El Indec acaba de publicar su informe de pobreza e indigencia correspondiente al segundo semestre de 2024. ¿Por qué nadie cree en la supuesta baja de la pobreza allí reportada?
El Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos) sugiere que, en diciembre de 2024, una persona con ingresos de $ 331.600 no era pobre. ¿Es creíble? Claro que no. Pero así lo afirma el organismo. ¿Cómo mide el Indec la pobreza?
Metodología del Indec
El Indec traza dos líneas sociales monetarias: una de indigencia y la otra de pobreza. Además, la encuesta permanente de hogares (EPH) mide los ingresos de las familias: quienes perciben menos que la línea de pobreza son pobres y quienes perciben más no son pobres. Ahora bien, ¿cómo determina el Indec estas líneas de pobreza e indigencia?
Línea de indigencia: es el costo de la canasta básica alimentaria (CBA), calculada mediante relevamientos de los precios de los alimentos.
Línea de pobreza: es igual al costo de la canasta básica total (CBT), que incluye alimentos, pero además otros bienes. Aquí está parte del problema: la CBT (línea de pobreza) no se mide por relevamiento directo de precios, sino que se la estima multiplicando la CBA por la inversa del coeficiente de Engel (Icde).
Qué es el coeficiente de Engel
Expresado de manera sencilla, el coeficiente de Engel sugiere qué porcentaje del gasto total familiar se destina a comprar alimentos. Si un hogar gasta el 50% del total en comida, el Icde es 2 (100/50). Si gasta sólo el 25%, el Icde sube a 4 (100/25). A menor gasto en alimentos, mayor Icde y, por ende, mayor empuje hacia arriba de la línea de pobreza. Y viceversa: a mayor gasto en alimentos, menor Icde y, por ende, línea de pobreza más baja.
El Indec sobrestima la parte del gasto total destinada a alimentos, lo que reduce el Icde. Así, la línea de pobreza queda baja y cualquier ingreso, por mísero que sea, la supera. Para diciembre de 2024, la línea de pobreza determinada por el Indec para un adulto varón de entre 30 y 60 años (adulto equivalente) fue de $ 331.532,43. Es decir, si un adulto equivalente ganaba, supongamos, $ 350 mil, según el Indec no era pobre en ese momento, lo cual es absurdo.
Esta línea de pobreza surge de multiplicar los $ 145.408,96 que costaba la CBA en diciembre de 2024 por la Icde, que en ese mes fue sólo de 2,28. Ese 2,28 surge de un coeficiente de Engel que sugiere que en ese mes el 44,2% del consumo total se destinaba a alimentos (100 dividido 44,2= 2,28).
Los datos del Indec sugieren que el ingreso destinado a alimentos cayó desde el 47,4% del gasto total en noviembre de 2023 al 44,2% registrado en diciembre de 2024 (-3%), cuando hay datos sectoriales que sugieren que la caída es mucho más abrupta:
- según Ciccra (cámara cárnica), el consumo de kilos de carne en 2024 fue 9,0% inferior al de 2023 (¡sólo unos 47,7 kilos/año por habitante, el menor valor desde 1920!);
- según el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), se registró una caída anual del consumo en kilos de ese producto de un 9,2% (el volumen en kilos más bajo desde 2016);
- según el Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (Idaa), el consumo (en litros) de leche en 2024 fue 11,2% menor que el de 2023 y es el más bajo desde 1990. Datos adicionales: leches en polvo, -29,7%; quesos, -7,1%; yogures, -12,7%; postres, -51%.
Y lo más contradictorio: la propia encuesta de supermercados que realiza el Indec dice que en esos establecimientos el consumo cayó un 11% en 2024 en relación con 2023, mientras que en los autoservicios la caída fue de un 15%. ¡¿Cae el consumo masivo, pero hay menos pobreza?!
Estas cifras prueban un shock abrupto en la organización del gasto de las familias, que para afrontar las subas desproporcionadas en alquileres, transporte, combustible y servicios (inflexibles), resignaron alimentos.
Problema metodológico clave
El Icde se calcula tomando como base la encuesta nacional de gastos de los hogares (Engho) de 2004/2005... ¡de hace 20 años! El shock dejó obsoleta la encuesta, y los datos anteriormente mencionados lo demuestran. Aunque el Indec ajusta mensualmente el Icde por precios relativos, no considera cambios en la estructura de consumo de las familias. Así, subestima la línea de pobreza y se distorsionan las cifras.
Está claro que, al igual que ocurre con el IPC, el Gobierno busca crear un relato con cifras forzadas que lo beneficien. Mala idea, porque si hay algo que a la gente le indigna más que el ajuste mismo es que, además, la quieran tomar por idiota.
* Diputada Nacional (Unión por la Patria)