Para quienes están aún planificando sus vacaciones de verano, con febrero por delante, hay una opción pasando la frontera que te ofrece playa, paisajes increíbles y diversión: Villa del Mar.
La “Ciudad Jardín” sigue siendo el imán de la costa chilena por sus espacios, pero también por su conectividad, ya que para ir no necesitás mucho trámite.
Cómo llegar a Viña del Mar saliendo desde Buenos Aires
Para arrancar la travesía desde Buenos Aires, lo más común y cómodo es tomarse un avión hasta Santiago de Chile. Una vez que aterrizás en la capital chilena, tenés dos opciones principales para atravesar el tramo final hacia la costa.

Si sos de los que prefieren la libertad de manejar y decidís alquilar un auto, tenés que saber que la Ruta 68 es tu mejor amiga; es el camino que conecta Santiago con el mar en un viaje que te lleva más o menos una hora y media. Para entrar a Viña tenés dos accesos clave: podés ir por la variante Agua Santa o meterte por la Avenida España, que son las vías principales para desembarcar en el centro.
Ahora, si no tenés ganas de ir al volante y preferís ir en micro mirando el paisaje, es una opción súper cómoda y la que más usa la gente. Los servicios salen con mucha frecuencia desde el Terminal Alameda, en Estación Central, o desde el Terminal Pajaritos. Lo bueno es que hay frecuencias constantes todo el día. El viaje es un poco más largo que en auto, cerca de una hora y 45 minutos, pero todo depende de cómo esté el tránsito ese día.
Si ya estás en la región, por ejemplo, en Valparaíso, el traslado es rapidísimo: en 15 minutos por la Avenida España ya estás pisando Viña. Incluso si llegás bajando desde el norte del país, la Ruta 5 y sus conexiones te dejan en la puerta de la ciudad sin mayores complicaciones.






















