Luis Juez está convencido de que Rodrigo de Loredo le falló. No haberlo acompañado en la fórmula provincial en 2023 es, para el senador, algo parecido a una traición.
De Loredo rechaza esa idea. Afirma con convicción que sin el radicalismo Juez no hubiera tenido el desempeño que logró, con el cual quedó a apenas tres puntos de Martín Llaryora y sumó bancas legislativas y el determinante control del Tribunal de Cuentas provincial.
El radical sostiene, además, que era “lógico” haber encabezado la propuesta opositora en la Capital, donde se creía con chances de ganar. El resultado es archiconocido: ambos perdieron frente al peronismo. Y Juez, desde ese momento, quedó tocado por aquella decisión de su socio político. Ese es el pasado. Pero no tanto.
El presente encuentra al senador y al exdiputado con esa diferencia a flor de piel. Aunque ninguno de los dos lo reconozca, el tándem que se constituyó casi por descarte en las Paso legislativas de 2021 atraviesa el peor momento de su relación política y personal. No están peleados; pueden dialogar y hasta sacarse una foto, como sucedió en Laboulaye, pero la confianza está menguada.
Ese sentimiento parecido a la traición es el que Juez expuso sin matices la semana pasada en un streaming que conduce el concejal peronista Diego Casado.

Juez dijo, por primera vez en público, lo que sus principales colaboradores repiten en mesas de café y reuniones partidarias cada vez que vuelve al presente la elección provincial de 2023. El líder del Frente Cívico habló abiertamente de un “acuerdo” del radical con el peronismo. Hasta situó en un conocido barrio cerrado de la capital el lugar donde, siempre según el senador, se habría cerrado el “pacto” entre Llaryora y el por entonces diputado nacional.
De Loredo no hablará por ahora del tema. Evitará escalar la confrontación, a pesar de sentirse «herido» y “defraudado”. “No entendemos por qué Luis hace esto. Es innecesario y nos daña, además de ser falso de toda falsedad”, contestan cerca del radical.
Impacto y señales
Las declaraciones de Juez generaron un movimiento impensado en el conjunto del arco opositor. La foto que no fue de unidad, pero que pareció marcar el inicio de un proceso de construcción frentista provincial en Laboulaye, con el libertario Gabriel Bornoroni incluido, se esfumó 10 días después con la “bomba” que detonó Juez.
En el juecismo hay quienes consideran que la necesidad de construir un frente compacto no será determinante para 2027. “Se le puede ganar al peronismo aun con dos canastas de la oposición”, se envalentonan espadas del Frente Cívico. Esos actores, cercanísimos a Juez, están convencidos de que la conjunción de “agotamiento” del modelo del peronismo y la tracción de la buena valoración que tienen los cordobeses de la gestión de Milei pueden alcanzar para desbancar al PJ del poder. “Si Milei llega fuerte para su reelección, Córdoba responderá a nivel provincial”, confían en el juecismo.
El senador entendió el año pasado que su nueva apuesta política pasaba por virar en Córdoba a un acompañamiento explícito y sin pedir a Milei nada a cambio, lo que es clave en la lógica de lealtades libertaria. Esa opción resultó ganadora y fungió como primer catalizador de la sociedad política con Bornoroni.

El gobernador Llaryora dice en privado lo mismo que presume todo el arco político en Córdoba: que el candidato al que bendecirá Milei el año próximo será Bornoroni, independientemente de lo que hagan Juez y De Loredo.
Aquella efímera imagen de Laboulaye generó preocupación genuina en el peronismo. Si bien Llaryora se jacta de haber sido el responsable de sentarlos juntos para darle vidriera por igual a sus tres principales adversarios políticos mientras brindaba su discurso, el PJ no imaginó que en la previa los opositores iban a confluir en una reunión en la municipalidad anfitriona.
La calma llegó unos días después con los dichos de Juez. El sueño húmedo de la división opositora volvió a escena. Llaryora sabe que Juez necesita sí o sí de un socio para su tal vez último intento de llegar al poder provincial. Pero no piensa lo mismo de De Loredo.
El radical prepara para mediados de marzo una demostración de fuerza con el único capital que puede exhibir desde el llano en el que orbita tras dejar la banca de Diputados en diciembre pasado: el apoyo del grueso de los intendentes de la UCR. Será una exposición con mensaje triple: para Juez y Bornoroni; hacia adentro de su partido, y para el Panal, que celebra cualquier acción que apunte a que el partido final se dé entre más de dos equipos.





















