Hace apenas 10 días evocábamos las secuelas trágicas que dejó la dictadura militar que tomó por asalto el poder constitucional el 24 de marzo de 1976. Hoy, otra evocación nos convoca: el Día del Veterano y de los caídos en la Guerra de Malvinas.
En este caso, una aventura bélica que pergeñaron los mandos militares bajo las órdenes del entonces dictador Leopoldo Fortunato Galtieri. La intentona por recuperar la soberanía de las Islas Malvinas, ocupadas por el Reino Unido desde 1833, encendió el espíritu patriótico de los argentinos, que salieron a celebrar en las plazas de todo el país.
Pero la bravuconada (“Si quieren venir, que vengan; les presentaremos batalla”, arengaba Galtieri desde los balcones de la Casa Rosada) duró hasta el 14 de junio de 1982, cuando, superada por la flota naval inglesa, Argentina presentó la rendición de rigor.
Un poderío que, como bien escribió esta dolorosa historia, contrastó deliberadamente con el escaso nivel de entrenamiento de los jóvenes soldados argentinos que fueron enviados al campo de batalla.
Fue entonces que el pueblo mutó de los gestos de euforia por la recuperación de Malvinas a la desazón y la toma de conciencia sobre la lucha desigual en la que nos había embarcado una dictadura en franca retirada.
Unos 649 argentinos cayeron en combate. Son los héroes de Malvinas, junto a los que sobrevivieron en la lucha y hoy rememoran aquella gesta con dolor y respeto.
Muchos aspectos merecen ser analizados, aunque no hay espacios para posiciones que no respeten las vías diplomáticas. Es esa la única fórmula para acercar entendimiento sobre el enrevesado tema de la soberanía, aunque el Reino Unido ha dicho una y otra vez que este asunto no es materia de negociación, pese a los pronunciamientos a favor de Argentina en los foros internacionales.
Tampoco ayudó demasiado la impericia en la agenda de política internacional que caracterizó a los gobiernos de turno desde el retorno a la democracia, en 1983: la genuflexión al Reino o la indiferencia absoluta.
La cuestión se vuelve más incierta aun en el caso de la actual administración nacional, cruzada por las diferencias entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Al parecer, no es posible congeniar ni la participación conjunta en una conmemoración tan sensible como es el 2 de abril.
Basta con recordar que Milei desató días atrás una controversia innecesaria cuando, en un comunicado, usó la denominación Falklands por Malvinas.
Nada, sin embargo, puede ensombrecer la reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas y otras islas del Atlántico Sur. El negacionismo existirá en función de las distintas corrientes de opinión (como sucede con la revisión de la dictadura militar), pero la gran mayoría de los argentinos está consustanciada con los derechos soberanos que nos asisten. Este 2 de abril es una máxima en homenaje a los caídos y a los veteranos de guerra.