El Gobierno nacional y las autoridades del Banco Central de la República Argentina (BCRA) intentan desde hace más de un mes calmar la incertidumbre en los mercados, alimentada por errores propios y cambios a nivel global.
Las dudas sobre la sostenibilidad de la actual política cambiaria, que prevé una devaluación de uno por ciento mensual y la intervención del Banco Central (BCRA) en la cotización del dólar, provocaron movimientos inusuales en relación con los meses anteriores.
Una cuestión clave por resolver es cómo la gestión de Javier Milei resolverá la eliminación de las trabas que hacen al ingreso y a la salida de dólares del país.
El esquema impuesto durante la gestión de Cristina Fernández, reimplantado luego por la administración de Mauricio Macri desde 2018, supone un obstáculo para el comercio internacional y las posibles inversiones.
Además, la limitante a la compra mensual de 200 dólares por los particulares acrecentó la incertidumbre sobre cuál es la verdadera relación entre el peso y la moneda norteamericana.
Existe consenso entre autoridades, empresarios e inversores de que desarmar el llamado “cepo al dólar” liberaría las potencialidades de la economía argentina.
Sin embargo, subyace el temor de que la actualización del valor del dólar oficial, que muestra un retraso de entre 20% y 30% en relación con la cotización de los billetes financieros, impacte en la inflación.
Esa posibilidad asusta al gobierno de Milei, que tiene por delante el desafío de consolidar la gestión y aumentar el número de legisladores en los comicios del 26 de octubre próximo.
El impreciso discurso del Presidente el 1° de marzo último ante el Congreso Nacional y las confusas intervenciones públicas del ministro de Economía, Luis Caputo, no logran despejar la incertidumbre sobre cómo se plasmará en la práctica el acuerdo que ya existe de hecho con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El monto del préstamo, el desembolso inicial y la libre disponibilidad de esos recursos figuran entre los temas por dilucidar, para tranquilizar a operadores y agentes económicos.
Por otra parte, la “guerra comercial” emprendida por Donald Trump, con la aplicación de aranceles excesivos a las importaciones, amenaza con desatar un terremoto económico, aún impredecible en sus consecuencias globales.
La primera señal negativa sería un incremento de la inflación mundial, lo que provocaría una retracción en el consumo, caída en la demanda y menor crecimiento. El impacto será diverso en todos los países.
Argentina atraviesa una incertidumbre palpable sobre la futura política cambiaria, que ya provocó caídas en las operaciones comerciales y en las ventas al exterior de bienes locales, mientras el mundo se convulsiona en una “guerra comercial” impredecible.
El gobierno nacional y el BCRA están obligados, en este contexto, a dar señales claras sobre las soluciones posibles, sin acudir a gestos o gestiones desesperadas, que acrecientan los actuales temores.
La oposición debe acompañar las medidas factibles, para evitar una crisis que sí agravará aún más las difíciles condiciones socioeconómicas que atraviesa gran parte de la población.