En Argentina, los indicadores económicos recientes presentan una paradoja: mientras las cifras oficiales muestran una disminución de la pobreza y de la inflación, la realidad cotidiana de gran parte de la ciudadanía a nivel nacional refleja un aumento en la demanda de asistencia social y de servicios públicos.
Este fenómeno plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas económicas actuales y su verdadero impacto en la calidad de vida de la población.
Según datos recientes, la tasa de pobreza en la Argentina ha experimentado una notable reducción. La pobreza en Argentina cayó al 38,1% en el segundo semestre del año pasado, marcando una mejora de casi 15 puntos porcentuales respecto al 52,9% registrado en los primeros seis meses de 2024, según mediciones del Indec.
Sin embargo, es esencial considerar que estas cifras pueden no captar plenamente las complejidades socioeconómicas actuales, en especial cuando se observa un fuerte incremento en la demanda de programas sociales y de servicios públicos.
Un reciente informe de La Voz reveló un gran crecimiento de la demanda en programas como el Paicor (Programa de Asistencia Integral de Córdoba), el BEG (Boleto Educativo Gratuito) y en hospitales públicos.
Por ejemplo, la demanda de atención sanitaria en Córdoba aumentó 35% en promedio en 2025, según el ministro de Salud provincial, Ricardo Pieckenstainer.
Y si bien este crecimiento está impactado por un año con muchas contingencias –como un brote grande de dengue, Covid y luego enfermedades respiratorias–, también tiene que ver con una caída de la capacidad económica de las clases medias, que dejan de pagar las obras sociales y se pasan al sistema público.
A su vez, el programa Boleto Educativo Gratuito muestra un comportamiento similar. Entre estudiantes, la demanda creció 11,9%: de 301.521 boletos en 2024 a 337.492 en 2025. En docentes, el aumento fue mayor: 13,2%.
Y el programa de asistencia alimentaria para alumnos de escuelas públicas (Paicor) registró un incremento histórico: 18%. De 249.333 beneficiarios, se pasó a 294.213 raciones diarias.
Estos incrementos sugieren que, aunque las cifras macroeconómicas muestran mejoras, muchos ciudadanos aún enfrentan dificultades económicas que los llevan a buscar apoyo en estos servicios.
Además, los salarios reales no muestran un crecimiento significativo. Mientras que el índice de precios al consumidor (IPC) registró un aumento de 2,4% en febrero de 2025, la canasta básica total (CBT) aumentó 53,1% interanual hasta febrero de 2025.
Esta discrepancia indica que, aunque la inflación general se ha moderado, los costos asociados a las necesidades básicas continúan en aumento y erosionan el poder adquisitivo de los trabajadores, lo que contribuye a la percepción de que los beneficios económicos no se reflejan en la vida cotidiana de la población.
En conclusión, aunque las estadísticas oficiales señalan mejoras en ciertos indicadores económicos, la creciente demanda de asistencia social y la persistente presión sobre los ingresos familiares evidencian desafíos estructurales que requieren una atención más profunda por parte de las autoridades.
Es fundamental que las políticas públicas no sólo se enfoquen en mejorar las cifras macroeconómicas, sino también en garantizar que los beneficios de dichas mejoras lleguen efectivamente a todos los sectores de la sociedad.