–¿Por qué decidió estudiar biología?
–Hemos puesto a los seres vivos en peligro hace muchos años y para mí la mirada de un animal, cualquiera sea en la escala zoológica, me provocó siempre mucha emoción. Pensé que ser bióloga me permitiría ayudar a conservarlos. A medida que avanzaba en la carrera percibí que no era sencillo y que me generaba mucha curiosidad interpretar los procesos de los ecosistemas y sus relaciones con la política, la evolución, la economía y la sociedad.
–¿Cuándo fue la primera vez que le llamó la atención el cuidado del ambiente?
–En Ecología tuve un maestro insuperable, Ricardo Luti, quien nos contagió su entusiasmo y dedicación por la naturaleza y la necesidad de conocer sus procesos y entender la armonía de la vida como un todo.
–Abogar por el cuidado del ambiente, ¿es una lucha o una cruzada?
–El ambiente es un escenario donde la vida se entrelaza en procesos en los cuales los humanos juegan un rol central: modifican, alteran, interrumpen, extraen, etc., en un delicado juego naturaleza-sociedad. Dependemos de ese escenario para sobrevivir, cuidarlo es una necesidad. Por esto es que cada ser vivo de la tierra es imprescindible. Si tenemos todavía alguna chance de sobrevivir será en comunidad con todos. Aislados estamos condenados.
–¿Se puede subsistir económicamente como investigadora?
–He sido una orgullosa profesora de la Universidad Nacional de Córdoba (ahora retirada), docente, investigadora, y he realizado extensión y gestión y todo con el mismo cargo (así funciona la universidad pública a la que agradezco y defiendo). Para desarrollar proyectos de investigación se pueden solicitar subsidios a la Provincia o la Nación. Esto ha tenido altas y bajas según los gobiernos. Ahora el sistema de ciencia y técnica se encuentra en sus peores momentos. Los retrocesos en la ciencia no sólo paralizan el conocimiento, el desarrollo técnico y sus aplicaciones sino la educación pública, el desarrollo y la soberanía del pueblo.
–¿Por qué cree que hay negacionistas del cambio climático?
–En un momento en el que la información está al alcance de todos y la divulgación científica es relevante en el mundo, si alguien dice desconocer datos fehacientes sobre el cambio climático y toma partido por desconocerlo, es porque hay una intencionalidad, una posición política. Relevando personajes de nuestra época que niegan el cambio climático parece claro que sirven a las políticas del extractivismo, del enriquecimiento rápido y de los permisos sobre los recursos naturales y usos de la tierra.
–¿Qué le diría a un presidente negacionista del cambio climático?
–No me resulta relevante si alega ser negacionista, lo importante es que responda a los eventos que el cambio climático (o sea, la actividad humana) está generando. Proponer acciones de prevención concretas para las áreas del país que se van a inundar, que van a tener incendios, que van a sufrir el aumento de temperaturas incompatibles con la vida -como viene siendo en la ciudad de Córdoba-, sequías y otras consecuencias que ya han sido determinadas. Estas acciones son las que se están desmantelando. Eso es lo que debemos reclamar.
–¿Le parece que en las escuelas tienen claro cómo enseñar a cuidar el ambiente?
–Sólo puedo hablar por la provincia de Córdoba, donde los profesorados en ciencias naturales tienen formación específica. Además hay cursos de capacitación para quienes lo requieren y muchos docentes están involucrados y son creativos para buscar nuevas formas de aproximar los estudiantes a la comprensión del ambiente. Parece más complicado en el magisterio, mucho más centrado en lengua y matemática y con menos contenido en ciencias naturales. No obstante, muchas escuelas desarrollan programas de estudio con aprendizaje de cultivo de especies nativas, reconocimiento a campo de problemas ambientales, identificación de problemas ambientales dentro de la misma escuela, plantaciones, etc.
–¿La sorprendió la noticia de que Córdoba encabezó el ranking de anomalías climáticas del continente este verano?
–No, para nada. El informe IPBES 2019 determinó que el uso del suelo es el factor que más impacta a la naturaleza en América latina y también el cambio climático. O sea, la extracción de la naturaleza original de un espacio y el agregado de elementos diferentes, como por ejemplo “limpiar” un bosque para poner cultivo o animales o una urbanización. La provincia de Córdoba estaba cubierta en un 70% por diferentes tipos de bosques que fueron talados para realizar otras actividades productivas como las agropecuarias o urbanísticas. Actualmente discutimos si queda el 5% o el 3% de bosque nativo (según la definición de bosque que se utilice). Es un impacto brutal al corazón de la naturaleza que altera la capacidad de absorción de agua y producción de nutrientes por los suelos, la regulación de los ciclos y el clima, de la contaminación del aire y tanto más.
–¿Por qué dice que la ciudad de Córdoba es una mancha gris?
–Es una mancha gris porque es puro cemento, de 24 km cuadrados, que no ha sido planificada y donde las decisiones las tienen los desarrollistas que son empresarios velando por sus intereses y no por los colectivos. Allí es donde el Estado debe poner las reglas para que la ciudad sea vivible para todos. Aún pueden construirse espacios verdes con varios estratos de vegetación que cumplan funciones de mitigación depurando contaminantes, liberando oxigeno, regulando la temperatura y absorviendo agua, mínimamente, para mejorar las condiciones climáticas de la ciudad.
–Si hubiera más árboles, ¿haría menos calor?
–Definitivamente. Esto es muy sencillo de comprobar: si se mide la temperatura bajo la copa de una especie común de árbol de vereda (siempre verde, por ejemplo) y con una pared de ladrillo en la vivienda y se hace lo mismo donde no hay un árbol, se constata que la temperatura varía hasta 5 grados. Es enorme la diferencia. Hay materiales que se calientan más y retienen el calor por más tiempo, los vehículos son productores de enorme cantidad de calor, los acondicionadores de aire generan fresco dentro de la vivienda pero calientan el exterior, la industria produce calor y también simultáneamente todos producen dióxido de carbono. Solamente el verde (árboles, enredaderas, arbustos o todos juntos) puede regular esta situación. En diversos países del mundo y de América del sur se ha estudiado que por habitante se requiere entre 9 y 16 metros cuadrados de verde (según sea el ambiente) para tener una buena calidad de vida, y en Córdoba no estamos ni cerca.
–¿Existe un plan organizado de mitigación del cambio climático a nivel nacional, provincial y municipal?
–En general los que están a cargo de administrar y gobernar en cualquiera de estos niveles están urgidos por el tiempo electoral y resultados visibles. En el caso del municipio la preocupación es que haya transporte suficiente y se mantengan las frecuencias, no si tiene tecnología actualizada para minimizar los procesos contaminantes. Un ejemplo en el caso de la Provincia es que generaron, en conjunto con Nación, dos nuevos parques nacionales y se mejoró la situación de varias reservas y parques provinciales pero en simultáneo no se puede controlar la devastadora acción del fuego o el desmonte en áreas rojas inclusive llevado a cabo por la propia Provincia al construir rutas. A nivel nacional el gobierno de Javier Milei retiró a la Argentina de la Conferencia de Naciones sobre Cambio Climático (COP 29), está desmantelando el sistema de Ciencia y Técnica y desfinanciando a las universidades, por dar algún ejemplo del plan organizado a favor del cambio climático y del modelo socio-económico extractivista y devastador que propicia.
–Desde lo cotidiano, ¿qué hacemos mal como ciudadanía para cuidar el ambiente?
–Consumo. Esta es la palabra clave. Consumimos recursos, energía, agua, materiales, tiempo, actualizamos lo que ya tenemos y aún funciona, gastamos por demás para demostrar que podemos, seguimos modas para estar a la moda. Es nuestro pecado capital. No consumimos lo que necesitamos sino mil veces más, nada nos alcanza y entonces generamos residuos, millones de toneladas de residuos de todos los materiales. Especialmente los plásticos, que ya están hasta en nuestros pulmones. Sólo reciclamos el 1% de lo que consumimos. Modificar esto es modificar el modelo socio-económico en el vivimos y otra vez señalo que ése es el desafío.
–¿Es optimista sobre la posibilidad de que la humanidad frene su autodestrucción?
–Como especie inteligente debiera pensar que vamos a superar nuestra autrodestrucción. No hay indicios científicos en esa dirección pero, como dicen, la fe es lo último que se pierde. Y para mí, la lucha es lo último que se pierde. Lucha que puede darse en todos los ámbitos: desde las calles, las marchas, la docencia, los barrios, la militancia o donde cada uno se ubique.
–Un lugar preferido en la ciudad
–La Reserva San Martín con sus lagunas, sus especies nativas y su hermoso paisaje del Espinal que rememora otro tiempo de la ciudad.
-Un lugar preferido en la provincia
–Las Sierras Grandes.
–¿Qué paradigma cree que tienen los desarrollistas de Córdoba?
–Cuando se permite construir un complejo de viviendas donde van a habitar miles de personas en la ciudad, la Municipalidad debiera imponer reglas elementales para la supervivencia de esas personas y también la de sus vecinos. Por ejemplo, la obligación de generar espacios verdes de dimensiones planificadas para esa población. Con esto quiero decir que no definiría cuál es el paradigma de los desarrollistas, pero está claro que cualquiera sea no están pensando en el bienestar de las personas a quienes les venden viviendas ni mucho menos en el bienestar y buen desarrollo de la ciudad, como también está claro que no hay controles del Estado que ordenen esta situación.
–¿Ve que la Justicia acompañe las reivindicaciones ambientales?
–Basta leer los casos que plantean en la Sala de Prensa Ambiental, para ver que no es lo más frecuente. Los intereses son muy fuertes y hay grupos con mucho poder que toman decisiones antes que la Justicia. Fui testigo de la presentación de la ley de Bosques de Córdoba (Ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos defendida por toda la sociedad en ese entonces) y la directa injerencia de Cartez (entidad que nuclea a asociaciones de productores y sociedades rurales de Córdoba, La Rioja, Catamarca y San Luis) que presentó una ley paralela que ya tenía la aprobación tácita de la Legislatura (y que sólo la lucha social permitió que se apruebe la original), de la aparición de la ley agroforestal o de la inflexible defensa técnica de la Justicia a la planta de Porta. Han habido fallos emblemáticos, no obstante, como el de barrio Ituzaingó en 2012, con la condena por haber fumigado dentro de la distancia prohibida. O el caso Monsanto en Malvinas Argentinas, con condenas a funcionarios por habilitar el predio para una planta industrial que no estaba permitida. En ambos casos hubo lucha y movilización por años para este desenlace. Cuando no hay por detrás empresas o grupos tan importantes suele haber fallos justos y un conjunto de abogados especialistas en el tema que son extraordinarios.
–Si tuviera que construir su casa para vivir, de cero, ¿en qué lugar de la ciudad la haría?
–Creo que la ciudad no debe extenderse más, su ejido es enorme, está mal planificada y con servicios deficientes. Elegiría un lugar con buena vista al verde, que no se inunde, con buenos servicios (buena frecuencia de ómnibus, agua corriente, gas natural, luz y cloacas) y seguro. Obviamente no puedo identificar un lugar así.
–¿Cómo ve la ciudad de Córdoba en 2030?
–No veo que haya ningún elemento que esté actuando en favor de un cambio que me permita pensar en una tendencia diferente a la que estamos transitando, por lo que no soy optimista en que 2030 nos encuentre mejor. Ojalá no nos encuentre peor.
La reforestadora cordobesa
La bióloga Cecilia Estrabou fue elegida como Personalidad Cordobesa 2021 en el certamen que organiza cada año La Voz. Uno de los motivos: fue responsable, entre otros proyectos, de la reforestación del predio de Bosque Alegre, que había sido afectado por los incendios.
Es docente e investigadora, y directora del Centro de Ecología y Recursos Naturales Renovables de la Universidad Nacional de Córdoba (Cernar-UNC).
Estudia la contaminación en la Capital cordobesa a partir de los líquenes que viven en los troncos.
También contribuyó a la reforestación de Ciudad Universitaria y de la plazoleta Ramona Bustamante (un oasis de bosque nativo que funciona como un aula abierta y sitio para investigar sobre ecología de la restauración), entre otros espacios.