Esos 8.000 millones de dólares aumentaría el poder de fuego del Banco Central pero “no alcanza para abrir el cepo”.
“Para abrir el cepo necesito plata para hacer frente a los dividendos y regalías que aún no se pagaron y para hacer frente a una corrida grande que es un 30% de todos los activos monetarios que tenga el sector privado”. agregó.
“Creo que a los dividendos los van a llamar, igual que a los importadores, para hacer un trato y el resto lo van a ir liberalizando de a poco. Mi opinión (no tengo ninguna información) es que caiga el riesgo país al sacar los vencimientos de corto plazo y, una vez que llegue a 500, volverá a los mercados internacionales”, dijo.
Ahí volvería a acumular reservas, esto permitiría abrir el cepo y, “si son exitosos, el cepo lo abrirían después de las elecciones o el año que viene”, concluyó.