Cuántas veces se escuchan relatos de víctimas de robos de celulares que denuncian que, tras alertar a los policías y decirles dónde fueron a parar los teléfonos, aquellos les dicen: “No podemos hacer nada”.
Cuántas veces se oyen testimonios de bronca e impotencia de víctimas asaltadas que señalan que, pese a dar la localización precisa de los aparatos sustraídos hace pocos instantes, reciben como respuesta oficial una mera excusa para no hacer nada.
Quizá llegó el momento en que las cosas empezaron a cambiar en Córdoba.
Es que, gracias a la reacción de una dupla de uniformados y a la posterior tarea de la fiscalía, no sólo que se recuperaron dos celulares sustraídos a unos jóvenes tras un violento asalto callejero, sino que los ladrones fueron atrapados y terminaron condenados en las últimas horas a prisión efectiva.
El caso tiene un punto central: los policías recuperaron los celulares en un domicilio adonde habían ido a parar 12 minutos después y a 6 kilómetros del lugar del asalto.
Para la Justicia, el operativo se desarrolló en flagrancia, no hizo falta allanamiento y todo fue absolutamente legal.
Otro punto central es que el robo sucedió en octubre y, a poco de haber sido enviado a juicio, ya tuvo condena.
“Quedate quieto, quedate quieto”
Todo sucedió el pasado 30 de octubre a las 22.45 cuando un Chevrolet Aveo gris frenó en calle La Hierra al 3700, en barrio Alto Verde, zona norte de la ciudad de Córdoba.
En un instante, un delincuente se bajó revólver en mano. Cuando la pareja, sentada en una parada de colectivo, quiso reaccionar ya era tarde. Fue así que con violencia, el asaltante encañonó al joven y, mientras le tiraba del pelo, le ordenó “quedate quieto, quedate quieto”. En segundos, se hizo del celular del muchacho.
Luego encaró a la chica y le manoteó el teléfono.
Tras el rápido robo callejero, trepó al coche donde lo esperaba el cómplice quien aceleró a fondo. Y así como había aparecido, el auto se perdió en la oscuridad.
Luego del susto inicial, sobrevino la bronca e impotencia de los jóvenes, quienes llamaron al 911.
Reacción policial
Una patrulla acudió al cabo de unos instantes. Cuando los policías se bajaron, los chicos ya habían comenzado a averiguar por computadora, y gracias al sistema de rastreo satelital, dónde estaba uno de los I-phone sustraídos.
Así fue que, con esa información que terminó siendo clave y con los datos del auto fugitivo, otra patrulla policial llegó a barrio San Ignacio.
Por la frecuencia, los policías que estaban en el lugar del robo y, con apoyo del 911, orientaron a sus compañeros que fueran a calles Tacuarí y Suárez de Figueroa.
Así fue que los uniformados divisaron un Chevrolet gris y a dos hombres que bajaban y se metían con un chico a una casa. La prenda de uno coincidía con la que tenía el ladrón armado.
Los uniformados tocaron la puerta y, según la causa, el dueño los dejó pasar tras un breve diálogo. En ese momento, los recién ingresados se quisieron marchar, pero fueron demorados.
En el patio de la vivienda, los efectivos hallaron tirados, entre unas plantas, un I-phone, otro celular y un revólver 22 cargado.
Fue así que, tras hacer las consultas pertinentes, los dos sospechosos quedaron detenidos. En el auto, se hallaron balas de revólver y otro celular.
La causa recayó en la fiscalía de Juan Pablo Klinger quien ordenó profundizar la investigación.
La pesquisa cercó a los dos acusados y existen sospechas de que no era la primera vez que robaban para luego revender los celulares. Además del secuestro de los aparatos y del testimonio de las víctimas, hubo otras pruebas como análisis tecnológicos y filmaciones de cámaras de seguridad.
El instructor no sólo que valoró y defendió la reacción policial, sino que además envió a juicio a los dos imputados: Mauro Gabriel “el Gordo” Villarreal (34) y Carlos Jesús Maza (37).
A juicio y condenas
La causa fue elevada a juicio en febrero y llegó a la Cámara 3ª del Crimen, donde el fiscal Marcelo Hidalgo se puso a analizarla.
En tiempo récord, y dado que los acusados aceptaron un juicio abreviado, se dispusieron condenas: Villarreal recibió 6 años y 8 meses de prisión efectiva, mientras que a Masa le aplicaron 8 años de cárcel porque es reincidente.
El fiscal Hidalgo, a cargo en el juicio, destacó la reacción de los uniformados a poco del asalto y el cumplimiento de la ley y las garantías constitucionales, al tiempo que resaltó que, si bien fueron atrapados a 6 kilómetros del lugar del asalto, todo fue considerado en flagrancia. “Se puede, a partir del rastreo satelital, considerar que existe la flagrancia y seguir sin solución de continuidad persiguiendo y deteniendo a los autores”, remarcaron desde la fiscalía.