La oposición debe considerar que su credibilidad se cimenta en la solidez de sus evidencias, en la validez de sus pruebas y no en la estridencia del discurso ni en el artificio pirotécnico o mediático con fines partidistas.
La controversia por la compra de drones para la Policía de Córdoba, lejos de percibirse como una discusión presupuestaria, se manifiesta como un síntoma alarmante de la erosión de la ética pública.
Quienes ejercen funciones en el Estado –en especial aquellos investidos por el voto popular– asumieron el compromiso y la obligación moral de que su accionar esté orientado al bienestar general y a ejercer su investidura de manera intachable: ajustado a derecho, con probidad, honradez y, sobre todo, con la conciencia permanente de que se actúa en nombre de la ciudadanía.
La confianza ciudadana no se exige: se cultiva mediante la coherencia entre el discurso político y la conducta ética cotidiana de todos los representantes, sin importar su lugar en el hemiciclo.
El oficialismo debe entender que la transparencia no es un obstáculo de gestión, sino su validación. Para el Gobierno, la eficiencia en la compra de drones para el resguardo de la seguridad ciudadana debe ser el piso, y la integridad, su techo.
Por su parte, la oposición tiene el deber de controlar evitando que la fiscalización se convierta en un mero espectáculo de desgaste político.
Su potestad de auditoría debe ser llevada adelante con rigor técnico, responsabilidad representativa, autoridad profesional y compromiso ético, y no instrumentalizada como una plataforma para el oportunismo político o la formulación de denuncias espurias con fines electorales.
Cuando la población percibe que tanto el Gobierno como la oposición respetan las reglas de juego y actúan con transparencia, se reduce la polarización y se fortalece la legitimidad de las instituciones.
Actuar con ética pública no es un accesorio estético ni un ideal romántico: es el cimiento que evita el colapso del edificio democrático.
Cuando la ética guía el ejercicio del poder, la política recupera su sentido de servicio y la ciudadanía deja de ser espectadora escéptica para volver a ser integrante activa de la sociedad.
Abogada
























