Por segundo día consecutivo, las esquirlas de la “guerra arancelaria” de Donald Trump golpearon ayer a los mercados. Los analistas prevén una caída en la actividad y una probable recesión global, escenario al que la Argentina no será ajena.
Desde el próximo lunes, China replicará con un arancel de 34% a la importación de productos de origen estadounidense.
La medida apenas disimula el fuerte golpe económico que soporta el sudeste asiático, donde están asentadas las grandes fábricas de los gigantes mundiales de la tecnología y de la ropa.
Los precios de los granos también sufren pérdidas, porque ante una recesión, se reducirá la demanda de alimentos.
Este es sólo el primer pantallazo de la “guerra comercial” que lanzó Trump con el objetivo de que los norteamericanos consuman bienes que se producen en su propio país.
Las primeras consecuencias anticipan mayor inflación y menor actividad, con impacto en el comercio global.
La estrategia de “pegar y negociar”, aunque puede resultar un alivio para los aranceles de ciertos países emergentes, creará una desigualdad entre las naciones, ya que las que reciban una reducción estarán en mejores condiciones competitivas.
Si Chile e Israel, por caso, logran bajar la tasa del 10%, sus frutas y vinos serán más competitivos en el mercado estadounidense que los que se produzcan en nuestro país.
Las exportaciones argentinas hacia la primera economía del mundo reportaron ingresos por U$S 6.500 millones en 2024, según cifras provisorias.
¡Ay, la Argentina!
A ese objetivo –reducir la tasa del 10%– están abocados los negociadores de la administración de Javier Milei, convencidos de la preferencia del mandatario norteamericano por su par argentino.
Sin embargo, su influencia puede perder ascendencia por el enfrentamiento que protagoniza con la Unión Europea y Japón, cuyos votos se valorizan en las decisiones del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Trump no las tendrá todas consigo para imponer sin discusiones el préstamo de U$S 20 mil millones para nuestro país.
Hay representantes europeos y de Japón que pretenden discutir las condiciones y los desembolsos para un deudor serial como Argentina.
Las esquirlas de la guerra declarada no sólo suponen un escenario más adverso a nivel global, sino también en los préstamos e inversiones que demanda nuestra economía.
El préstamo del FMI
Aníbal Casas Arregui, al frente de una sociedad cordobesa de inversiones, sostiene que “lo más importante del acuerdo con el FMI es que el Gobierno retome el control de la agenda económica”.
“Si los miembros del equipo económico de Milei, avezados en el manejo de los mercados más que en temas sectoriales (de la leche y de la pesca, por ejemplo), logran restablecer la confianza, la situación puede tranquilizarse”, agrega.
Casas Arregui afirma que esas acciones son más importantes que el monto del convenio, de los desembolsos previstos y de la libre disponibilidad por parte del Banco Central.
El Gobierno enarboló rápidamente la necesidad del acuerdo con el FMI tras el escándalo por la criptomoneda $Libra, cuando el país no estaba urgido, por la escasa relevancia de los vencimientos de deuda de este año.
La estrategia para esa batalla generó la volatilidad en torno del dólar, que afectó a la economía local.
Las exportaciones se ralentizaron, las importaciones se aceleraron y numerosas operaciones en los sectores automotor e inmobiliario se demoran a la espera de conocer cuál será la depreciación del peso.
La oposición kirchnerista agita los fantasmas de una devaluación y de un colapso, mientras finge demencia sobre la pesada herencia que dejó en cuanto a inflación, a un cepo paralizante y a un Banco Central técnicamente quebrado.
Está en marcha un jaque político a Milei por parte del kirchnerismo y de eventuales aliados opositores.
El categórico rechazo en el Senado a las postulaciones de Ariel Lijo y de Manuel García-Mansilla a la Corte Suprema, y una probable comisión investigadora de la criptomoneda en Diputados, son esquirlas de la “guerra interna” que genera incertidumbre sobre la gobernabilidad.
Los economistas sostienen que es mejor afrontar el rechazo a una política, para evaluar vías alternativas, que la incertidumbre, a la cual no se sabe cómo responder.
Milei enfrenta sus propias combates internos, a los que convirtió en batallas grandiosas a partir del escándalo digital y el meneado acuerdo con el FMI.