–¿Qué es más fácil entrenar a un amateur que hace actividad física solo por cuestiones recreativas o a un profesional de alta competencia?
–Buena pregunta. A un profesional de alta competencia.
–¿Por qué?
–Porque el profesional de alta competencia tiene su foco exclusivamente puesto en el entrenamiento. En cambio, el deportista amateur tiene que dividir el mismo cuerpo en el que tiene que ir a buscar a los chicos al “cole”, a pagar impuestos, a trabajar, a tener vida social. Y, en todo eso, hacerse un huequito para entrenar. El deportista profesional cobra un sueldo para hacer lo que hace. El deportista amateur paga para hacer lo que hace y a la vez tiene que buscarse el espacio dentro de su logística diaria, laboral, social y familiar. Una cosa es entrenar para una maratón y otra cosa es salir a correr por recreación.
–¿Qué es entrenar y qué es hacer actividad recreativa?
–Entrenar es un proceso planificado, pensado profesionalmente por los entrenadores, cuyo objetivo es lograr mejoras progresivas en el aspecto físico, en el desarrollo de las capacidades motores, ya sea resistencia, velocidad, coordinación, flexibilidad, fuerza. O sea, tiene un objetivo, tiene un foco, tiene pasos, tiene un proceso. Está planificado y es producir adaptaciones a mediano, a corto, mediano y largo plazo, tanto metabólicas como anatómicas y funcionales.
–Hace mucho tiempo que sos entrenadora. ¿La pandemia fue un antes y un después? ¿Fue el quiebre más grande que viste respecto a la gente que hace actividad física?
–Sí, rotundo. Sobre todo en el ciclismo, porque la industria del ciclismo pospandemia a nivel mundial creció 400%. La pandemia para nosotros los profesionales del ejercicio físico fue viento de cola. Vos al ser humano le decís que no puede hacer algo y lo quiere hacer. Entonces, cuando se nos dijo que no podíamos salir ni a caminar, ni a correr, ni a andar en bici, había gente que nunca en su vida había andado en bici y se compró una bici. ¿La pandemia qué hizo? Nos prohibieron hacer aun lo que no hacíamos. Entonces, eso nos dio más ganas de hacerlo y crecieron impresionantemente los deportes.
–¿Y cómo se comportó después?, ¿se fue cayendo, se mantuvo?
–Es como todo. Tenés un pico y después bajas. Pero aún así el promedio, ves muchísimas más bicis en la calle, los grupos de running crecieron también increíblemente. La motivación por lo nuevo dura entre 21 y 28 días, científicamente comprobado. Después de los 28 días lo tenés que sostener vos a disciplina.
–¿Fuiste la primera entrenadora mujer que hubo en Córdoba?
–Sí, la primera entrenadora mujer hace más de 30 años. La primera entrenadora mujer que se animó a colgarse dos cronómetros en el cuello y cagar a pedos a los ciclistas. Y salir a la ruta a entrenar ciclistas, maratonistas, triatletas y todo eso.
–¿Esta es una actividad machista? ¿Sigue siendo o era?
–Totalmente y sigue siendo. En general, el 80% o 85% de los entrenadores son hombres. Hay alumnos míos que hace 20 años le decían “¿cómo te va a entrenar una mina?”, gracias a Dios ahora no pasa tanto.
–¿Córdoba sigue siendo un lugar muy referenciado en cuanto a este tipo de deportes, deportes de resistencia, cómo le decís vos?
–Sí, deportes cíclicos de resistencia de media y larga duración, ese es el nombre técnico. Córdoba, en estos deportes, es realmente un paraíso. Yo como entrenadora tengo posibilidades de entrenar gente que vive, por ejemplo, en La Pampa, que no tienen una montaña. O gente de provincias del norte que no tiene un solo llano. Entonces, cuando vos necesitabas hacer pasadas o series estables, a un ritmo estable, no lo podían hacer, porque era o subida o bajada. Y en La Pampa, cuando necesitabas hacer siete por cuatro minutos subida parado en los pedales y no tienen subida. En Córdoba, tenemos tierra, tenemos sendero, tenemos parque técnico, tenemos calle de tierra, tenemos asfalto, tenemos llano, tenemos montaña. Lo único que nos falta es un polo deportivo serio. Un polo deportivo serio. Voy a hacer ese polo. Ese va a ser mi legado. Tuve la posibilidad de conocer el Estadio Olímpico de Múnich, que es un centro de mediano y alto rendimiento. Está abierto los 365 días del año, 24 horas, para que la gente entrene. Acá el Kempes, de los 12 fines de semana de diciembre a marzo, hubo 7 que estuvo cerrado para el ciclismo. O sea, eso no es un polo deportivo.
–¿Hasta qué edad tenés alumnos que siguen entrenando?
–Uno va teniendo alumnos en base a la edad que uno tiene. Hace 20 años, la edad promedio de los alumnos era 30, 35 años. Hoy la edad promedio de mis alumnos es de 45, 55. Y tengo varios de más de 60. Hasta uno de 72. Nuestra generación es la que hace el quiebre hacia esta nueva vejez, que es una vejez más activa. Y que tiene que ver con esto también, de que la gente está empezando a darle lugar a esto de que el deporte es parte constitutiva de la vida y para la salud.
–Contame lo que implicó la llegada de tu hija.
–Valentina nace por cesárea programada, porque venía con una vueltita de cordón. Entonces el médico, con buen tino, me dice para qué vamos a correr riesgo, vamos a la cesárea programada. Yo salí de la clínica con una beba normal, sana, y a los tres, cuatro meses yo empiezo a anotar cosas. Yo notaba cosas raras, como una succión intermitente, el reflejo de prevención no era tampoco permanente, a veces sí, a veces no. Hago una interconsulta con otro pediatra y ahí me dan el diagnóstico de que tenía parálisis cerebral. El papá se asusta y se va, desaparece de nuestras vidas. Me dijeron que en dos años iba a morir y yo pasé dos años esperando que mi hija se muera, con la angustia que eso conlleva. Y bueno, los primeros cuatro años fueron de internación en internación, fue duro como encaminar todo el proceso. Lo que más me importaba fue preguntarle a mis papás si ellos la iban a seguir queriendo a pesar de que era discapacitada. Y bueno, obviamente, la respuesta fue un sí rotundo y ese fue como el primer espaldarazo emocional para seguir en esta vida. Porque la verdad que no te voy a mentir si no te digo que pensé en irme a este plano. Y bueno, es una lucha permanente.
–Vuelvo a lo que planteamos recién de esto de una profesión muy machista. No sólo la ejerciste, sino que sos mamá sola de una hija con una discapacidad severa.
–Gracias a haber sido deportista, de las que se levantaba a las 2 y media de la mañana para triatlón, de las que siempre soñó con ser profe de educación física, me dio una sistematicidad que me permitió enfrentar esto. Nosotros producimos en base a constancia y disciplina. Esa disciplina que yo tuve en esa etapa de mi vida es la que después pude trasladar a esto de salir adelante con mi hija sola. Había que ser disciplinado, porque de eso dependía también su vida, de la dosificación de la medicación, de los controles médicos. Yo lloraba cuando acostaba a mi hija en la noche y me quedaba llorando en la cocina sola. Pero llorar de tirarme en el piso y llorar. Y a mí hoy en día, Valentina, me duele todos los días de mi vida. Mi hija es un bebé de 6 meses en un cuerpo de 20 años. Pero la tengo conmigo. Imagínate que me dijeron que iba a vivir 2 años y este año cumple 21. Entonces, soy una persona de por sí optimista, de por sí demasiado a veces, pero yo celebro, celebro cada milímetro de vida.
–Tenés fama de dura como entrenadora.
–Ja, ja, calumnias. A mí también la pandemia me cambió y pospandemia estoy un poquito más buena.
Perfil de Elisa Lapenta
Elisa Noemí Lapenta tiene 54 años. Es profesora de Educación Física especializada en alto rendimiento deportivo y traductora pública nacional de alemán. Fue la primera mujer en Córdoba dedicada al entrenamiento personalizado de mediano y alto rendimiento en deportes de resistencia (maratón, triatlón, ciclismo de montaña y de ruta, trial running y natación).