“Un subinspector de la Policía Federal, Rodrigo Martín Díaz, se dedica a vender pastillas de éxtasis en la ciudad de Córdoba, en fiestas electrónicas, obteniendo cuantiosas ganancias en dólares”. La denuncia anónima, presuntamente surgida de la propia fuerza, terminó en la confirmación del tráfico de “tusi”, una peligrosa droga, y en una condena.
El Tribunal Oral Federal N° 1 de Córdoba capital, integrado por Jaime Díaz Gavier (en uno de sus últimos fallos antes de jubilarse), Carolina Prado y Julián Falcucci, le impuso al porteño Díaz (26), exoficial de Antidrogas de la Federal, seis años de prisión por transporte de estupefacientes agravado.
Una denuncia anónima muy precisa
La investigación comenzó a partir de la denuncia anónima.
Y precisó un dato que, a la postre, el fiscal general federal de Córdoba capital, Maximiliano Hairabedian, a través de la acusación, y luego el tribunal con la condena, terminaron por acreditar.
El denunciante (probablemente otro policía) dijo que Díaz organizaba fiestas electrónicas, “obteniendo cuantiosas ganancias por la comercialización de dicho estupefaciente, ya que el precio de los mismos está fijado en dólares estadounidenses y cobra en billetes”.
“La droga sintética, de diversas características y colores, es adquirida por el policía Díaz en la ciudad de Buenos Aires, transportándose en su propio vehículo, Chevrolet Onix de color verde oliva, con ruedas con tasas de color negro y el capot deteriorado o faltante de pintura, dominio (…), haciéndolo siempre por la autopista Córdoba-Rosario (y viceversa)”, detalló.
La denuncia dio paso a una investigación y a la detención de Díaz durante un operativo ordenado por el Juzgado Federal de Bell Ville, a cargo por entonces del subrogante Carlos Ochoa (juez de Río Cuarto).
“Tusi”
Para detectar in fraganti al corrupto efectivo, Delitos Complejos de Gendarmería y la Policía de Córdoba realizaron un control en la autopista Rosario-Córdoba (a la altura de Bell Ville) el 31 de enero de 2024.
Detuvieron la marcha del Onix que manejaba Díaz en compañía de su madre, en momentos en que circulaban desde la ciudad bonaerense de San Martín hacia Córdoba capital. Para evitar ser descubierto y para continuar sin demoras, intentó disuadir a los policías presentándose como federal.
Sin embargo, fracasó y le encontraron entre sus ropas 108,1 gramos de “tusi” (ketamina, cafeína y xilocaína) fraccionados en ocho envoltorios. En dosis baja, “tusi” podría producir pérdida de coordinación y dificultades para hablar y pensar y visión borrosa; en dosis altas, podría provocar delirios, seudoalucinaciones, pérdida de la noción de tiempo y espacio, y distorsión de la realidad.
Narcopolicía y “dealer”
Hijo de una familia de policías, Díaz manifestó durante el juicio que estaba avergonzado porque se hallaba en un proceso penal cuando llegó a participar, incluso, en grandes procedimientos investigativos, entre ellos, en el desbaratamiento de la banda liderada por el narco Darío Ramón Cáceres, jefe de La Fiel, la barrabrava del club Talleres de Córdoba.
Aquel resonante caso terminó con otras 14 condenas por el tráfico de casi 1.300 kilos de marihuana desde Corrientes a Córdoba. El policía Díaz tuvo un rol preponderante en esa pesquisa, que permitió desarticular la estructura criminal. Por su trabajo, le dieron varias distinciones, entre ellas la medalla de oro al servicio.
En su relato, mencionó que en 2022 comenzó a consumir diversas sustancias, entre ellas ketamina, en fiestas electrónicas. Explicó que la ketamina le causaba placer, agudizaba sus sentidos, le sacaba el estrés laboral y le aliviaba el dolor de cadera por su artritis séptica, por lo que dijo que se hizo adicto.
Pasó de un simple interés por las fiestas electrónicas a lanzar una productora y organizarlas. Eso, siempre según su versión, generó descontento entre sus compañeros policías. Aseguró que uno de ellos fue quien lo denunció de forma anónima, pero se negó a aportar su nombre. Sí mencionó que un efectivo, pareja actual de su exnovia, comenzó a despreciarlo hasta el punto de supuestamente intentar arruinarlo.
Díaz negó haber vendido estupefacientes y que sólo lo compró en Buenos Aires para drogarse, ya que, por su oficio, no podía adquirirla en Córdoba. Sin embargo, los mensajes que los investigadores hallaron en su celular lo comprometieron directamente. “¿Cuánto los cuatro paquetes?”, le preguntaron: “3.6 plata en mano bro’”, le respondió Díaz. “Lo consiguen por U$S 3.000″, siguió el interlocutor. “Mirá que es gente muy pesada los que lo consiguen a 3.000...”, le advirtió el imputado, quien le consultó: “¿Qué sello tienen?”.
“El delfín”, dijo su contacto. “Yo tengo los ositos morados; está buena la tanda”, le ofreció el federal. En otra conversación, Díaz develó su mecánica vendedora: “Toda mi línea es fuerte: tengo tusi. No sé si te interesa”.
El fiscal Hairabedian recalcó que el imputado había asumido que estaba en posesión del estupefaciente, padecía de una adicción y que, por su condición de policía, no podía comprar droga en Córdoba. Sostuvo que se encontraba probado el delito y la cantidad de la sustancia ilegal, por lo que solicitó al tribunal seis años de cárcel.
Por su parte, el defensor de Díaz, Enrique Alejandro Nicolás Quinteros, pidió la absolución.
Los jueces concluyeron que el policía transportó la droga desde Buenos Aires y que “estaba inmerso en una cadena de comercialización: así, habla de tusi, dólares, paquetes, sello el delfín, mezcla con Nexus, etcétera.”.En consecuencia, le impusieron una multa de $ 3,4 millones y terminó en el mismo lugar que el exjefe de la Fiel al que investigó: la cárcel de Bouwer.