En Derecho se denomina el espíritu de la ley a la interpretación que debe hacer el juez respecto de la ley, más allá de su letra fría, y tratar de llegar a su espíritu. Es decir, a lo que quiso decir el legislador al momento de su sanción, ya que hay que tener en cuenta el momento histórico y social, pues la vida y la sociedad van cambiando a través de los años.
Por todo esto es muy importante aplicar el sentido común más allá de la capacidad intelectual y el conocimiento del Derecho. Montesquieu publicó en 1748 El espíritu de las leyes, donde afirma que el principio de las leyes es la justicia, y que estas están influidas por una serie de factores reales, tales como las condiciones físicas del país, clima, religión, costumbres, etc. Sostiene que la diferencia de las leyes deriva de la diferencia de los gobiernos y que la virtud, el honor y el temor son las tres fuentes que dan nacimiento a otras tantas formas de gobierno: república, monarquía y despotismo.
Se refiere también a la división de poderes. Demostró al mundo que esa división es la mejor garantía para la libertad. No hay libertad cuando el Legislativo y el Ejecutivo están reunidos en las mismas manos.
Tampoco hay libertad cuando el poder de juzgar, el Judicial, no está separado del Legislativo y del Ejecutivo. El Estado debe perseguir como fin el bien común, y para lograrlo es necesario que existan leyes que rijan la convivencia en sociedad a través de derechos, garantías y obligaciones.
A cada derecho, corresponde una obligación. El derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro.
Cuando se realizan piquetes o manifestaciones en la vía pública, hay que recordarle a los jueces garantistas que los derechos y garantías son para todos. Los derechos no son absolutos: son relativos. Y esto está demostrado con rango constitucional en el artículo 14 de la Carta Magna, cuando expresa que todos los derechos deben ser ejercidos “conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio”.
Se afirma que justicia es “dar a cada uno lo suyo”, y para que pueda plasmarse en los hechos este concepto, es necesario e imprescindible que tengamos una Justicia realmente independiente del poder político. Los jueces deben acatar únicamente las órdenes de su conciencia y lo que indica el derecho, que es el conjunto de normas jurídicas que rigen la convivencia dentro de una determinada comunidad.
Todo se puede lograr sabiendo interpretar con sentido común “el espíritu de la ley”.
* Abogado, exjuez de paz de Villa Allende