Con temperaturas altas pronosticadas para varios puntos del país durante el verano, sostener un ambiente fresco dentro de casa se vuelve un desafío diario.
Frente al calor agobiante, muchas personas optan por cerrar puertas y ventanas y depender exclusivamente del aire acondicionado o el ventilador. Sin embargo, la ventilación sigue siendo una práctica indispensable, no solo para refrescar los espacios, sino también para renovar el oxígeno y mejorar la calidad del aire.

Cuál es el mejor momento para airear la casa
El punto crítico no es si ventilar o no, sino cuándo hacerlo. Uno de los errores más frecuentes es abrir las ventanas en horarios inadecuados, permitiendo el ingreso de aire más caliente que el del interior. Esto ocurre especialmente después de las 9 o 10 de la mañana, cuando el sol ya elevó considerablemente la temperatura exterior. En esas condiciones, lejos de enfriar, el aire que entra recalienta los ambientes.
Los especialistas coinciden en que existen dos franjas horarias estratégicas para airear la vivienda durante una ola de calor. La primera es bien temprano, entre las 6 y las 9 de la mañana, cuando el aire exterior todavía conserva el fresco de la noche.
La segunda ventana ideal se abre a partir de las 21 o 22 horas, momento en que el termómetro comienza a descender y la brisa nocturna permite renovar el aire acumulado durante el día.
La clave está en aprovechar únicamente los momentos en que la temperatura exterior sea inferior a la interior. De este modo, se evita el impacto térmico negativo y se mejora la sensación ambiental sin necesidad de incrementar el consumo eléctrico.

Para potenciar el efecto refrescante, se recomienda aplicar la técnica de ventilación cruzada. Esto implica abrir puertas o ventanas ubicadas en extremos opuestos de la vivienda, generando una corriente natural que acelere la circulación del aire. Con apenas 15 a 30 minutos de apertura es suficiente para lograr una renovación efectiva.
Una vez finalizada la ventilación matutina, el siguiente paso es cerrar aberturas y bajar persianas o cortinas durante las horas de mayor radiación solar.




























