Cuando se discute en Argentina solicitar un préstamo al Fondo Monetario Internacional, surge el debate ideológico como telón de fondo de argumentos que tienden a dividir a la sociedad entre patriotas y cipayos. En realidad, la discusión debiera empezar respecto de por qué y para qué es necesario pedir un préstamo al FMI.
Más allá de las múltiples teorías económicas que explican las crisis de balanza de pagos –que incluyen variables monetarias, de paridad del poder adquisitivo, especulativas, comerciales, de deuda externa, de política económica, de shocks externos, de crisis de confianza o una combinación de ellas–, la realidad es que la Argentina tiene dificultad para acumular las divisas necesarias para hacer frente a sus compromisos de deuda, a la demanda para ahorro y a la creciente demanda de bienes producto de la reactivación de la economía.
El análisis de las causas de por qué nos quedamos sin dólares es complejo, aunque existen algunos factores que no se pueden dejar de considerar.
En primer lugar, una bomba muy difícil de desactivar que dejó plantada el gobierno anterior, que incluía exorbitantes desequilibrios monetarios y cambiarios, un Banco Central quebrado, con reservas netas negativas y un gigantesco stock de demanda de dólares contenido (deuda comercial y utilidades no remesadas, entre otros).
En segundo lugar, las decisiones de política económica del actual Gobierno, que priorizaron la rápida baja de la inflación utilizando como ancla no sólo la eliminación del déficit fiscal, sino también la intervención en el precio del dólar, con las consecuencias que hoy observamos (déficit de cuenta corriente y superávit comercial cada vez más reducido).
En tercer lugar, las turbulencias y la incertidumbre que se viven a nivel internacional producto de la política de aranceles impuesta por Donald Trump a las importaciones de Estados Unidos.
Por último, la cuestión política e institucional, a partir de la cual la dirigencia no logra brindar las certezas necesarias para que se perciba un horizonte de estabilidad de más largo plazo.
Los instrumentos que le han permitido al Gobierno acumular divisas –como el carry trade, el blend, la reducción provisoria de retenciones, el blanqueo de capitales, la ayuda del FMI–, si bien pueden haber sido necesarios para contener una herencia muy difícil, finalmente no dejan de ser parches para frenar el drenaje de dólares en el marco de la incertidumbre que siempre predomina.
No puede ni debe adjudicarse a este Gobierno la responsabilidad total de esa desconfianza y de esa incertidumbre, dado que estas son fruto de años de descalabro económico, político e institucional. Pero sí puede afirmarse que estamos lejos aún de la confianza que la Argentina necesita para salir adelante.
¿Cuál es el destino del préstamo?
Resulta difícil no tener a flor de piel la historia reciente. Porque, aun con matices, resulta imposible negar que casi todos los grandes procesos de endeudamiento que tuvo la Argentina en las últimas décadas no contribuyeron al desarrollo del país.
Por el contrario, sirvieron al financiamiento de brutales salidas de capitales que convalidaron extraordinarias ganancias especulativas producto de bicicletas financieras, y generaron fuertes transferencias de ingresos desde los sectores de la producción y el trabajo a los sectores especulativos. Procesos que fueron incluso detalladamente explicados por el actual presidente.
Por eso es importante saber en qué se va a utilizar ese préstamo. Y, más aún, si de la utilización que se haga de esos fondos podrán generarse las condiciones necesarias para obtener un resultado que permita pagar esa deuda.
Incertidumbre y desafíos
La desconfianza que está ganando a los mercados y en la sociedad argentina respecto de la sostenibilidad del plan económico es consecuencia directa de la falta de una explicación creíble respecto de los interrogantes que hoy predominan.
¿Es cierto que el préstamo es para cancelar deuda con el Banco Central? ¿O es sólo un asiento contable para justificar nuevo endeudamiento?
¿Es cierto que no hay en la economía pesos para comprar dólares? ¿O la realidad está desmintiendo este argumento? ¿Qué hacemos si los tenedores de activos en pesos (bonos o depósitos) quieren desprenderse de ellos y refugiarse en el dólar?
Más aun cuando el superávit comercial está casi desapareciendo, cuando la cuenta corriente es deficitaria hace meses, aun con cepo cambiario, y cuando el superávit de caja se sostiene con dificultad.
¿Cómo enfrentaremos los shocks externos que parecen avecinarse?
En una de las últimas entrevistas televisivas, el ministro de Economía, Luis Caputo, expresó que la Argentina es un país que puede flotar, es decir, tener un dólar libre, “en tanto y en cuanto tenga su economía sana”.
Cabe reconocer y valorar en este sentido la intención del Gobierno de dar una solución de fondo a los múltiples desequilibrios macroeconómicos que llevaron a nuestro país a la situación en la que hoy nos encontramos. Pero ¿alcanzan los logros obtenidos en los aspectos macroeconómicos para consolidar las expectativas?
¿O juega también un rol determinante la madurez política y la solidez institucional en la confianza de los agentes económicos y de la sociedad toda? Es necesario dar una solución de fondo a la inestabilidad política e institucional que caracteriza a nuestro país.
Pablo Wende lo expresa así: “En medio del temblor generado por la última suba del tipo de cambio, nadie se acordó del superávit fiscal, ni del próximo acuerdo con el FMI, ni de la reactivación de la economía. Fue necesario que saliera a intervenir el Central para ponerle un techo a los dólares financieros”.
Hace un tiempo afirmaba en estas columnas que la gobernanza, la sostenibilidad de un programa económico y el éxito de un gobierno dependían del apoyo de la opinión pública, expresada en las encuestas y luego en el voto, pero también del voto de los mercados, que lo hacen diariamente, operando sobre las variables económicas, las que hoy parecieran ponerse en duda.
Hay que consolidar los logros obtenidos, pero también la dirigencia los debe consolidar a través de un consenso que gire en torno del orden institucional, el desarrollo productivo y la madurez política para brindar certezas y sostenibilidad.
* Licenciada en Administración