Vivimos en una sociedad en la que, lamentablemente, hay quienes buscando su propio interés han dejado de lado el bienestar de los demás. Quienes ignorando los sentimientos ajenos buscan el beneficio propio, demostrando la total falta de empatía hacia las necesidades de la sociedad en que vivimos.
Son los que tienen un discurso y no lo llevan a la práctica. Concretamente, priorizan sus intereses personales sobre los de los otros, utilizando en muchos casos la crítica o el daño a terceros para conseguir de esa manera sus objetivos.
El egoísmo, que consiste en el aprecio excesivo hacia uno mismo, demuestra una conducta negativa y antisocial que va ligada al individualismo. Es muy importante el hecho de poder ponernos en el lugar del otro frente a las necesidades que vemos que surgen a diario.
Especialistas en salud mental dicen que el egoísmo se origina en predisposiciones genéticas y en comportamientos adquiridos durante la infancia. Los cristianos tenemos un modelo por seguir que fue Jesucristo, quien demostró a través de su conducta que nunca buscó su propio beneficio, sino el de los demás.
Fue quien dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos cap.12 vers. 31). Este mandamiento se refiere al llamado amor Ágape, que consiste en poner en práctica un amor incondicional, altruista y desinteresado. Un amor que representa el amor de Dios hacia la humanidad y el amor cristiano hacia el prójimo.
No tiene que ver con la reciprocidad, sino que es la decisión de actuar cuando se busca el bien del otro. Todo lo contrario a esto es el egoísmo. El apóstol Pablo escribía a los filipenses: “No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús” (Filipenses cap. 2 vers. 3, 4 y 5).
Me parece que considerar a los demás como superiores a nosotros mismos es un verdadero acto de humildad y valentía, no tan fácil de llevar a la práctica. La Biblia dice que “Dios se opone a los orgullosos y da gracia a los humildes” (Santiago cap.4 vers. 6). Que su gracia nos ayude a ser verdaderamente humildes.
Dios te bendiga.
*Pastor evangélico, integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)

























