En la mañana del 21 de mayo de 1982, el cielo sobre el Estrecho de San Carlos, en las Islas Malvinas, fue testigo de una proeza que quedaría grabada en la historia argentina. Owen Guillermo Crippa, un teniente de navío y aviador naval de la Armada Argentina, despegó desde Puerto Argentino en un Aermacchi MB-339, un avión de entrenamiento avanzado con armamento limitado: cañones de 30 milímetros y cohetes Zunni.
Su misión era simple en teoría: realizar un vuelo de reconocimiento para confirmar reportes de un desembarco británico. Sin embargo, lo que ocurrió después lo convirtió en leyenda.
Una simple misión se convirtió en una proeza heroica
Crippa, nacido el 27 de enero de 1951 en Sarmiento, Santa Fe, y radicado en Sunchales, volaba solo, contraviniendo la doctrina militar que exigía al menos dos aeronaves por misión. Al sobrevolar el estrecho, se encontró con un espectáculo imponente: la Fuerza de Tareas Británica en plena operación de desembarco, con fragatas, destructores y buques de apoyo desplegados en formación. Lejos de retroceder, tomó una decisión que desafió toda lógica: atacar. Eran 14 buques.
Con una maniobra audaz, Crippa se lanzó en picada contra la fragata HMS Argonaut. Volando a ras del agua para evadir radares enemigos, disparó sus cañones y cohetes, causando daños en la cubierta, el puente de mando y dejando a dos marineros británicos heridos.
“Tiré estando muy encima del buque”, relató años después, un testimonio que resalta su precisión bajo presión. El historiador inglés Martin Middlebrook describió la acción como “un anticipo de la determinación que iban a mostrar los pilotos argentinos”.
Pero la hazaña no terminó ahí. Rodeado de buques enemigos, Crippa ideó una estrategia arriesgada para sobrevivir: zigzaguear entre ellos a baja altura, apostando a que los disparos británicos se cruzaran entre sí. La estrategia funcionó. Incluso esquivó un misil Blowpipe lanzado desde el transatlántico Canberra, realizando un viraje violento que lo salvó por apenas 25 metros.

Con el mar hirviendo a su alrededor por los disparos, regresó a la base ileso, su avión intacto y con un croquis dibujado a mano de la disposición enemiga, clave para los ataques posteriores de la Fuerza Aérea y la Armada.
Por esta gesta, Crippa recibió la Cruz al Heroico Valor en Combate, la máxima condecoración militar argentina, siendo uno de los pocos en obtenerla en vida. Su historia, sin embargo, no quedó en 1982.
Logró recuperar su avión
Décadas después, el Aermacchi 4-A-115, vendido por la Armada a un coleccionista en Estados Unidos, fue repatriado gracias a la tenacidad de Crippa y una campaña popular. El 24 de enero de 2025, la aeronave llegó a Sunchales, donde será exhibida en un museo interactivo, un sueño que el veterano persiguió con la misma determinación que mostró en combate.
“Estábamos mentalizados para morir”, confesó Crippa en una entrevista, reflejando el espíritu de sacrificio de aquellos días. Hoy, su avión y su legado son un recordatorio vivo de la valentía argentina en Malvinas, un capítulo épico que sigue inspirando a generaciones.